
Amanecer de medio siglo agitado
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Cumplió 50 años, grabó dos discos -Sí, un cd doble con los recitales de Sui Generis en Boca y en Parque Sarmiento maravillizados según su personalísima técnica en estudio; y Dos edificios dorados, un disco instrumental en su mayor parte, que pronto saldrá a la venta en los kioscos- y ganó un juicio (aquella vez que fue a buscar a su novia a la puerta del colegio y se pudrió todo, ¿te acordás?). Charly 2001: una vez más, personaje del año.
-¿Qué fue lo mejor que te pasó en 2001?
-Haber ganado el juicio que me hizo la policía de Morón por desacato a la autoridad y lesiones a un par de policías. Era la primera vez que me veía en un juicio con jueces, testigos… Y después de que pasaran más o menos veinte policías y los protagonistas de aquel episodio, me tocó hacer mi alegato. Inspirado en esos films donde el acusado o su abogado hacen un discurso donde inevitablemente, por la mitad, empieza un crescendo de violines y orquesta que termina con aplausos, fui directo al punto.... al punto punto. Según la experiencia que tengo por los reclamos que me han hecho, siempre parece ser preferible alegar estar borracho o drogado al cometer algún tipo de crimen, que alegar razones más saludables como la rabia, el amor, etcétera. La mayoría de las personas del tribunal eran hombres grandes, a los cuales les dije que yo no estaba drogado ese día. Y les pregunté si nunca habían ido a la salida del colegio a buscar una novia, que no sabían lo que se perdían, y que lo que ellos veían como producto de las drogas era producto de una sensación que se usa mucho en las películas, que se llama amor. Después de algunos años he logrado determinar que todos los juicios que me hacen son, básicamente, para sacarme plata. Espero que algún hijo de algún juez lea la Rolling Stone y que de aquí en adelante los jueces sean menos cholulos.
-Acabás de terminar el segundo disco que grabaste en el año…
-Así es. No suele ocurrir que un artista grabe dos discos en el mismo año. Después de un tiempo de carrera, casi todos los músicos empiezan a componer sólo doce canciones por año, las justas para grabar un disco, y a ensayar sólo cuando tienen un recital cerca. Desde hace bastante, más o menos desde la época de La hija de la lágrima, mi intención es revisar los conceptos preestablecidos de la vida de un músico. Se ha sofisticado, encarecido y sobrevaluado caprichosamente el proceso de lo que tarda una canción en llegar al público o lo que se necesita para hacer un show. Los managers tiene sus propios managers, los músicos se preguntan si queda bien llevar un peluquero a las giras, si hay que llevar dos coristas o tres cajas por lado... Encima llegó el Pro Tools, un programa de computación que reemplaza a los estudios de grabación, que ayuda a los músicos malos: corta, afina, agrega, los hace entrar a tiempo... Mucha gente piensa que todos los discos suenan igual, y tienen razón, ¡porque nadie se puede equivocar! Yo no quiero ser parte de esa maquinaria. Por eso, cuando empecé con La hija de la lágrima, tocaba acá enfrente de mi casa, en Júpiter, todas las noches, y me pintaba las uñas para que los chicos miraran cómo tocaba. Eliminé las barreras entre el público y yo, y creo que fue la mejor decisión que pude haber tomado.
-¿Cómo es "Dos edificios dorados"?
-Es una serie de improvisaciones y temas nuevos, recopilados por el ingeniero español Marcos Sanz y grabados al final de las sesiones de discos anteriores, en España y acá. Tiene algunas canciones cantadas. "I’m Not In Love" es mía y habla de cómo ven los demás mis estados de ánimo: cuando estoy deprimido, en silencio, mal, la gente suele pensar que estoy bien; cuando estoy feliz, eufórico, me quieren llevar preso, dicen que estoy drogado... "Influenza" es un tema de Todd Rundgren que pasé al castellano, y "Dos edificios dorados" es el tema de David Lebón que ya había grabado una vez en El aguante… Hay un concepto que sobrevuela el disco, que es el vuelo de los islámicos contra las Torres Gemelas… Justo cuando estaba escuchando el tema de David aparecieron por televisión las imágenes de las Torres. Y lo que era un tema devocional, de reafirmación espiritual, pasó a ser un tema rabioso, amenazante… Me imaginé a David pisando Nueva York cual Godzilla… Me imaginé también a un musulmán caminando por las vías del tren con una bolsita de linyera, que le escribe a su novia que trabaja en las Naciones Unidas o en el World Trade Center. La civilización islámica es tan delirante como la cristiana o la judía, pero tiene unos mitos, o unas interpretaciones de esos mitos, mucho más letales. En una revista de música clásica leí un artículo sobre las colonias del norte de Africa, de costumbres islámicas, a principios del siglo pasado, hasta 1915. Los ingleses hacían funciones de cine para entretenerlos y bajarles data, y el público veía las películas… con los ojos cerrados. La historia me inspiró un tema instrumental acorde con el espíritu de los tiempos; se llama "Película sordomuda". El disco es casi todo solo de piano, y también de piano preparado, o sea, con encendedores y objetos adentro del piano para hacer sonidos percusivos… Va a salir en los kioscos, con algunas de mis pinturitas y con partituras para que los pibes que estudian piano lo puedan tocar.
-¿Qué es lo peor que te pasó en el año?
-... (Piensa) La verdad que no se me ocurre nada. No me pasó nada muy terrible... Cumplir 50 años no tiene nada de malo... (se ríe).
-No, claro...
-Es mucho mejor que cumplir 49... (ríe otra vez) Ya que estamos, otra cosa que quiero poner como lo mejor del año es mi fiesta de cumpleaños. Uno se acostumbra a que lo quieran, y a veces pierde un poco la noción del cariño de la gente. Me emocionó mucho haber recibido tanto afecto de los músicos, de los amigos, del público. Estoy muy agradecido.






