
David Strathairn, George Clooney, Robert Downey Jr.
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Sobredosis de TV
Clooney lo arriesga todo en un film explosivo que le habla al presente.
George Clooney tiene un deseo para su muerte escondido en un apartado postal? Hay que preguntarse por qué la estrella de La gran estafa arriesga su lugar de sex symbol para dirigir, coescribir y coprotagonizar una película situada en los años 50, filmada en blanco y negro y que habla de una batalla entre el reportero televisivo Edward R. Murrow, inolvidablemente interpretado por David Strathairn, y el senador cazacomunistas Joseph McCarthy.
No se pregunten más. Clooney sabe perfectamente lo que hace: le sopla el polvo a la antigua historia de la televisión para exponer a los complacientes canales de noticias de hoy, muy tendientes a agacharse frente a los auspiciantes y la Casa Blanca. Como dijo Murrow en su discurso de 1958, que enmarca el explosivo film de Clooney, el poder prefiere que la tevé sea un instrumento para “distraer, diluir, entretener y aislar”. Desafiar eso es perder una batalla de antemano.
En sus ajustados y terriblemente excitantes 93 minutos, Clooney hace que la integridad luzca sexy. Con la ayuda del cineasta Robert Elswit y el editor Stephen Mirrione, Clooney convierte el noticiero de la cbs en un cabaret de calientes charlas periodísticas. Quita el aliento ver como Murrow decide usar su programa de noticias en la cbs See It Now (que estuvo en el aire desde 1951 hasta 1958) para revelar la trampa de McCarthy.
Como director, Clooney se mueve con admirable velocidad y economía. En Confesiones de una mente peligrosa, su debut detrás de cámaras, de 2002, por momentos tropezó con sus ambiciones. Pero aquí su mano está más firme, su ingenio más concentrado, su objetivo bien claro. Este “viejo liberal” confeso, criado bajo el calor del debate de los medios, hijo del periodista de tevé Nick Clooney, es un denunciante nato. Con Buenas noches y buena suerte –las palabras que usó Murrow para despedirse en su programa– Clooney surge como un poderoso cineasta. El film rara vez sale de los estudios de la cbs, pero Clooney crea la atmósfera furtiva de su tiempo. El periodista Joe Wershba (un ávido Robert Downey Jr.) debe ocultar su matrimonio con una compañera de equipo (la soberbia Patricia Clarkson) por las reglas del canal. El editor del noticiero, Don Hollenbeck (un conmovedor Ray Wise), es llevado al suicidio por un columnista anticomunista. Clooney recibió algunas críticas por usar a la cantante Dianne Reeves como puente entre las escenas, pero su fuerte estilo de jazz –al modo de la abuela de George, Rosemary Clooney– encaja perfecto con la insistencia del film en darle un giro a la versión convencional de la historia. Estos no son tipos blancos con traje trabajando los músculos para ganar rating. Son periodistas jugándosela por algo en lo que creen, aunque les cueste demasiado. Por la irrisoria suma de ocho millones de dólares, Clooney ha creado una pieza histórica que le habla potentemente al presente, un presente en el que los derechos constitucionales son amenazados en nombre de un Acta Patriótica, y los medios norteamericanos intercambian acceso por verdad. “No seremos conducidos por el temor a una era de sinrazón”, dijo Murrow. Amén por eso. Buenas noches, y buena suerte.




