Oliver y Jamie se conocieron chateando en Internet. Durante meses jugaron a seducirse hablando de la fascinación que sentían por la violencia sexual, hasta que decidieron salir juntos.
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Vieron un video que él había mencionado: Meet the Feebles, de Peter Jackson, una sátira de los Muppets en la que las marionetas se hacen cosas abominables unas a otras. Lo que sucedió a continuación no está muy claro –las versiones de Oliver y Jamie difieren bastante–, pero es indudable que las horas que pasaron juntos cambiaron sus vidas para siempre.
Diecisiete meses después de ese primer y único encuentro, en uno de los juicios más sensacionales y cuestionados de que se tenga memoria en la ciudad de Nueva York, Jovanovic fue acusado de secuestro, agresión y abuso sexual. Recibió una condena que oscila entre quince años y prisión perpetua. Se convirtió en presa fácil de la prensa amarilla. El juicio enfrentó a dos de los más enconados enemigos en el ámbito legal de la ciudad de Nueva York: la fiscal Linda Fairstein, jefa de la división de delitos sexuales de la oficina del fiscal de distrito de Manhattan, y el abogado defensor Jack Litman.
La historia de Oliver y Jamie va más allá de la relación entre dos personas inteligentes y con problemas de adaptación, cuyas vidas fueron destruidas por una cita que terminó demasiado mal. Dado que se conocieron en un sitio para chat en Internet, su penosa experiencia alimenta los temores generales acerca de lo que puede suceder cuando se establecen vínculos en la falsa intimidad del ciberespacio. Debido a que el juez aplicó una ley del Estado de Nueva York llamada rape-shield law (ley de protección en casos de violación), que permite excluir pruebas cruciales del juicio –lo que hizo posible que la demandante mintiera en su declaración testimonial ante el jurado–, este caso también pone en tela de juicio la validez constitucional de esa ley, que dice que no se puede juzgar el historial sexual de una víctima de violación.
Pero debe tenerse en cuenta la personalidad de Oliver Jovanovic. Decidió esconder sus inclinaciones bajo un manto de negación. Así, quedó indefenso ante los intereses vengativos del sistema de justicia penal. Si hubiera reconocido alguna de sus aficiones, tal vez en este momento estaría en libertad.
Durante todos sus años de estudiante en Columbia, Oliver vivió en un pequeño departamento de un ambiente en Washington Heights, un barrio de clase media, no muy caro, casi en el extremo norte de Manhattan. Cuando los alquileres del Upper West Side treparon a las nubes, muchos artistas y académicos mostraron predilección por este lugar. Oliver vivía apenas a dos cuadras de la casa de sus padres, un departamento chico, pero con todas las comodidades, en donde se había criado. Los veía con frecuencia. Ellos le prestaban ayuda financiera, dado que la principal fuente de ingresos que tenía Oliver era una reducida beca de la Universidad de Columbia. Uno de los lujos que le pagaban sus padres era un remise. A la noche, cuando andar en bicicleta era demasiado peligroso, lo llevaba de la universidad a su casa.
Generalmente, pasaba la tarde en la universidad. A la noche volvía a su casa y, hasta bien entrada la madrugada, trabajaba con sus computadoras; tenía cuatro en ese pequeño departamento. Se acostaba cerca del amanecer y se levantaba al mediodía. En muchos aspectos, la vida de Oliver era plácida y sin complicaciones, una combinación agradable de pasatiempos y estudios académicos.
Sin embargo, finalmente se estaba preparando para dejar el ambiente académico en el que había pasado toda su vida de adulto. En 1995, Oliver y su hermano, Adrian, habían fundado eMedia, una empresa de software, y ahora estaban lanzando al mercado su primer producto, un curso de guitarra en cd-rom. En cuanto terminara su doctorado, Oliver planeaba mudarse a Seattle, donde vivía Adrian. A pesar de sus limitados ingresos, parecía feliz; tal vez porque le gustaba la soledad. De todas maneras, mientras tuviera acceso a Internet, nunca estaría realmente solo. Pasaba algunas de sus horas monitoreando los sitios de chat de America Online, donde unos clics del mouse ponían a su disposición todo un universo de posibles compañeras para conversar.
La noche del 5 de junio de 1996, pocos meses antes de la fecha en que tendría que defender su tesis doctoral, Oliver estaba en su departamento, navegando por los sitios de chat de America Online. Su seudónimo era Gray y el de ella, Zutzut5. Su primera comunicación consistió en una conversación sin rumbo. Ya en ese diálogo él mencionó a Witkin, de quien escribió que "trabaja principalmente con cadáveres". Ella quiso saber a qué se dedicaba Oliver. "Soy investigador de genética molecular y biología computacional en la Universidad de Columbia, y tengo una empresa chica de diseño multimedia con mi hermano."
"¡Epa..! Me parece que me enamoré", le contestó ella. Y luego, al verificar los datos personales que Oliver había publicado online, su interés por "la música y las películas experimentales, el surrealismo, la alquimia, la filosofía ocultista, la magia ritual, la tipografía, el diseño, la biología, el aikido", Jamie agregó: "Sí, está confirmado, ¿cuándo nos casamos? Es probable que el destino nos haya cruzado. ¿Te gustaría ir a tomar un café?" Como respuesta, Oliver le envió "una versión digitalizada" de sí mismo. "Estás bastante bien", se entusiasmó Jamie.
Cambiando de tema, Oliver le mencionó un concierto de los Butthole Surfers en el que, durante una canción, mostraban una filmación en la que una pareja de mamboretás se apareaba, y finalmente la hembra mataba al macho. "Una snuff", observó ella. "Me gustaría hacer una para divertirme."
Para finalizar, Oliver le escribió: "Encantado de conocerte. De paso, me llamo Oliver". Esto es lo que le contestó su compañera de chat, quien afirmó que su nombre era "jamie allyson": "No puede ser…, no te llamás oliver, dios mío, es el nombre que más amo, le puse ese nombre a mi cocker spaniel… oliver, qué alucinante."
Pasarían cuatro meses antes de que volvieran a ponerse en contacto. El 9 de octubre, Jamie le mandó un mensaje por correo electrónico: "Seguro que no te acordás de mí", le escribió, "pero ayer estuve hablando del tema de las películas snuff". Oliver le contestó inmediatamente. Comenzó entonces un ida y vuelta ligero y seductor. La charla giró en torno de su interés compartido por la violencia sexual y el arte decadente. Por ejemplo, cuando Jamie le preguntó cuánto medía, Oliver le replicó: "¿Por qué preguntás? ¿Te gustaría que te descuartizara un extraño alto y oscuro, o algo por el estilo? A veces soy extraño y oscuro, pero soy de estatura normal, así que tal vez te convenga buscar en otra parte."
El 17 de noviembre, claramente perturbada, Jamie le escribió que habían atacado a Karen, su amiga íntima. "Pasé la noche en la guardia del hospital. Violaron a una chica que conozco y la tuve que llevar a la rastra, mientras pateaba, me rogaba y me gritaba cosas sin sentido." Jamie estaba obviamente afectada por la violación de su amiga, por lo que Oliver se comunicó con ella de inmediato y le envió su teléfono para que lo llamara si necesitaba hablar con alguien.
Ella no lo llamó, pero en sus mensajes siguientes le contó de otro caso de violación. Esta vez, la víctima era Luke, el tipo con el que salía. Según Jamie, Luke era "como William Burroughs: un ateo bisexual; una especie de camarada para mí". Tenía ocho personalidades, una de las cuales era una lesbiana llamada Rachel. A continuación, Jamie le contó sobre la violación de Luke. (A esta altura, Oliver había intuido que el relato la excitaba.) En tiempos de la secundaria, durante un viaje de estudios con sus compañeros, a Luke lo había atacado un chico que trabajaba en el hotel en el que estaba alojado; el chico lo ató a la cama y "lo montó, sin usar preservativo, con un cuchillo en la garganta…".
Jamie utilizó esa anécdota para contar historias de su propia vida sexual con Luke, dando a entender que la experiencia lo había convertido en sadomasoquista. Y agregó: "Ahora me convertí en su esclava; es doloroso, pero el tormento se compensa con la diversión que me causa decirles a mis amigos «soy sadomasoquista, ¿sabés?»"
Hasta ese momento, Oliver no le había prestado mucha atención al diálogo que en los últimos días habían mantenido por correo electrónico, pero esto sí que lo despertó. Le contestó enseguida: "¿Así que a veces te gusta la sumisión? ¿Por qué no me lo dijiste antes? Tenés que ver la versión sin cortes de Tokyo Decadence" (una película under famosa por su contenido sadomasoquista). Veinte minutos más tarde, Jamie le respondió: "Sí, yo soy una de ésas a las que los alegres fanáticos del dolor que van al Vault (un local para sadomasoquistas ubicado en Manhattan) llaman «culo insistente»." Oliver sabía exactamente lo que en la jerga del sadomasoquismo quería decir "culo insistente": una persona que, si bien tiene un papel sumiso, exige más abusos de su compañero dominante. "Los tabúes existen para que uno los rompa", le escribió Oliver, dos horas más tarde. "¿Cómo es que conozco tanto? Estudié o practiqué la mayoría de las cosas de las que hablamos."
El siguiente intercambio llevó la relación a un nuevo plano. Oliver dejaba bien en claro sus intenciones y Jamie parecía entender perfectamente lo que él le decía.
Jamie: Creo que te gusto… pero tengo la sospecha de que sos… bueno, me parece que las chicas no te entusiasman mucho.
Oliver: La mayoría de las chicas no me gustan mucho. Generalmente, las que me provocan alguna reacción tienen algo de masculinas.
Jamie: Yo no soy sexual, ¿sabés? Para mí, lo divertido es lo asqueroso. Lo asqueroso me resulta muy erótico… Bueno, Oliver, esto se está poniendo un poco íntimo, ¿no? Y el descuartizamiento sigue siendo una amenaza latente. ¿Qué debería hacer una chica en mi lugar?
Oliver: La pregunta sigue siendo… ¿Te llamo yo o me llamás vos?
Jamie: Mmmmm…
Ella le dio su número de teléfono y agregó: "A eso de las tres de la mañana voy a estar en casa."
Esa noche, deseoso de conocerla un poco mejor, Oliver la llamó. Durante la conversación telefónica, que duró más de cuatro horas y media, comenzaron a hablar de sus vidas y de su pasado. Sus orígenes no podían ser más diferentes. Oliver se había criado en una atmósfera refinada típica de europeos emigrados. Su madre, Sabina, era violinista del New York City Ballet, y su padre, Svetozar, era el profesor de ajedrez de la Dalton School, una escuela de elite. Tanto Oliver como su hermano menor, Adrian, habían sido prodigios del ajedrez. En la mesa familiar, las conversaciones versaban sobre Kierkegaard y Shakespeare. A los 30 años, Oliver ya había obtenido tres títulos universitarios y estaba a punto de terminar un doctorado. Leía tan rápido que podía liquidar con facilidad tres libros en una sola noche. Además, con regularidad disponía su tiempo para actividades en la universidad: hacía trabajo voluntario resolviendo los problemas que pudieran surgir con las computadoras en el departamento de Biología de la Universidad de Columbia y también era allí el jefe del grupo de usuarios de Macintosh. A pesar de todo eso, "Oliver siempre estaba cuando sus amigos lo necesitaban", afirma Shelley Eshkar, una amiga que trabaja en diseño gráfico. "Era realmente muy bueno para aconsejarte acerca de la profesión. Sé que, cuando lo necesité, él me dio una mano."
Cuando habló por teléfono con Jamie esa madrugada, Oliver se abstuvo de revelar algunas cosas personales. Por ejemplo, hasta qué punto se veía impulsado a mantener correspondencia con mujeres acerca de fetiches sexuales. En una de sus computadoras poseía un archivo, el "Jardín Secreto", que contenía un resumen de las características de una buena cantidad de mujeres que había conocido en el ciberespacio. Lo actualizaba regularmente, entre otras cosas, con información acerca de las preferencias sexuales de éstas. La correspondencia que conservaba en sus computadoras, formada en gran parte por intercambios de mensajes de correo electrónico con esas mujeres, sumaba cientos de miles de páginas.
Algunos de esos intercambios guardaban una inquietante similitud con la correspondencia que llevaba con Jamie. El 6 de septiembre de 1996, por ejemplo, mantuvo el siguiente diálogo con una mujer cuyo seudónimo era MaidenPurr: "¿Te gusta morder?", preguntó ella. "Generalmente no hasta el punto de desparramar sangre por todos lados", respondió Oliver. "Detesto tener que limpiar." Unos días más tarde, al igual que con Jamie, reflexionaba con MaidenPurr sobre su sexualidad: "Cuando era más joven, era más bisexual. Ahora soy heterosexual, aunque me doy cuenta de que a veces me atraen las mujeres masculinas." MaidenPurr: "¿Mujeres masculinas, eso qué quiere decir… pelo corto, sin tetas, ese estilo?" Oliver: "Personalidad y apariencia."
Jamie le contó a Oliver la historia de su vida, aunque retocó algunos detalles. Nacida en Salamanca, se crió en un barrio de clase baja, en una calle llena de casas agradables, bien mantenidas… con excepción de la de su familia, descripta por una fuente como "descuidada… en estado de deterioro". La niña tuvo una infancia turbulenta. Tiempo después, uno de sus vecinos declararía ante un investigador que "en ocasiones se escuchaban gritos y palabras obscenas que provenían de la casa (de la familia)". Cuando los padres de Jamie se separaron, la madre se mudó con ella a Florida. Con el tiempo, la pareja volvió a unirse en Salamanca.
El padre, que trabajaba en un aserradero, sufrió algunos arrestos por delitos menores, tales como cultivar marihuana en el jardín. En un mensaje que le envió a Oliver, Jamie describió a su padre como "maligno".
En la secundaria, Jamie era rebelde, curiosa en lo intelectual y tal vez no del todo confiable. Al completar su ficha de información del último año, escribió: "A propósito, soy muy buena para mentir. ¿Lo incluyo en la lista de habilidades?" También se mostró proclive a pasar rápidamente a la ofensiva cuando consideraba que la trataban injustamente. Durante su primer año en la escuela, se quejó a las autoridades de que su padre y su tío la habían envuelto en una frazada y, contra su voluntad, habían tratado de llevarla a una fiesta familiar.
En el momento de elegir una universidad, se concentró únicamente en las de Nueva York –nyu, Columbia, Parsons– porque uno de sus sueños era vivir en Manhattan. Finalmente fue a Barnard. Sus compañeras de habitación de entonces la describieron como "solitaria". Jamie desarrolló una afición por la literatura beat, el sexo no convencional (el sadomasoquismo, por ejemplo) y todo lo que fuera transgresor.
Aunque se esforzó por impresionar a Oliver, hubo muchas cosas que Jamie no compartió con él cuando tuvieron aquella única conversación telefónica. No mencionó que, al término de la investigación policial, se determinó que la violación de su amiga Karen no había sido tal. Tampoco habló de otros comportamientos más inusuales. "Jamie siempre se llevaba la tarjeta de crédito de su padre y cargaba cosas a su cuenta sin que él lo supiera", afirma un familiar cercano. "También libraba cheques a la cuenta de su padre, hasta que empezaron a rebotar. Sin embargo, lo que más recuerdo de Jamie es cuánto le gustaba fingir."
Más allá de los temas que hayan tratado Jamie y Oliver por teléfono, la conversación anduvo tan bien que decidieron salir aquella noche. Era la primera vez que se verían en persona.
Apenas regordete y de estatura mediana, de ojos azules y penetrantes, Oliver tenía un atractivo misterioso.
Consciente de su propio atractivo sexual, Jamie se manejaba con un cierto encanto aristocrático. Después de todo, vivía tratando de dejar atrás su pasado; la ropa que usaba (elegante y cara) y su postura altiva le conferían un aire de refinada seducción.
Aquella noche de viernes, Oliver pasó a buscarla en auto por el alojamiento estudiantil. Cenaron, se perdieron la película y terminaron en el departamento de él. Tiempo después, Oliver afirmó que durante su encuentro sexual no ocurrió nada violento y que lo que hicieron fue con el consentimiento de ambos. Jamie, en cambio, declaró que lo que había sufrido alcanzaba el rango de tortura física y sexual. En realidad, ni siquiera se pusieron de acuerdo en cuanto a la hora en que ella se fue. Oliver dijo que se había ido el sábado alrededor de las 16, mientras que Jamie afirmó que había dejado el departamento el mismo día, pero a las 22… una diferencia que resultaría crucial en el juicio de Oliver.
Luego de abandonar el departamento, Jamie pasó la noche con Luke, quien afirmó haber notado, cuando ella se sacó el pulóver para acostarse, que tenía un moretón en el seno derecho… Un moretón que también Oliver declaró haber visto apenas Jamie se sacó el pulóver en su departamento. Al día siguiente, ella volvió al alojamiento estudiantil. Desde allí, llamó a su madre para contarle lo que le había sucedido. Luego les confió a sus amigas que la habían violado. También leyó un mensaje de correo electrónico que le había enviado Oliver a última hora de la noche del sábado. "Tengo la sensación de que la experiencia puede no haber sido tan positiva como yo esperaba", escribió.
Jamie le contestó al día siguiente. Tildándolo de "enfermo y equivocado", opinó: "¿Qué debería decir, que la experiencia, ahhh, me va a quedar como un buen recuerdo..? Bastante golpeada, mental y físicamente, pero nunca tan feliz de estar viva, ahora, si estoy feliz es únicamente porque no me morí, bueno, algunos lo pondrían en duda. Pero igual está todo bien en la calle 116… Feliz como siempre, con un entusiasmo renovado por la vida: Jamie".
Ese fue el último mensaje de correo electrónico que intercambiaron.
Durante los tres días siguientes al encuentro con Oliver, Jamie sufrió "hemorragias vaginales" y "(no pudo) evacuar los intestinos debido al dolor", como declararía más tarde. Pero no solicitó asistencia médica hasta el cuarto día, cuando fue a ver a la doctora Carlene Chin Quee, la ginecóloga de la universidad. Al revisarla, Chin Quee le encontró un moretón en la parte superior del seno derecho y otro en el pezón derecho, ambos del tamaño de una moneda de 50 centavos. No encontró lesiones o laceraciones en la zona pélvica, aunque notó una "sensibilidad generalizada". Tampoco advirtió signos de penetración anal, aunque Jamie declararía luego que Oliver la había violado y sodomizado con un objeto semejante a una cachiporra de policía.
La madre de Jamie llamó al personal de seguridad de la universidad para denunciar que su hija había sufrido una violación. Cuando se pusieron en contacto con la policía, los agentes llevaron a Jamie a la División de Víctimas Especiales para que hiciera la denuncia… cuatro días después de haber dejado el departamento de Oliver.
El 30 de noviembre, luego de informar a las autoridades policiales que Oliver la había violado, Jamie envió un mensaje de correo electrónico a un amigo en Inglaterra: "Lo que hizo Oliver, además de poner en peligro mi vida, fue hacer caso omiso de mi voluntad. Qué hijo de puta. Así que ahora lo voy a hacer arrestar. Vamos a ver si le gusta ir a la cárcel por un tiempo."
Mientras tanto, Oliver seguía escribiéndose con otras mujeres. El 24 de noviembre, cuando Electra69r le preguntó si prefería atar o que lo ataran, contestó: "Atar, a menos que conozca muy bien a la otra persona." Dos días más tarde –apenas algunos después del incidente con Jamie–, le dijo a Hellcat902: "Los límites entre el sexo con y sin consentimiento no son claros, y con eso tengo problemas."
La tarde del 27 de noviembre, jamie, nerviosa, se sentó en una oficina cualquiera de la División de Víctimas Especiales del Departamento de Policía de Nueva York. Inclinada sobre un anotador, escribió su versión de una noche de espanto. Comenzó relatando que, una vez que terminaron de ver la película Meet the Feebles, Oliver le ató las piernas al colchón sobre el que estaban sentados y le ordenó que se sacara el pulóver. "Todavía no había razón para no confiar en esa persona", escribió, "y me sorprendió un poco que me hiciera eso, es decir, que me expresara afecto, por extraño que fuera, porque tenía entendido que él era homosexual".
En ese momento, según Jamie, la situación se descontroló. Oliver prendió una vela y le derramó cera caliente sobre el cuerpo. Ella gritó y le pidió que la soltase, pero él no le hizo caso. Le mordió los senos y los pezones, le derramó cera caliente en el estómago y en la vagina. "Me puse a gritar y a patalear. «¡Basta! ¡Desatame!»" Oliver le dijo que dejara de gritar y la amordazó con una venda elástica y con cinta aisladora. "¿Hay alguna otra cosa que no querés que te haga?", le preguntó. A través de la mordaza, Jamie se las arregló para contestarle: "Sí, no me hagas nada por lo que te puedan arrestar."
Sin embargo, Oliver comenzó a hablar de "Jeffrey Dalmer (sic)". En su declaración, Jamie escribió: "«¿Sabés quién fue la única víctima que se escapó?», me preguntó. «¿Vos?», le contesté." La desató y la llevó hasta la cama, donde le ató las muñecas a los tobillos; luego tomó un bastón negro de plástico –"del tamaño de una cachiporra de policía"– y le pegó en los muslos. Le dijo que abriera las piernas. "Y no las abrí. No iba a dejar que un tipo me pegara con un bastón en el área más sensible del cuerpo. Así que me volvió a morder el pezón y el seno, la segunda área más sensible del cuerpo (que en ese momento estaba más sensible por las mordeduras y la cera)." Luego, Oliver volvió a amordazarla, y también le vendó los ojos. "Yo no veía nada porque estaba de espaldas y con los ojos vendados. Pero sé que me metió algo en la vagina y en el ano. A esa altura estaba aterrorizada, porque pensaba que iba a terminar muerta y descuartizada, así que lo único que quería era dejarlo contento."
En el anotador de la comisaría, Jamie escribió que estaba "segura de que no me introdujo el pene", ya que "es biólogo molecular de la Universidad de Columbia", lo que para ella significa que él se cuida de las enfermedades de transmisión sexual.
Cuando se despertó, al día siguiente, él le dio un sermón acerca de los peligros de ir al departamento de un desconocido. Luego de desatarle las manos, le mostró algunas de sus tomas de artes marciales y comenzó a hablar de descuartizamientos. "Entonces me volví loca", escribió Jamie. "Ataque de pánico. Me desaté los pies mientras él trataba de detenerme." Se vistió y corrió al subterráneo, mareada y con los oídos zumbando.
Cuando Jamie terminó de escribir la declaración, se la dio a un agente y se fue de la comisaría.
Ya avanzada la mañana del 5 de diciembre, dos policías se presentaron en el departamento de Oliver para interrogarlo. Después de husmear un poco –luego afirmaron que habían visto dos velas rojas largas–, los agentes llevaron a Oliver a la comisaría 26a y lo arrestaron cuando se negó a declarar sin la presencia de su abogado. A continuación, Oliver llamó a sus padres, quienes se pusieron en contacto con Jeffrey Newman, el abogado de la familia.
Newman es un defensor de los derechos de las víctimas conocido por haber sido asesor del equipo de la fiscalía de Linda Fairstein durante el caso Robert Chambers/Jennifer Levin, llamado "El caso del niño bien asesino". El abogado le dijo a Sabina Jovanovic que fuera directamente al departamento de Oliver y que esperara a que llegara la policía, cosa que ella hizo. La policía arribó a la una y media de la mañana y desmanteló el departamento, llevándose computadoras, cinturones que normalmente se utilizan en el aikido y una espada de madera utilizada también en artes marciales. No encontraron las velas rojas, por lo que acusaron a Sabina de haberlas retirado del departamento.
Durante la instrucción de la causa ante el juez Michael Gross, el 6 de diciembre, Newman tenía la esperanza de que su vieja amiga Linda Fairstein no tratara demasiado mal a Oliver, dado que ya le había explicado en privado que se trataba de una falsa violación. Luego de luchar por la condena de Chambers en el asesinato de Levin, Fairstein se había convertido en una estrella como defensora de mujeres víctimas de delitos sexuales.
Aunque fue declarado inocente de los cargos de abuso sexual calificado y de sodomía, Oliver fue condenado a cumplir de quince años de prisión a cadena perpetua, la condena obligatoria para el secuestro en primer grado. Cuando se leyó el veredicto, Oliver lloró abiertamente. Para Jack Litman, su abogado, fue un momento estremecedor.
Fairstein dejó boquiabierto a Newman –y también a los Jovanovic– cuando pidió una fianza de 500.000 dólares. La fiscal consideraba –tal como declararía luego– que éste era "un caso importante, dado que fue uno de los primeros relacionados con el sexo cibernético que involucró a la Internet".
El juez estableció una fianza de 350.000 dólares y fijó el 11 de diciembre como fecha de comparecencia ante un gran jurado.
The New York Post anunció a los cuatro vientos en su primera página: escandalo por violacion en la universidad de columbia, a partir de internet; mientras que Daily News tituló: estudiante de doctorado detenido por tortura sexual.
Cuatro días después de la aparición de la historia, los Jovanovic se dieron cuenta de que necesitaban un abogado defensor que pudiera hacerse cargo de una situación que, claramente, estaba fuera de control. Entonces entró en escena Jack Litman, el enemigo número uno de Fairstein durante el juicio al "niño bien asesino". Litman, a quien un colega calificó como una persona "un poco loca", tiene tanta labia que en una ocasión logró ganar un caso afirmando que uno de sus clientes, en defensa propia, le había disparado dieciocho veces a un "agresor", debiendo recargar su arma dos veces.
Litman es tristemente célebre por su tendencia a culpar a la víctima, especialmente cuando se trata de una mujer. Cuando lo contrataron para representar a Brian Peterson, un adolescente que, en una habitación de hotel, en Delaware, junto con su novia asesinó a su bebé recién nacido, para luego arrojar el cadáver a la basura, la madre de Jenniffer Levin comentó: "¡Si (Litman) pudiera echarle la culpa al bebé, no lo dudaría!" (Litman negoció un acuerdo de reducción de pena por el cual Peterson fue condenado a dos años de prisión.)
Dinámico, con voz temblorosa y registro de barítono, Litman tiene el porte de un jugador de fútbol americano y usa trajes de 2.000 dólares hechos a medida. Como padece una disminución auditiva, muchas veces finge no entender algo cuando simplemente no lo oyó. Aunque a veces su forma de hablar y su comportamiento parezcan desmentirlo, estudió en Harvard.
Con la ayuda de Adrian, el hermano de Oliver, los Jovanovic consiguieron los 350.000 dólares para la fianza.
Como preparación para el testimonio ante el gran jurado, el equipo de Fairstein hizo que el doctor Jacques Moritz, ginecólogo del hospital St. Luke’s-Roosevelt, revisara a Jamie. El examen médico, llevado a cabo el 16 de diciembre, más de dos semanas después de la supuesta agresión, debería haber preocupado a los fiscales, dado que la única prueba clínica que encontró Moritz, además de un moretón desvaído en el seno derecho, fue una laceración que podría haberse producido menos de dos semanas antes.
De acuerdo con los exámenes, no había pruebas clínicas de que Oliver hubiera violado o sodomizado a Jamie. Pero los fiscales determinaron que la versión de Jamie, combinada con el dato de las inclinaciones sadomasoquistas de Oliver, era prueba suficiente. Una vez que Fairstein se decidió a llevar el caso adelante, Gail Heatherly, una profesional agresiva, elegida para presentar el alegato, redactó una acusación formal que aparentemente prestaba escasa atención a los hechos. Los argumentos de la acusación son tan exagerados que pintan a Oliver como un maniático sexual digno de una novela barata.
El gran jurado se lo tragó y acusó a Oliver de dos cargos de secuestro, uno de abuso sexual calificado, un cargo de sodomía, cuatro de abuso sexual y tres de agresión. El cargo crucial de la acusación de Heatherly fue el de secuestro, fundamentado en la afirmación que había hecho Jamie de que él la había retenido contra su voluntad durante casi veinte horas. (En los Estados Unidos, para una acusación de secuestro es necesario que una persona retenga a otra, con intención de ocasionarle un perjuicio, durante doce horas como mínimo.) Oliver declararía que Jamie se había ido por lo menos seis horas antes de lo que afirmaba ella, y por propia voluntad.




