
Charango en flor
Una generación de músicos que sigue el camino abierto por Jaime Torres otorga al tradicional instrumento acompañante un nuevo rol protagónico en el folklore.
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La charanguista Adriana Lubiz recuerda cuando era chica y juntaba monedas para ir con su mamá a los recitales de Jaime Torres. "Muchos de nosotros crecimos escuchando a Jaime o a Mauro Núñez (charanguista boliviano y maestro de Torres), porque son los que se animaron a hacer otra cosa -dice la docente e intérprete-. Jaime es el tipo que puso el charango en el mundo, y junto con él a una cantidad de gente."
Pero los tiempos cambiaron. Ahora son varios los charanguistas que se animan a "hacer otra cosa". Graban discos solistas, estudian, componen obras para charango y orquestas, participan en congresos internacionales, y se dedican apasionadamente a difundir esta especie guitarrita de cinco cuerdas dobles, para borrar esa imagen de instrumento menor y transformarlo en protagonista.
Rolando Goldman, Ariel Carlino y Daniel Navarro son porteños -tienen entre 30 y 40 años- e integran, junto a Lubiz, una nueva camada de artistas que en la última década se abocó al desarrollo del instrumento. "Creo que el cambio tiene que ver con una mayor rigurosidad en el estudio. El charango tiene posibilidades armónicas, melódicas y expresivas que van más allá del mero acompañante. Desde hace años, mucha gente trabaja en ese sentido", dice Goldman, que acaba de estrenar su primer CD solista.
Según Carlino, ellos pertenecen a una nueva generación que pudo "revalorizar y profundizar sobre el instrumento", tomando la herencia de sus antecesores. Por eso hablan de la tarea compositiva de Kelo Palacios, de la labor docente de Arnoldo Pintos y del Colla Mercado, y de intérpretes como Roberto Márquez.
La ruta del quirquincho
Navarro es el último en sumarse a la charla y el primero en armar la polémica. Con sus opiniones logra que sus compañeros se trencen en una dura discusión acerca del origen y la clasificación del charango: ¿criollo, autóctono o indoamericano?
De los puntos comunes de cada discurso se deduce que este instrumento representó una reacción cultural (era la antítesis de la vihuela) y que sirvió para tomarles el pelo a las costumbres españolas. En la charla también aparece una frase del investigador Peter Parodi, que lo define como "la interpretación posible de un instrumento de cuerdas para el mundo andino".
Pero lo curioso es que actualmente el charango no está limitado a las músicas andinas. Goldman sintetiza el fenómeno explicando que esta especie de guitarrita con caja de quirquincho tuvo su cuna en Potosí, en el siglo XVIII, pero luego se expandió por varias regiones de América y en cada lugar adoptó características propias. "No tiene que ver exclusivamente con lo andino, justamente porque es un instrumento de grandes posibilidades. Ahora aparece en distintos estilos, no como algo raro, sino como una sonoridad interesante."
La pérdida de prejuicios es otro de los factores que aportan a esta tendencia. Carlino cuenta que, diez años atrás, su origen porteño lo desacreditaba como instrumentista. "Hoy es más importante el respeto que tengas por el instrumento que el lugar de donde vengas -asegura-. Hay gente que es auténtica representante de la región andina. Yo no lo soy, ni tengo por qué serlo."
Goldman : Pero tenemos una identificación con esa cultura. Quizás comienza de manera casual hasta transformarse en una postura política y cultural ante la vida.
Lubiz: Creo que somos una mezcla. Yo soy una mezcla de música andina, tango y Spinetta. Y cuando elegís un instrumento para decir lo que querés, eso se nota.
Navarro: Yo nací en San Fernando y, necesariamente, mi folklore va a tener un costado urbano. No nací en el cerro, aunque lo conocí, lo visite y siento la necesidad de volver cada tanto para refrescar un poco la fuente.
Carlino: Porque también conservamos la esencia. El charango ya está inventado y suena de esa manera. Nosotros no queremos reinventarlo.
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