Buen jazz para una tarde soleada
En el primer día al aire libre actuaron Fats Fernández, Diane Schuur y Michael Brecker
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SAN CARLOS DE BARILOCHE.- El jazz se mudó a esta ciudad, comenzó a brillar el sol y, por fin, hubo shows al aire libre, razonable pretensión de los organizadores, que sólo en esta tercera jornada pudieron sacar la música a la calle.
Por lo pronto, en esta ciudad se percibe más ambiente para la música, una fuerte proporción de quienes se acercaron desde temprano al escenario fueron jóvenes, algo no tan común para una muestra de jazz. La entrada gratuita resulta de una insospechada atracción para una juventud que en mucho casos cuenta monedas.
El programa presentó tres propuestas diferentes, incluso una algo cercana al pop, como fue el debut de la cantante norteamericana Diane Schuur, aclamada por el público. Pero paso a paso. La soleada tarde tuvo como apertura al quinteto del trompetista, que ya es leyenda, Fats Fernández, junto a un inspirado Andrés Beeuwsaert en piano, Jorge Armani en guitarra, Daniel Hoyos en batería y Martín Sciurano en bajo eléctrico. El combo sonó fresco en la serie de standards que interpretaron casi todos con un tratamiento de balada. Temas como "Avalon", "Body & Soul" o "El solo pensar en ti" mostraron al trompetista en una tarea de cuidado discurso, algo bajo en sonido, pero de buen gusto melódico. Los solos de Beeuwsaert dejaron en evidencia una madurez impropia para sus 22 años. Con un discurso de toque elegante, su manera de tocar es de contrastes en los que predomina un sentido de la sencillez matizada por ciertas atmósferas con sabor a Bill Evans.
"Deedles", tal como llaman a Diane Schuur , cantante y pianista ciega, resultó una inesperada sorpresa por la rápida adhesión que generó en las 1000 almas que llegaron hasta la plaza cercana al Centro Cívico. El tono de los temas que realizó, como "Deedles blues", "The man I love" y "Teach me tonight", tuvo ciertos aromas pop, aunque no demasiado evidentes. Su voz tiene una frescura joven que inmediatamente encandiló al público. En cuanto a lo instrumental, tanto Roger Haynes en el contrabajo eléctrico como Jin Zimmerman son correctos en el acompañamiento. El trío se mueve en derredor de la cantante, el ritmo puesto al servicio de la voz. La Schuur se presentará mañana, a las 21.30, en el Coliseo de Buenos Aires.
Brecker paró Bariloche
Una ciudad que de pronto se dejó llevar por uno de los géneros de mayor diversidad y belleza y detuvo su marcha para asistir al gimnasio del Colegio Don Bosco, donde se presentó alrededor de la medianoche uno de los mejores saxos tenor de estos días, Michael Brecker, junto a un imaginativo Larry Goldings en Hammnod B3, Clearence Penn en batería y Aaron Matthews en guitarra. Una formación sin bajo, que fue en alguna medida reemplazado desde los pedales por un tecladista que hizo un excelente trabajo de sideman con Brecker.
Suenan eléctricos, sus atmósferas son del tipo crispadas, en particular el sonido de Brecker, quien dio una master class en cuanto al manejo del instrumento y cómo sacarle sonidos increíbles. Este saxofonista es del tipo expresionista, pone el acento en la potencia de la emisión, la duración y densidad emocional y una libertad de expresión que a veces se acerca hasta el vértigo mismo.
En esta presentación el grupo trabajó en la construcción del mundo rítmico para que Brecker investigase los límites extremos de su saxo Selmer. Utilización de armónicos, saltos arriesgados de un registro seguido de emisiones disfónicas hicieron surgir aplausos y vivas por este músico que en muchos momentos prefirió cierta pirotecnia musical . Construye frases siempre acertadas , su mensaje es bastante circular, pues si bien se distancia de la melodía, no termina de apartarse nunca y regresa y se aparta y vuelve a regresar. Con 51 años, este virtuoso mostró un estilo vivo y de enorme fluidez, su cultura musical que deja en evidencia un claro eclecticismo le permite estar lejos de los lugares comunes.
El grupo tiene en Goldings su cerebro y en Penn sus piernas. El tecladista hace desplazamientos simultáneos con las dos manos, conocidos como block chords, muy potentes, a los que renuncia para seguir con un arpegio y definir la frase con un silencio. Este talentoso músico trabajó sobre impresionantes bajos que marca a con la punta del pie en la pedalera de su B3, Matthews se fue asentando con el correr del show, de una pulcra tibieza al comienzo, el ganar seguridad le dio una mayor soltura improvisadora. Penn mostró ser más veloz que pensante y dejó la historia en manos de su velocidad, con algún aire a Tony Williams hizo un solo, al final del encuentro, explosivo.
De los temas que hicieron se destacó "Round Midnight", celebérrima composición de Monk. La intro queda a cargo de Brecker, que le da un tono solitario a la frase, pero suena a soledad buscada más que impuesta. Diseña un relato entrecortado, los silencios y las pausas juegan un papel determinante en el clima oscuro, casi agobiante, que propone la versión de este saxo tenor. De pronto, toma otro rumbo y se vuelve crispación. La velocidad aumenta y surge ese "vuelo del moscardón", que sobreutilizó durante la presentación. Goldings en el piano acústico se aproxima al tema desde una visión clásica, menos jazzística, y más contrastada frente al mensaje de Brecker. Hubo bis, muchas sonrisas arriba y abajo del escenario y uno de los mejores shows, quizá el mejor hasta ahora de esta primera muestra de los Siete Lagos, que hoy, con un programa latinoamericano compuesto por candombe con el Fattoruso trío, música popular brasileña con Leny Andrade y latin jazz con Chucho Valdés, se cierra. De cada estilo, lo mejor.
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