El tercer disco del cantante colombiano, Andrés Cabas, resulta una mezcla de música caribeña con rancheras, tangos y hasta dance-hall europeo.¿Cómo es que un barranquillero amante de la rumba termina haciendo un trabajo tan ecléctico? Puro Cabas es en realidad el producto de una infancia en la que el artista estuvo expuesto a todo tipo de música, desde Bach hasta Lucho Bermúdez, y de una adultez de rumba, conciertos y vida de rockero.
1 minuto de lectura'
Andres Cabas interrumpe la entrevista para contestarle el telefono a su mamá. “Hola, mami. Perdón, es mi mamá. Me esguincé el codo y mi mamá está tratando de conseguir una cita con el doctor”. Mientras Cabas le dice a su mamá que el viernes a las 7am, no puede ir porque tiene su cita mensual para su styling del pelo –sagrado para él–, me quedo mirándolo. Cabas tiene 28 años, sus rizos como livianos resortes en espiral saliendo hacia todas partes y una nariz de botón. Debajo de su chaqueta café de pana, con apliques al estilo militar sobre los hombros, lleva un camisa polo amarilla.
La muñeca de su mano izquierda está envuelta en una pulsera de piedras de colores con dijes pequeños, incluyendo una rosa plateada, y del cuello le cuelga un collar lleno de paletitas, aparentemente, de coco. La pinta queda completa con jeans claros, rasgados en las rodillas y botas de escalar. Cabas agarra un totopo y lo hunde en la masa de fríjoles que el mesero, que lo saludó con un “Bienvenido, señor Cabas”, ha puesto sobre la mesa. Para acompañar, se está tomando una Corona con limón.
El “señor Cabas” no sólo se viste de manera ecléctica, sino que es un tipo bastante difícil de definir. Hijo del músico y compositor Eduardo Cabas, Andrés es un barranquillero rockero, sensible, descomplicado y dispuesto a hacer todas las maromas de su último video, “La Cadena de Oro”, sin usar un doble [por eso la lesión en el codo], pero es incapaz de quedarse en una fiesta si percibe una mala vibra de alguien. ¿Qué es Cabas? El personaje es como su música, imposible de encasillar.
A mediados de este mes empezará la gira promocional de Puro Cabas, el tercer trabajo que saca con EMI Music. Para hacer este disco se tardó dos años, desde que escribió en París sus primeras dos canciones, “Likua” y “Poseído”, hasta que puso los últimos toques de producción en los estudios El Cielo Recording Studios en Monterrey, pasando por la grabación de “Soy Caribe”, una versión propia de una canción de su padre. Puro Cabas salió de un año y medio en Nueva York, de viajes a Miami y a las Islas del Rosario, de un noviazgo que ya terminó y de una actitud sana, según Cabas. “Quería hacer un disco super alegre, más ligero, refleja el momento en que yo estaba en mi vida, quería alivianarme”. Después de Contacto, el trabajo anterior y un disco más introspectivo, Cabas dice que “quería volcar mi fusión, siempre había sido mi sueño, un poco más hacia la música dance hall europea, con nuestro folclor”. Dice que se quería alejar de la combinación de tambor con rock, que para él esa mezcla ya está trillada. Partirá entonces a Estados Unidos para llevar a varios de los famosos House of Blues melodías de bullerengue fusionadas con tango, tambores africanos y sonidos electrónicos, entre otros.
Andres cabas lleva haciendo y aprendiendo sobre música desde los cuatro años y ya ha obtenido algunos premios importantes. Fue nominado a “Mejor Nuevo Artista” en los premios Grammy Latinos y luego “Mejor Album de Rock” y “Mejor Interpretación de Rock” en los MTV Latinos. El 30 de agosto de 2004 fue invitado a participar en el tributo al legendario Carlos Santana en la entrega del premio Latin Recording Academy Person of the Year, de la academia Grammy. La ceremonia, con cena de gala preliminar, se celebró en el Century Plaza Hotel de Los Angeles. Esa noche Cabas interpretó el tema de Santana “No One To Depend On” y tuvo el honor de tocar junto a músicos de la talla de Herbie Hancock, Dave Matthews, Steve Vai y los Black Eyed Peas.
Después del evento formal, Los Black Eyed Peas organizaron una exclusiva Pea Party VIP, con jam incluido, para todos los músicos. Sin saber rapear y lleno de nervios, Cabas se le midió a subir al escenario e improvisar un free-style. La conexión musical con los Black Eyed Peas fue tan exitosa esa noche que, días más tarde, todos juntos terminaron metidos en el estudio de Monterrey. Printz Board –“un monstruo que toca bajo y trompeta, en vivo, al tiempo”– y George Pajón Jr., el guitarrista, impresionaron a Cabas no sólo por su talento musical, sino por que, a pesar de tener status de grandes estrellas, sacaron tres días de su aceleradísima gira mundial simplemente para hacer música. El resultado son las dos canciones “Vámonos de aquí” y “Llega la noche”, de Puro Cabas. Después de contar su aventura con los Peas, Cabas me dice que le quedaron dos cosas claras. Una, que está realmente orgulloso de que la calidad de su música diera para ser invitado al tributo de Santana, sin rosca, y dos, que la industria musical sería otra cosa, sería sin duda mucho mejor, si estuviera controlada por músicos.
Las amistades musicales de Cabas no paran ahí. Durante la última gira de Lenny Kravitz en México, el colombiano no sólo fue invitado a ser telonero de alguien a quien considera un ídolo –”ver a Lenny fue surreal”– sino que terminaron volviéndose “casi mejores amigos” con Cindy, la baterista de Kravitz. “Inclusive tenemos como un proyectito ahí que tenemos ganas de sacar juntos”. Cabas se entusiasma al contar esto, se mueve en su silla y luego se mete a la boca una manotada de totopos con fríjol.
Tuvo también la oportunidad de ser parte de una gira de Shakira, al telonearle en México y Puerto Rico. “Yo estuve con ella justo antes de que saliera al escenario y la energía que ella botaba y su convencimiento de lo que ella es, era una cosa brutal. [Es] amorosa, sencilla y con una estrella que no se puede opacar”.
Cuando le abrió conciertos a Miguel Bosé en la Plaza de Toros de Santamaría en Bogotá y en la Plaza de las Ventas de Madrid, el español le agradeció diciendo que en algunos años sería él quien le iba a estar teloneando a Cabas. “Bosé es como ir al teatro. Su expresión corporal es magnífica, no le come a nada, no le da miedo responder lo que siente”, dice Cabas. “Es simplemente muy bonito [lo que dijo Bosé de Cabas], muy educado. Cuando el artista está seguro de lo que tiene, no tiene por qué pisotear al otro”.
Cabas está seguro de lo que tiene. Puro Cabas es algo que no se ha hecho antes. Sus puntos de vista son muy definidos en cuanto a la música colombiana, y uno de ellos es que hay demasiados artistas que se parecen en su sonido. Termina de masticar bien el último bocado de totopos, pone la punta del índice derecho sobre la mesa y dice: “Acá un sonido gusta y los otros tres que vienen detrás tratan de hacer lo mismo. Hay demasiados ritmos, demasiado talento, demasiada cultura, pero la gente está preocupada por ser famosa”.
Cuando dias despues hablo por teléfono con Eduardo Cabas, mientras él desayuna, me dice con orgullo: “Vuelve Cabas a dar un paso más hacia adelante en el concepto que, llamaríamos los músicos, creación de fusiones. No se ha querido quedar nunca en lo que ha hecho atrás. Le gusta que su nuevo disco traiga nuevos aportes a la música colombiana y latinoamericana. No se repite. El mantiene sus raíces, mantiene su estilo, pero siempre trata de darle una variante, incluyendo mi canción. Eso es lo que más le aplaudo a él, su creatividad permanente”.
Como para que ni me atreva a dudar, y como si todos estuvieran en misión de confirmar el asunto de las fusiones, el manager de Cabas, Camilo Pombo, también me asegura que, “no se había hecho una fusión de la manera que Cabas se la había imaginado.”
Pombo ha estado con Cabas desde el principio. Es periodista y comunicador profesional, piensa sus palabras con cautela y abusa de la muletilla “realmente”. En contra de todos los estereotipos de managers que conocen a sus estrellas en cocteles, clubes o eventos de casas disqueras, Pombo habló con Cabas por primera vez en un gimnasio. Cabas sabía quién era él y se le acercó para pedirle que escuchara su demo y le diera una opinión. Unos quince días más tarde, después de haber oído el demo, Pombo consideraba la música de Cabas “sobresaliente” y pidió asistir a un ensayo de la banda. Acto seguido, una invitación al programa de televisión Esta noche sí, que Pombo dirigía en esa época. Finalmente se convirtió en su apoderado y fue él quien le ayudó a conseguir el contrato con EMI Music.
Cabas jura haber escuchado, durante sus primeros años, las canciones de Matilde Díaz, esa voz prodigiosa que cantaba en la orquesta de Lucho Bermúdez, mientras lo dejaban metido en un corral para bebés en Barranquilla. “Era un niño inquieto”, dice Eduardo, y la única forma de apaciguarlo era poniendo un casette de 120 minutos con canciones infantiles. Eduardo no recuerda exactamente qué canciones eran, pero sí asegura que la cinta era de inmenso valor para la tranquilidad en su casa.
Andrés es el sánduche entre dos hermanos. “Los sánduches tienen a uno mayor, que es perfecto, y a uno menor, que es el que jode”, así lo describe su padre. Para sobresalir entre esos dos y crear su propio territorio, Andrés fue “el rebelde de la casa. El que trataba de decir que las cosas que a él le gustaban se debían respetar. Impuso su espacio y mostró siempre una personalidad fuerte”.
Cuando ya podía caminar, Andrés empezó a entrar en contacto con los amigos músicos de su papá. El primero fue el maestro Armando Velásquez, pianista y arreglista que iba a trabajar en producciones para artistas colombianos a casa de los Cabas. “Cuando era muy chiquitico”, dice Eduardo, “se ponía detrás de la puerta, sin hacer ruido y se quedaba horas oyéndonos, hasta que finalmente nos dimos cuenta de que nos espiaba y decidimos involucrarlo. [el maestro Velásquez] Fue un consejero y un patrón de la buena música”. Fuera de tener acceso a talentosos músicos desde chico, Andrés contaba con una influencia musical permanente gracias a su padre. Según Eduardo, lo más valioso que él le pudo enseñar a su hijo, musicalmente, no sólo fue amar la música colombiana, sino también “el amor por todo tipo de música, ser capaz de oír a Bach, o a Beethoven, y después, enseguida, oír a Lucho Bermúdez”. Tal vez ahí esté la clave de las fusiones de Andrés. Al oír tantos ritmos y estilos musicales distintos se le amplió el horizonte a la hora de componer.
Cabas mismo describe su música como una mezcolanza de infinitas y diversas influencias: “Mi música es como el mercado de Basurto; todo está en el mismo lugar, pero distingues el olor del níspero del olor del pescado, disntigues el olor del mamey del olor de los ojos de vaca”.
A los 18 años Andrés decidió irse de su casa. Pero Eduardo no sufrió porque su hijo se fuera, porque siempre había sido independiente. “Además”, dice “se mudó a medias por que regresaba todo el tiempo para almorzar y comer”.
Ya viviendo solo fue que Andrés empezó a ir más a conciertos y a comprar discos, y a esa mezcla de infancia le añadió U2, David Bowie, The Cure, Bob Marley y Charly García.
Cabas es un tipo carismatico, cierto. Pero su entorno asegura que su peor defecto es su mal genio. “A veces pienso que él se equivoca con su actitud, no sólo conmigo, sino con su propia banda, con su staff, por su impaciencia, el trato de la gente no es el adecuado. De pronto explota. El mal genio se lo lleva, nadie es perfecto pero esto es algo en lo que él tiene que trabajar mucho”, dice Pombo.
Pombo me habla de una ocasión en la que Cabas acababa de terminar un toque en Chicago en un sitio llamado Metro. Para celebrar el buen concierto, entre tragos y charla, la banda se quedó en el camerino. Los dueños sindicalistas del Metro le repitieron varias veces a Pombo que necesitaban desalojar el sitio. En medio de la celebración ningún músico le puso mucha atención a las advertencias. Cuando las palabras ya pasaron a una amenaza de multa, Pombo habló seriamente con Cabas, pero a él le chocó la interrupción y por ello todo terminó en una fuerte pelea.
Pombo dice que tanto él como Eduardo le han hablado a Cabas al respecto. “El lo sabe y lo reconoce, pero a veces se le sale de las manos”. Eduardo siempre le dice “que sea amable, aun en las peores circunstancias. El que deja de ser amable se está atacando a sí mismo, se está metiendo un autogol”.
Pero aun así, Cabas resulta un imán para el público. Cuando le pregunto a Pombo y luego a su íntimo amigo, Tato Carrasquilla –con quien se conoció un martes por la noche hace más de una década, porque Tato estaba buscando un teclista para su agrupación Tercer Piso– sobre los momentos más memorables y emocionantes en la carrera de Cabas, ambos se refieren a la misma ocasión.
Hablan del día de la independencia colombiana, en el Madison Square Garden de Nueva York. Cabas tocaba en un concierto junto a Juanes, Pedro el Escamoso y múltiples orquestas tropicales. El Madison estaba a reventar y no hubo un miembro de la colonia colombiana al que Cabas no haya hecho vibrar. Pombo dice que para todos fue un momento tan especial por que se sintió la energía de los colombianos en el exterior, que tanto añoran a su país. Carrasquilla, que era guitarrista en la banda de Cabas en esa época, recuerda: “Tocamos ante casi 20.000 personas, en el lugar más alucinante, fue un concierto inolvidable y un momento increíble”.
Otro día importante fue cuando Cabas viajó a Santa Marta –en la costa Caribe colombiana– como parte de la gira promocional de su primer disco, Cabas. En la emisora radial RCN se había organizado un concurso con el primer sencillo del disco, “Mi Bombón” y las ganadoras fueron unas niñas de un colegio de monjas en la ciudad. El premio era una visita de Cabas, que causó conmoción en las niñas. Apenas el artista se sentó, una monja levantó la mano y todo el colegio entonó, con afinación impecable, a capella, “Mi Bombón”. “A mí se me salieron las lágrimas, se me pone la piel de gallina cuando cuento eso,” dice Pombo.
A cabas le resta un trago de cerveza, ya acabó todos lo totopos. El plato queda con puras migajas y mientras las empuja de un lado para el otro me habla de lo que significa para él la tolerancia en la música. “[En un] festival como Rock al Parque, donde ya empezaron a meter a más artistas nuevos, salen imbéciles como los de Koyi-K-Utho a decir que eso no es rock. ¿Quiénes son ellos para decir quién es rock o quién no es rock? Me parece que el resentimiento de la clase rockera aquí es fundamental para el estancamiento de la música”, dice, serio. “El año pasado, Julio Correal, que lo quiero defender en la revista Rolling Stone, trajo mejores bandas, trató de hacer un festival mucho más dinámico, donde también había música electrónica, y salieron los cuatro típicos metaleros frustrados a decir que eso no era rock. ¡Por favor! Yo soy rockero, yo soy metalero, pero es que el rock es buena onda, el rock no es esa vaina de criticar a los demás. El rock es vainas como el Live 8, siempre ha sido tolerancia. Dime de qué te ufanas y te diré de qué adoleces. Eso le diría a esas bandas que suenan a tarro pero que por hacer música pesada se creen con el derecho a criticar a otros”.
Mejor cambiar de tema. Rock al Parque lo había puesto serio y duro. Pero cuando le pregunto sobre “Increíble”, la nueva balada de Puro Cabas, respira profundo y cambia de humor. La letra de “Increíble” contiene palabras románticas como “Contigo todo me lo creo / Que increíble, te confieso / pero de amor por ti reviento”. Le pregunto si surgió de su noviazgo con Valentina Acosta, presentadora del Videodromo de City TV. Me mira durante un rato antes de responder. “Valentina ya sabía de la existencia de esa canción. Cuando uno muestra una canción tan especial hay una emoción, pero también hay una pena. No es fácil. Es su canción favorita. Valentina y yo nos tuvimos que alejarnos, ya no estamos juntos. Lo bonito es que las relaciones vienen y van, pero quedan las canciones como huella de algo que hubo. Por eso me siento afortunado de hacer música, es un recuerdo muy vivo de ese sentimiento que hubo en ese momento”.
Fuera de ser una de las canciones favoritas de Valentina y de Cabas, es un ejemplo perfecto de la fusión dosificada que Cabas le mete a su música. A pesar de tener influencias [algunas sutiles, otras totalmente obvias] de música africana, europea, de la costa atlántica, de reggae, de rock, de blues, de son cubano, de tango y de drum n´bass, él no quiere lograr una mezcla tan cargada que no se pueda ni entender ni digerir. En lugar de eso asegura que “menos es más, por eso yo simplemente les pongo lo mínimo que necesitan las canciones”. La estructura básica de “Increíble” es de un paseo vallenato. El producto final es una mezcla melódica y llevadera de drum n´bass. Pero en ningún momento se exagera alguno de los dos. Es una combinación balanceada. Cabas tiene el feeling para sazonar, más no encasillar su música.
Otra razón por la cual se niega a volver su música un gran proyecto a lo comida fusión es el principio básico de que una canción debe funcionar sola. Aunque a él mismo lo han denominado como porno-pop y aunque él no tiene problema con el pop, subraya una diferencia a la hora de la calidad musical. “Tú normalmente agarras un disco de pop, super producido, y las canciones no aguantan guitarra acústica y voz porque no tienen ni pies ni cabeza”. En cambio, asegura, “Todas las canciones de este disco [Puro Cabas], me puedo sentar al piano y te las puedo tocar”.
Y asi quedamos. a cabas le siguen sonando ambos celulares y es difícil concluir la entrevista con preguntas elaboradas. En vez de eso conversamos y termino enterándome de toda clase de datos sueltos sobre Cabas. Que se coló al famoso concierto que hizo U2 debajo del Brooklyn Bridge diciendo que él era parte del staff de MTV. Que sus dos momentos más vergonzosos como músico han sido caídas en el escenario: una mientras le abría a Miguel Bosé en España y la otra durante el Reinado Nacional de Belleza en Cartagena, “con todo ese público puppy, y ¡pa! ¡Me fui de culo!”. Que no tendría inconveniente en vender una de sus canciones para que la usaran en una propaganda: “eso es de divertirse también. David Bowie hace comerciales de Dona Karan y Bob Dylan hace cosas, ya los grandes nos han dado permiso”. Que le encantan las mujeres que parecen difíciles de conseguir y que se considera un “quita-novias profesional”. Que Joe Arroyo le dio uno de los mejores consejos de su vida: “no mires ni para los lados, ni para atrás, sólo mira para adelante” y que está convencido de que la raza latina necesita cambiar de actitud, dejar de pedir permiso y empezar a pedir respeto.
Antes de pagar la cuenta me dice que si él no fuera músico, sería trapecista. Me quedo mirándolo y le digo que tal vez no sea tan buena idea con esos codos frágiles. Se ríe y dice: “bueno, si no, vago profesional. Me dedicaría al billar y al campo”. De pronto algún día. Por ahora tiene que recuperarse del codo y conquistar el mundo.
- 1
- 2
Carla Quevedo contó su experiencia con Nicola Peltz, la esposa de Brooklyn Beckham: “Me hizo esperarla afuera del baño”
- 3
Quién es Chase Infiniti, la actriz revelación que tiene a todo Hollywood a sus pies
4La reacción de Dolores Fonzi tras enterarse que Belén, su película no fue nominada a los Premios Oscar



