
Canción para Zitarrosa
Estreno: Labrín, Roldán, Lacarra y Audivert son las voces de un ciclo que, a partir de hoy, recuerda al autor de "Doña Soledad"
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La obra de Alfredo Zitarrosa es parte de un imaginario que todavía sigue descubriéndose en milongas, zambas, canciones y candombes que siguen instalando su imagen como un icono de la cultura rioplatense. Hay varias miradas posibles sobre Zitarrosa, pero un mismo legado que todavía no ha sido explorado en profundidad.
Naldo Labrín, Nacha Roldán, Julio Lacarra y Pompeyo Audivert, dicen que es el momento de trabajar sobre ese repertorio de canciones de linaje inmortal, que merecen ser recuperadas. Escuchar temas como "Doña Soledad", "P´al que se va", "Adagio a mi país", será siempre una novedad, coinciden los cuatro. Por eso, a partir de esta noche, esta suma de talentos se hará carne en la obra del autor de "Guitarra negra", para comenzar el ciclo "Zitarrosa. Canto de Nadie", que se repetirá durante varios martes, a las 21, en la Trastienda, Balcarce 460. "No es un homenaje, ni un tributo", aclara Naldo Labrín, ex guitarrista de Zitarrosa y ahora líder de la agrupación Sanampay. "Hay muchas voces instaladas en el inconsciente colectivo de los argentinos, como Parra o Yupanqui -continúa el músico-, pero que a la hora de interpretarlos son pocos los que recurren a ellos. Lo mismo sucede con Zitarrosa. Nosotros queremos que la gente tenga dónde disfrutar de su poesía. El año último, con el homenaje que se hizo, se demostró que había mucha necesidad de su música", concede este zitarrosiano que tiene el consentimiento de sus compañeros.
Quieren que le suceda al público lo mismo que le paso a ellos cuando lo escucharon por primera vez. Confían en que esa experiencia intransferible se corporice en este espectáculo.
Pompeyo Audivert, no puede olvidar el día en que por la radio pasaron "Guitarra negra" y quedó imantado a la voz crepuscular del cantante. "Después me aprendí la obra completa y cuando Naldo me llamó para el primer homenaje yo le recite de memoria algunas partes y no lo podía creer. Era como un anhelo oculto que se legalizó." Tampoco a Nacha Roldán le cuesta encontrar en su memoria ese día en que escuchó a Zitarrosa en un estudio de grabación, al lado de donde ella ensayaba. "Me llamó la atención ese tono grave, esos temas maravillosos que nunca había escuchado. A partir de ahí empece a cantar toda la obra de él. Me cambió totalmente mi carrera".
Naldo Labrín confiesa que no pudo dejar de reírse cuando lo vio actuar en el viejo teatro Odeón. "Parecía un tipo que había equivocado el camino. Parado, con esas guitarras atrás y vestido de smoking, era como un cantor de otro tiempo." Pero es Julio Lacarra el que patentiza la verdadera herencia del músico oriental, esa que están dispuestos a seguir. "Conocí la música de Zitarrosa en los setenta y me enamoré de su forma de cantar. Al principio no acepté el desafío de cantar sus canciones, porque tenía el mismo registro, pero se convirtió en algo ineludible para mí. En cada canción aparece todo lo que un músico popular tiene que hacer: respeto a la poesía y a la música. Tener una coherencia artística y mantener su compromiso con la realidad y su gente".






