
Calamaro, la música constante
"El salmón" es su nueva y suntuosa caja de cinco discos
1 minuto de lectura'
Quien conoce la obra de Calamaro, desde su inicio solista con "Hotel Calamaro", de 1984, cuando aún formaba parte de Los Abuelos de la Nada, sabe que siempre ha sido un compositor prolífico y que se las ha arreglado para, en paralelo con las ediciones convencionales de sus álbumes oficiales, ir poniendo en circulación versiones diferentes de temas propios o ajenos. Eso que, hace casi diez años, denominó genéricamente como "Grabaciones encontradas".
Allí, entonces, aparece una primera pista para comprender "El salmón", la caja de 5 discos compactos y 103 canciones que ha editado recientemente. Porque no eran, ahora se sabe, grabaciones perdidas y halladas más tarde. No, nunca habían estado perdidas, sino que eran encontradas sin buscar, allí en el estado febril de creación y composición en el que Calamaro se ha instalado, definitivamente, ahora.
Y lo dice en uno de los temas de esta obra monumental: "Solamente encuentro antes de buscar, por menos no me voy a levantar".
Así, también, y sin acuerdo previo -¿sin buscar, otra vez?- fue el diálogo con Calamaro sobre este disco. Porque en lugar de una charla convencional, en persona o por teléfono -según el punto del planeta en que Andrés se encontrara-, se trató de intercambiar e-mails y así ir encontrando, de un lado del Atlántico, canciones y preguntas, y desde el otro, algunas respuestas y precisiones.
En un principio no hubo interrogación, sino el asombro de 103 canciones, la posibilidad de un atracón de músicas nuevas y de nuevas versiones de viejas canciones. Pero también la desorientación, el desconcierto, de cómo abordar todo ello.
"Escuchá así -propuso Andrés hace unas semanas-: "Output input", "Gaviotas", "Nos volveremos a ver", "Time is on my side", "Laura va", "Jugando al límite", "Freaks", "Palabras luminosas", "El viejo", "Sexie Sadie", "Río manso", "Ojos dos ojos", "Horizontes", "El día D". Y que se banque."
Así, Calamaro arroja una lista de sus temas favoritos, o de los adecuados para ese momento, y abre la posibilidad de que cada uno vaya armando distintas variantes, de descubrir combinaciones aptas para días de tristeza, para tardes de enamoramiento o para noches en las que todo parece ser igual a lo soñado.
Calamaro, como el pez que menta como título, ha decidido ir contra la corriente. Y logró que su sello discográfico editara lo que nunca antes el rock se había animado. No hay antecedente de semejante obra faraónica dentro del género. Ni aquí ni en el exterior. Es más: ha inventado un nuevo lugar en el planeta. Ya no es Buenos Aires o Madrid su lugar de residencia, sino el espacio de la composición como estado permanente.
Así grabó todas estas canciones. Solo, o casi, porque buena parte del tiempo estuvo acompañado por Marcelo Scornik, quien escribió muchas de las letras: "Escribimos durante cien días... -cuenta en uno de los mensajes-. Suspendimos casi cualquier otra actividad posible... sin incluir asuntos alimentarios y sexo-amor".
En su propio universo
En esos días, y ahora, Calamaro se ha retirado, casi, del mundo. No se ha expuesto a la curiosidad devoradora de quienes desean conocer su vida personal, los azares de sus amores y si está flaco o no. Incluso, no piensa, por ahora, en la presentación en vivo. No frecuentó programas de radio o TV, ni siquiera se lo vio en bares o discos. En cambio, se ha aferrado al ascetismo de su casa y de la portaestudio. Porque "El salmón" no está grabado en la frialdad de quirófano de los estudios convencionales.
Andrés Calamaro eligió grabar en escuetos cuatro canales. Así como fueron grabados los viejos discos que sigue amando. De esa manera, no sólo se sintió más cómodo y dueño del tiempo, sino que puso en funcionamiento la advertencia de Brian Eno ante la proliferación de cada vez más sofisticados instrumentos electrónicos: disponer de más posibilidades no sólo no garantiza la creación de algo interesante, sino que puede obstaculizarlo.
Encerrado allí pudo ser, en "El salmón", uno y muchos. Ha cantado tangos, ha visitado el folklore argentino, se ha vuelto rolling stone o beatle, ha rockanroleado en "Problemas" o ha sido varios, como en "All u need is pop", un tema para el que fueron mentados: Iggy Pop, David Bowie, Bunbury, Gabinete Caligari.
Lo de Iggy no es casual, claro, porque unos días después, volviendo sobre esa canción, dirá: "Es un punto y aparte, es lo que ahora conocemos como el encuentro con la ambigüedad, el pozo más vacío y más hondo. Otra clase de melodía... Aquella noche soñé con Iggy. La broma es "all u need is love iggy pop rock´n´roll" ¿verdad? Soñé con Iggy y me levanté musculoso y venoso. Como el viejo detroit osterpop".
En la invocación respetuosa de "El salmón" conviven temas de Spinetta, Vox Dei, Pappo, Discépolo, Jagger, Troilo y Bob Marley. En verdad, "No woman, no cry", el tema que hace aquí, no es de Marley, pero es él quien lo hizo famoso en el mundo entero. La versión de Andrés no respeta el original y, sin prejuicio, lo convierte en un tema dance apto para las discotecas y playas del verano. "Grabé un disco entero de versiones así... La gilada supondría que es broma. Pero Bob estaría de acuerdo." El reggae pasa, saltando dos temas, al "Oh darling", de Lennon-McCartney. Juegos musicales en busca de horizontes nuevos que él canta, busca "por las ventanas rotas", como un "anciano sin reencarnaciones".
También ha puesto esa libertad en juego en "Alfonsina y el mar", de Félix Luna y Ariel Ramírez, que aquí toma un interesante tinte de cool jazz y que él explica: "Es un arreglo de Gringui (Herrera) -escribe-, la grabamos en mayo, en un cassette normal: guitarra y voz... la trompeta de Lulo... gran categoría y sensibilidad musical. También agregamos piano y bajo de Candy... El tono (la tonalidad) es la nota de intérpretes femeninos, como Sosa, por eso al cantar en una octava por debajo resulta algo entre Gilberto y Chet Baker, con aires sutiles de Goyeneche y Spinetta".
Así fueron y vinieron mensajes electrónicos. Siguiendo un ritmo variado que era marcado por la escucha de los discos, desde aquí, y los tiempos no convencionales de Andrés, el que ya casi no duerme. Pero, desde hace unos días, la comunicación se ha interrumpido. Quizá esté en viaje hacia Buenos Aires, quizá otros asuntos-canciones lo retengan con una urgencia que no admite distracción o, quizá, su silencio tenga que ver con el dolor que se debe haber apoderado de él al enterarse de que Julián Infante, el guitarrista español que fundó Tequila y que fue su compañero en Los Rodríguez, murió víctima del sida.
Aunque sea un maestro de pérdidas, tanto como para decir, en "OK, perdón": "Dame la mano y vení que te enseñó a perder", tal vez su dolor tenga hoy la voz ronca con eco de tango eterno con la que en "Un barco un poco" canta: "Mirar un puerto es sentirme un barco un poco, que se cruza, se saluda con la mano desde lejos. Por favor, no ven cómo me estoy rompiendo, si fuera un barco también me estaría hundiendo. Vengan a buscarme al fondo del mar, no pude seguir respirando... quién le dijo a mi corazón que siga recordando".
El trabajador compulsivo
Crear sin pausa, en una situación de privacidad y sin medida de lo correcto, parece ser algo aceptado para un novelista o un pintor. Sin embargo, al ex Rodríguez le han imputado que lo suyo es un exceso, que no se puede componer ni escuchar tantas canciones.
"Escribí sin conciencia de edición, de disco, de producción... Era un asunto de investigación, de explorar el siglo... próximo, pasado y presente", argumentó Andrés Calamaro, por semejante obra, en uno de sus mensajes de ida y vuelta.
Palabras más, palabras menos
Lo que debe ser, en este caso, tiene que ver con los ritmos de la industria discográfica -un disco cada dos años, al que sigue las correspondientes promoción y gira en vivo- y del soporte: los discos, en tiempos de vinilo, duraban poco más de media hora; ahora, en la era del CD, se pueden extender hasta los setenta y pico de minutos.
Andrés ha acusado recibo de esas suspicacias. "Lo he pensado -acepta-, pero es una imbecilidad, ¿cuántas cartas no escribiste... y nadie escribirá ya? ¿Cien? ¿O más?... También depende del método, del antiprofesionalismo de algo que, quién sabe, sea artístico. Si no, es un disco, nada más."
Mientras tanto, sigue en sus trece y ya son más de cien las nuevas grabaciones que almacena en cintas sin importarle el destino inmediato. Tal vez puedan tener un destino similar, cuando ya nada parece una locura.
Mientras tanto, la caja, en España, ya lleva vendidas más de 60.000 copias.
1
2Se reprograma MasterChef: por el debut de Gran Hermano, el reality de cocina cambia de horario
3Salvador, el thriller español de Netflix de 8 episodios que es un boom internacional y que está entre lo más visto de la plataforma
- 4
En fotos: de la gran noche de Guillermo Francella al apoyo incondicional de sus hijos Yoyi y Nicolás


