Buenos bailarines y una puesta precisa y bella en "Tanguera"
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"Tanguera" , producción de Diego Romay. Intérpretes: Mora Godoy, María Nieves, Junior Soares, Juan Paulo Horvath, Ricardo Barrios, Lidia Borda, Oscar Armando Martínez Pey, Bruno Gibertoni, Horacio Godoy, Claudio González, Pablo Villarraza y elenco. Coreografía: Mora Godoy. Música, dirección musical y arreglos: Gerardo Gardelín y Lisandro Adrober. Vestuario: Cecilia Monti. Letra y música de canciones: Eladia Blázquez. Diseño de luces: Ariel del Mastro. Arte y escenografía: Valeria Ambrosio. Dirección: Omar Pacheco. Duración: 80 minutos. En El Nacional.
Nuestra opinión: muy buena.
El tango es la vedette que acapara las marquesinas teatrales. No significa solamente que los empresarios han revalorizado el género ciudadano, sino que, a partir de "Tango argentino", parece haberse convertido en un solicitado boom internacional.
Dentro del complejo despliegue temático que ofrece la literatura tanguera, Diego Romay escoge la línea que relaciona al tango con el destino trágico de sus personajes, cuando las melodías saltaron del prostíbulo para instalarse en el suburbio orillero. En ese pujante arrabal se desarrollaron los dramas de la Rubia Mireya, Milonguita, Madame Ivonne y Margot.
En "Tanguera", Giselle, la protagonista, es casi como aquella francesita de "Griseta", de José González Castillo y Enrique Delfino: "Francesita que trajiste pizpireta, sentimental y coqueta, la poesía de Quartier... Quién diría que tu poema de griseta sólo una estrofa tendría: la silenciosa agonía de Margarita Gauthier..."
Esta es la historia de "Tanguera", una francesita que llega a estos lares en busca de una tierra de esperanza y se ve engañada y con el desolador panorama de una existencia de prostitución. Si alguna esperanza pudo alimentar la joven, quedó sepultada cuando un rufián mata a Lorenzo, el muchacho que puso amor en su corazón.
Escénicamente, es un tema conocido en la dramaturgia porteña. La diferencia radica en que esta historia está contada expresivamente a través de la danza. Esto, si bien es una limitación en cuanto a la complejidad de las interrelaciones, permite por su parte superar la barrera del idioma y acercar el drama a todo público. De cualquier forma, la dolorosa inspiración trágica que poseen en general los protagonistas del tango invita a la creación de prototipos que, aunque esquemáticos, son por demás elocuentes: el malevo, la percanta, el político, la madama, el rufián.
La paleta de un creador
En cuanto a la hechura estética, el espectáculo es de tal rigor que no queda hilacha suelta que pueda desmerecer el resultado.
Por supuesto, la gran responsabilidad recae sobre el cuerpo de baile, y en este sentido cabe señalar la acertada selección, no sólo por el talento de cada uno, sino por el físico perfecto, más que apropiado para dar un verosímil cuerpo a cada personaje.
Dentro de la efectiva coreografía tanguera de Mora Godoy, que se luce por la variedad y la precisión, se nota el trabajo que se ha realizado con el elenco para obtener un alto grado de composición actoral. No son simplemente bailarines, sino intérpretes que ponen el cuerpo y también el alma. Es de destacar el diseño coreográfico de "Vamos Lorenzo", tema original de Eladia Blázquez, que fue bailado por un trío: dos varones y una mujer. Una hechura impecable.
Aunque era fácil dejarse tentar por los temas conocidos -los arreglos de Gerardo Gardelín y Lisandro Adrober mostraron pentagramas renovados de "Bartolo", "Zorro gris", "El choclo", "La cumparsita" y "Tanguera", entre otros- no faltaron los temas propios, a los que se sumaron los estrenos de Eladia Blázquez: "Tierra de esperanza", "Giselle", "Prostibulario", que permitieron el lucimiento de la voz de Lidia Borda.
Detrás de todos ellos, por el ritmo preciso, por el despliegue escénico y por la resolución visual, se nota la mano de Omar Pacheco, un riguroso artífice de la composición estética.
No estuvo solo. Desde la escenografía, puntual y elocuente, hasta el vestuario, todo es de una total precisión y belleza visual, sobre todo cuando el diseño lumínico de Ariel del Mastro, atractivo y variado, logra acentuar con gran peso los sugerentes climas dramáticos.
Mención aparte merece la presencia de María Nieves como la Madama, que provoca aplausos y ovaciones, luego extendidos a todo el elenco.
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