Con Ben Kingsley y Jennifer Conelly
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Una finca sin raíz
Una película cimentada sobre los materiales de su título.
Arena y niebla. de eso está hecha esta película. De tonterías, diálogos inútiles y acciones que comienzan y no terminan. Ben Kingsley es un coronel iraní que huyó de su país tras la caída del Sha, junto con su esposa y sus dos hijos. Es un hombre que lo ha perdido todo, pero que aparenta ser rico y trabaja como obrero de construcción de día y como vendedor en una tienda en las noches. Jennifer Conelly es una mujer cuyo padre murió y le dejó una casa como herencia. Su esposo la abandonó, y como no pagó unos impuestos, el condado embarga su casa y la subasta. Kingsley la compró por 45 mil dólares y se mudó con su familia. Conelly quiere su casa de vuelta y contrata a una abogada, pero ella afirma que nada se puede hacer, pues su nuevo dueño la vende por 172.000 dólares. Mientras tanto, Conelly se acuesta con un policía medio idiota que se confunde y piensa que es un caballero de armadura y que va a liberar a su doncella del problema, así que va e intimida a Kingsley, quien lo denuncia en la comisaría. El policía, quien dejó a su esposa, vuelve para explicarle por qué la dejó. Conelly se asusta porque piensa que no va a volver, así que compra licor y se emborracha en su antigua casa. Intenta suicidarse varias veces y el coronel y su familia la salvan. El policía los secuestra. Hacen un trato para que Conelly se quede con la casa, pero todo sale mal y todos terminan destruidos. Es tan ridícula en su guión, que Casa de arena y niebla no ofrece ni siquiera una fotografía enternecedora, una buena banda sonora o un mínimo momento de interés. El pobre Kingsley soporta el peso de un personaje plano y ridículo. Su mujer es un accesorio. Su hijo es un tonto con cara de asustado. En cuanto a Conelly, tienen que vestirla muy sexy para justificar su actuación mediocre de princesa en aprietos. El policía queda a medio camino entre psicópata y tonto. Cuando uno cree que el nudo de la película va a desembocar en algo, no ocurre nada. Hay cabos sueltos, cientos de posibles finales, decenas de silencios sin objetivo y ningún momento de tensión.
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