
Cada vez menos secretos
En Nueva York, los masones abren las puertas de su sede central
1 minuto de lectura'
NUEVA YORK (The New York Times).- Durante más de dos siglos, los francmasones y sus rituales grandiosos han jugado un papel secreto, misterioso en la vida norteamericana. Uno de los símbolos masónicos es muy similar al ojo que todo lo ve, en el el dorso de cada billete de un dólar. Del otro lado está George Washington.
Washington no fue el primer masón, y tampco el único famoso. Mozart aportó mínimos y sutiles toques de masonería en las óperas. Y a esta sociedad pertenecieron 14 presidentes. También religiosos, comediantes, y mucha otra gente.
Pero el número de masones ha ido menguando –sean cual fueren sus secretos, aparentemente no tienen uno para evitar la muerte– y sus filas se han ido achicando. Así es que el estado de Nueva York ha copiado una actitud de sociedades masónicas de otros estados que hasta ahora habían considerado hereje: están buscando activamente miembros nuevos. Y, en el proceso, una fraternidad famosa por su reticencia ahora se dirige a la comunidad y descorre, sólo un poco, el velo de su secreto.
Los masones no están dando al mundo la contraseña secreta que, se supone, deben decir para entrar a sus encuentros (aunque, hoy, debería servir mostrar simplemente un carnet de membresía). Pero sí están ofreciendo visitas guiadas a sus cuarteles generales de la Gran Logia de Nueva York.
Así, la gente puede ver sus relucientes techos dorados, las paredes de mármol, los escaños ubicados en fila para los miembros ordinarios, las sillas estilo trono para los masones de altas posiciones. Y, en una sala de conferencias en la sala contigua, hay más oro, aunque sólo se trate de pintura, en una réplica en menor tamaño de una estatua de George Washington.
La logia también contrató una firma de relaciones públicas para que hiciera correr la voz sobre su 225º aniversario, el mes último. Y los masones han puesto publicidades en cines y proponen jornadas de instrucción de un día para conseguir los tres primeros grados masónicos en una sola sesión. Hasta entonces, los futuros masones debían pasar meses aprendiendo lo que necesitaban saber para pasar de aprendiz a compañero o a maestro.
"No estamos pensando en un reclutamiento ni tratando de amontonar gente", dice Thomas M. Savini, el director de la biblioteca en la sede de la Gran Logia de Nueva York, en la calle 23 y la Avenida de las Americas. "Pero creo que hemos alcanzado un punto en el que nos dimos cuenta de que no decir nada no estaba haciendo las cosas más fáciles", sigue.
Y tampoco podían ignorar todo lo que se decía de ellos en El código Da Vinci y otros bestsellers como El libro de Fate, de Brad Meltzer.
"Lo que nos dio El código Da Vinci fue una oportunidad de decir Esto es lo que somos", dice Savini.
Qué hay adentro
Lo que hay en el centro de operaciones de la gran logia es una docena de salas ornamentadas donde unas 60 logias todavía mantienen reuniones regularmente.
Esta docena de salas no tienen ventanas. Guiando el camino hacia una de ellas, el Gran Maestro, o líder de todos los masones en el estado de Nueva York, Neal I. Bidnick, dice que el diseño no es diferente al de cualquier otra sala de logia en el mundo: todas tienen un altar y velas en el centro. Y no asoma ni una sola mujer (los masones no admiten mujeres).
En los pasillos de la sede de la gran logia, las paredes están atiborradas de cuadros con fotografías de masones pasados y presentes, pero mayormente pasados.
Es que hoy hay muchos menos mombres en las listas de miembros: hay 54.000 en Nueva York, mientras que en 1929 habían 346.413.
Como explica Bidnick, los masones neoyorquinos están profundamente involucrados con el servicio a la comunidad, asegurando la investigación médica y reemplazando 29.000 banderas norteamericanas, una en cada aula de escuela pública en la ciudad. Pero todavía están los salones secretos donde se reúnen los masones.
"¿Por qué los traemos a un salón como este? –preguna Bidnick, y responde–. Básicamente, todos nuestros rituales están diseñados para ser educativos. Todas esas cosas que se muestran en la televisión, las asunciones, no son así."
Y describe un encuentro con una reportera de televisión por cable: "La mujer de la CNN leyó algunos pasajes sobre una cuerda y una capucha y preguntó: ¿Eso es lo que hacen ustedes? No, no es eso.
De todas formas, ellos jamás describirían en detalle qué pasa en la sala cuando la logia se reúne. Savini disipa lo que considera una equivocación: que haya tatuajes ocultos, por ejemplo: "La masonería no tiene nada que ver con los tatuajes. Uno no se hace un tatuaje cuando se convierte en masón".
Incluso, él mismo tiene un tatuaje, aunque no uno masónico.



