Carnavales con corsos y bailes
Evocación: la participación del tango en las fiestas carnavelescas, con temas compuestos por los grandes maestros de la música ciudadana.
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El ministro de Gobierno de Santa Fe en 1966,durante la intervención del almirante Vázquez, doctor José Antonio Amuchástegui Keen fue una personalidad singular: todas las ceremonias que en las que posesionaba intendentes eran precedidas por la ejecución del Himno Nacional. Al concluirlo, (y de ahí lo novedoso) los asistentes al acto entonaban también un tango caro a los nidos del funcionario (por ser su autor) popularizado por inolvidables versiones de José Basso con Floreal Ruiz, Osvaldo Fresedo con Hugo Marcel y Atilio Stampone con Ricardo Ruiz. Se trataba de "Después del Carnaval", composición que se ajustaba maravillosamente a la temática fresediana (y de los restantes intérpretes) que apelaba a la condición efímera de los romances nacidos bajo su amparo, a los que definía como "flores de un día solo son" que se disipaban" al morir Momo.
Amuchástegui Keen que también fue juez Nacional en la Capital Federal,autor de textos jurídicos y productor agropecuario, amigo de Quinquela Martin y otros titanes de la bohemia, renace en la memoria colectiva cada vez que recreamos esta obra, donde se destacan largos coros de cuerda sobreaguda precediendo al estribillista.
Bien se sabe que en estas fiestas ya en la antigüedad privaba el libertinaje, la confusión y el escándalo y la ciudad se convertía en una suerte de Babel abandonada de la mano de Dios. Posteriormente con el cristianismo, se definió al carnaval como los tres días que preceden al miércoles de ceniza y sus tiempos de abstinencia y oración.
Entre nosotros Paco García Jiménez señalaba que en época de Rosas (y quizás como una reacción a su régimen autoritario) las "gentes cultas" debían encerrarse en sus casas durante esos días a consecuencia de los desbordes incontrolados, obligando al Restaurador de las Leyes a abolirlos. A posteriori de su derrocamiento en 1853 fue restablecido.
El primer corso en nuestra "gran aldea" fue allá por 1869 (con la presencia del presidente Sarmiento en un carruaje) y las comparsas desplazándose al compás de desafinadas cornetas interpretadas por morenos, resabios póstumos de la esclavitud abolida en 1813.
Con la llegada de la inmigración en 1880, y la opulencia económica y arquitectónica de Buenos Aires, el estilo colonial dio paso a un "sprit" afrancesado procurándose recrear las lujosas fiestas parisinas de Luis XIV y las venecianas, célebres por sus disfraces.
Un maravilloso cuento narrado en mi presencia en 1948 en el quintón de mis abuelos en San Isidro por Manucho Mujica Laínez ( "El dominó amarillo" de su libro "Aquí vivieron") recrea magistralmente la carnestolenda y el amor pasajero entre el otoñal Diego Ponce de León y la juvenil Beatriz Amidei bailando en la galería de la casona desprovista de adornos y obras de arte. Esa pasión, igual que el tango, duró sólo una noche pues "lo quemaron los rayos del sol."
De San Isidro además evoco las murgas desfilando por la avenida Centenario entre pitos, serpentinas y papel picado, contoneándose frente a los palcos ornamentados; los concursos de carrozas y de atavíos provistos por "Casa Lamota, donde se viste Carlota" o "Las Filipinas" y los vendedores ofreciendo máscaras sueltas, antifaces y agua florida. Un poco más abajo desde los parlantes de los recreos, aires de pasodoble meneaban a "un par de ojazos bañados por el río, y su pelo lacio sombreado y oscurón" en aquellas pistas de tierra rodeadas de juncos.
El carnaval en el tango
Cuando languidecieron los corsos el monarca carnavalero se refugió en clubes de barrio (como el "Glorias argentinas" de Mataderos donde actuó Troilo) y otras instituciones sociales y deportivas, reducido a una puja crematística y recaudadora. Ya en 1914 ese pionero del género revisteril que fue Francisco Canaro comenzó su marcha por teatros porteños y del interior para recalar definitivamente en el Luna Park de Pace y Lectoure.
Juan D`Arienzo, "el rey del compás", a su vez solía trasladarse a Montevideo para presentarse con su orquesta, junto a las "troupes" y "los candomberos", o Xavier Cugat que compuso especialmente su "Carnaval en el Uruguay".
Carlos Gardel, olfateando el buen rédito de la temática, grabó consecutivamente en 1927 "Carnaval", "Pobre colombina" y "Siga el corso"; Agustín Magaldi, "Disfrazado"; Fresedo, "Siempre es carnaval" y "Careta, careta"; Cátulo Castillo, "Papel picado" y "Vals del carnaval", y otras análogas de autores como Manuel Romero, Enrique Cadícamo y muchos más.
Recorriendo días pasados el barrio del Once profusos carteles multicolores anunciaban los "8 grandes bailes 8" de mis tiempos, hoy animados por bailanteros, con nuestras orquestas típicas ausentes de sus bulliciosos palcos.
Parado frente a El Olmo, que ya no está, silbé un olvidado tango uruguayo ("Pobre mascarita"de Granata y Pomanelli) que decía "las parejas bailaban al compás rezongón y los fueyes roncaban una vieja canción, esperando con ansias una cita de amor.".
Igual que yo.





