Cesaria Evora, mujer de magia negra
La Nación habló con esta cantante de Cabo Verde, considerada la gran revelación en Europa y en los Estados Unidos, que el 29 de mayo debutará en Buenos Aires.
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PARIS.- Cuando hace aproximadamente quinientos años los portugueses descubrieron el archipiélago africano que hoy lleva el nombre de Cabo Verde lo encontraron deshabitado. Las ocho islas ubicadas frente a las costas de Senegal fueron pobladas poco a poco, de manera azarosa.
Estratégica escala de los barcos que comerciaban esclavos en América, adquirió con los años una cultura mestiza. Venidos de Senegal, Guinea o la colonial Angola, los recién llegados se dedicaban a añorar la tierra de procedencia hasta que el tiempo erosionó en sus descendientes el recuerdo de los orígenes. Cabo Verde, con sus tierras secas y las sucesivas hambrunas, se convertiría a su turno en tierra de emigración. Con la eterna presencia del mar como tela de fondo, su música, impregnada de las más diversas influencias, inevitablemente adquirió una nostalgia tan acendrada como categórica.
Es en una de esas islas, San Vicente, donde Cesaria Evora nació, en 1941. Y es en Mindelo, puerto comercial que fue deslizándose progresivamente hacia la decadencia, donde esta cantante de voz profunda y dulce vivió toda su vida.
Figura en ascenso
Considerada en Europa como la gran revelación musical de los años noventa -una hermosa paradoja teniendo en cuenta sus actuales cincuenta y siete años-, la fama le llegó tarde, pero no a destiempo.
Después de una juventud poblada de largas noches de bohemia, de sufrir toda clase de privaciones y humillaciones, y de una reclusión de diez años en la casa de su madre, la cantante grabó su primera canción a fines de la década de los ochenta. No hizo falta esperar mucho tiempo para que saliera del anonimato y algunos críticos la bautizaran como la Billie Holiday africana. La edición de "Mar azul" (1991) y, en especial, de "Miss Perfumado" (1992) la convirtieron en una rara perla en la escena internacional. Hoy, esta mulata regordeta y reservada, de extraña mirada, que abandonó el alcohol por propia decisión pero sigue fumando como una chimenea, es "La diva de los pies desnudos". El nombre le fue dado por su costumbre de cantar descalza sobre el escenario. Orgulloso recuerdo de los tiempos coloniales en que a aquellos que no tenían zapatos, como era su caso, les estaba prohibido caminar por la vereda. Y, gracias a ella, la morna, ese blues oceánico cantado en creole caboverdiano, adquirió sus credenciales internacionales.
Nuevo disco
Con "Café Atlántico", su nuevo disco bajo el brazo, Cesaria Evora llegará por primera vez en Buenos Aires el 29 y el 30 de mayo, en La Trastienda. En París, donde tuvo su primer gran suceso, y a pocas horas del concierto íntimo en el que presentó su flamante producción, conversó con La Nación . En el creole de sus canciones, porque no habla más que ese dialecto lusófono salpicado de africanismos.
-Su nuevo disco es novedoso. Hay mornas, hay nostalgia, pero transmite también una alegría inédita, que no sólo proviene de las coladeras (otro estilo caboverdiano, más rítmico y movedizo).
-En el fondo, la música es siempre la misma. Yo provengo de la tradición caboverdiana. Pero hay cosas nuevas porque fue grabado en más de un lugar y participan músicos de otros países, lo que obviamente ha enriquecido mucho las canciones, el estilo.
-Justamente. Por primera vez visitó Cuba y trabajó con instrumentistas caribeños. ¿Cómo fue la experiencia?
-Estuve solamente una semana y grabamos en total tres canciones con músicos locales, incluida una en español ("María Elena"). No me sentí extraña porque descubrí que Cabo Verde y Cuba tienen muchos puntos de contacto. Los instrumentos que usan son similares, el espíritu también. Fue en realidad una manera de introducir cosas nuevas. La experiencia fue buena... Tan buena que a mi banda le agregamos tres músicos cubanos, aunque no son los que participaron en el disco.
-También hay cierto aporte brasileño, como el del arreglador Jaques Morelenbaum.
-Con los brasileños hay más puntos de contacto todavía porque usan exactamente los mismos instrumentos que nosotros. La misma clase de percusión, mucha guitarra, tienen hasta una especie de cavaquinho (suerte de charango). Es muy fácil trabajar con ellos porque San Vicente y Mindelo tienen algo de ellos.
-¿Qué otra novedad tiene el CD?
-En mis discos siempre canté temas de nuestros compositores tradicionales, como Manuel de Novas o B. Leza. En "Café Atlántico" hay un tema de cada uno, pero lo más importante es que hay muchas canciones de compositores nuevos. "Carnaval de San Vicente", por ejemplo, el tema principal, es de Pedro Rodrigues, originario de otra isla del país y que actualmente vive en Angola. Vino hace cuatro años por primera vez a mi isla a ver el carnaval y quedó tan impresionado que compuso esta canción en su honor. Cuando canto que "San Vicente es un brasilin" (un Brasil en miniatura) es cierto. Nuestro carnaval se parece mucho, aunque, claro, es más modesto. Pero esto pasa en San Vicente, que es bastante distinta del resto. Es la más alegre y noctámbula de todas las islas de Cabo Verde.
-La morna surgió en Mindelo. ¿Hasta qué punto las características portuarias de la ciudad influyeron en el estilo?
-En mi juventud había mucha gente de todos lados. No sólo marinos. Las compañías inglesas explotaban carbón. Había portugueses, por supuesto, con el fado. Pero también italianos, e incluso japoneses. Todo eso dejó mucho a nuestra música. Ese movimiento hoy casi desapareció. Hay más en la isla de Santiago (al Sur, donde se encuentra la sede del gobierno en Cabo Verde). En San Vicente quedamos sólo nosotros, los habitantes del lugar, y nuestra música tal como es.
-"Café Atlántico" parece un homenaje a aquellos bares en que cantaba en su juventud.
-En realidad, la idea surgió de mi productor, José da Silva. Como en el disco hay gente de Cuba, de Brasil, de Cabo Verde, se forma una especie de triángulo que nos une a través del océano. Lo de "café", por supuesto, recuerda los viejos tiempos, pero todavía hoy siguen existiendo. No tantos, claro. Hay más night clubs, restaurantes, pero no desaparecieron.
-¿La palabra Atlántico hace referencia también al tema de la emigración?
-Eso siempre está presente. Para nosotros, desde siempre, el mar es el que lleva y trae a la gente. Algunos vuelven para quedarse, otros vuelven de vacaciones, muchísimos no retornan nunca. Es parte de nuestra cultura, de nuestra música.
-Buena parte de los músicos caboverdianos vive desde hace décadas en el exterior. ¿Nunca sintió la tentación de partir cuando empezó a ser cortejada por países como Francia?
-Pasé toda mi vida en Mindelo. Mi cultura está ahí, al alcance de la mano. Sinceramente no me gustaría ni podría vivir en ningún otro lugar. Sólo salgo para cantar. Hago mi trabajo y vuelvo a mi casa. Este año voy a estar afuera casi todo el tiempo. Pero no extraño porque estoy concentrada en mi música. Eso sí, hablo por teléfono todo el tiempo.
La diáspora caboverdiana
La celebridad no cambió las costumbres de Cesaria. Que el gobierno de Cabo Verde la considere hoy una virtual embajadora cultural del país, la voz que puso las islas en el mapa del mundo, no parece preocuparle en lo más mínimo. Antes de cada show ella misma se plancha la ropa que lucirá sobre el escenario. El único agregado a su ascética indumentaria son los anillos y pulseras de oro que luce en sus manos. Y, como siempre, sigue poniéndose triste si entre el público no descubre a algún miembros de la diáspora caboverdiana (se calcula que más de un tercio de la población vive en el extranjero).
"Es porque veo muy poca gente de mi país cuando estoy de gira. Sólo en Holanda o en los Estados Unidos, donde hay una colonia importante, encuentro a algunos. Pero ya estoy acostumbrada. Sinceramente, hoy lo que más me gusta es cantar, y cantar para todo el mundo."
Si los primeros éxitos de Cesaria fueron europeos, hoy Estados Unidos está cayendo también bajo los encantos de su voz. Madonna es su primera admiradora ("sí, es muy fanática de mí", dice, con una pasmosa tranquilidad) y sus conciertos en el país del Norte son siempre a sala llena.
"Soy la primera sorprendida. Tuve mucha suerte allá. Fue gracias a "Bésame mucho", que grabé para la película "Grandes esperanzas". Cuando entré en el estudio jamás me habría imaginado que esa canción me iba a abrir las puertas de Estados Unidos. Es pura casualidad." La modestia de Cesaria está en perfecta sincronía con la inocencia con que expresa sus ambiciones. Tal vez recordando aquellos tiempos en que prefirió abandonar el canto por orgullo, porque no la trataban como una profesional, siente que su éxito actual está en el orden natural de las cosas. Le encanta coleccionar sus discos de oro como si se tratara de juguetes. Se sabe también las cifras de ventas de sus obras al dedillo y las recita con placer aritmético.
"Ya me nominaron tres veces para los Grammy, que me parecen algo muy importante. Nunca me lo dieron -se ríe, hace un gesto con las manos que sugiere que está acostumbrada a las largas esperas-, pero, no sé por qué, estoy segura de que algún día me lo van a dar. Es apenas una cuestión de tiempo."
Lo que viene
Cesaria tiene una larga lista de jóvenes discípulos dispuestos a sorprender. Con su primer disco, "Criolinha", de mornas y coladeras con una estética moderna, la cantante Fantcha asoma como una de las artistas más prometedoras de Cabo Verde. Se suman a ella María-Alice, con el exquisito disco "D´Zencontro"; "Nós morna", del compositor Ildo Lobo; "Di alma", de Teófilo Chantré y "Nha primeiro lar", de Paulino Vieira, editados por el sello Lusáfrica. La avanzada musical de la isla está en marcha. Materia prima no falta.






