
Charly García y el Himno
Por René Vargas Vera.
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La noticia es ésta: un fallo judicial autorizó a emitir por las radios del Servicio Oficial de Radiodifusión (SOR) la versión rockera del Himno Nacional Argentino (registrada por Charly García en su disco "Filosofía barata y zapatos de goma", de 1990).
La Cámara Federal adujo, ratificando un fallo en primera instancia, que la pieza compuesta por Charly no constituye una ofensa al símbolo.
Charly García tiene derecho a realizar, en cuanto músico, y desde el espacio de la libertad y la creatividad, versiones de obras musicales. El valor de su aporte dependerá del resultado estético, es decir, de la empatía alcanzada con el tema elegido, sea simplificado o reelaborado. El resultado interesará más que la intención, confesa o no.
Por esto será inútil conjeturar -al margen de si la Justicia lo hizo- los reales propósitos de Charly al encarar la versión. Pudo ser desde su identificación con el Himno, desde su actitud iconoclasta, desde su predisposición al escándalo, desde sus simples ganas de transformarlo o aggiornarlo a los nuevos tiempos.
Un solo detalle habrá que tener en cuenta. En todos los casos, Charly debe de haberse percatado que estaba reformulando no cualquier canción (digna, por otra parte, del respeto de todo cantante, instrumentista y arreglador) sino nuestro Himno, es decir, uno de los símbolos de la nacionalidad.
Esto, al margen de si la música escrita por el catalán Blas Parera -inspirada acaso en la Sonatina op. 36, Nº 4, de Muzio Clementi- ostenta o no un alto valor artístico.
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La versión de Charly García es, objetivamente, una simplificación del Himno Nacional, tanto melódica y armónica como rítmicamente. Un teclado electrónico y una batería son el sostén fundamental del "Himno de Charly", como lo consignó un título. La melodía queda a veces planchada, o escondida en la trama, y se desdibuja, tornándose irreconocible en el estribillo "Sean eternos los laureles" y en su final "O juremos". También los acentos rítmicos se esfuman en el estribillo, entre golpes de batería.
Si Charly quiso exorcizar o redimir el Himno de las versiones ceremoniales con un piano destartalado, desafinado y aporreado en nuestras escuelas, su misión está cumplida. Pero su difusión radial oficial implica el riesgo de que los chicos -que admiran su talento- incorporen dicha versión como único modelo.




