
Cida Moreira en el mundo Waits
"Canções para cortar os pulsos" (Canciones para cortarse las venas), de Cida Moreira (voz, piano) dedicado a Tom Waits. Con Gil Reyes (saxo, piano, arreglos y dirección) y Nicolás Capsisky (bandoneón). Dirección: Luciano Alabarse. Hoy a las 21 en el N/D Ateneo.
Nuestra opinión: muy bueno
El encuentro se venía presagiando desde hace tiempo, e inclusive ya había dado algunos indicios en actuaciones recientes de Cida Moreira. La obra de Tom Waits, esa riquísima colección de historias recogidas por el poeta y músico norteamericano en sus vagabundeos por todos los rincones de su país, esas piezas desgarradoras o emotivas que saben descubrir en cualquier hecho o en cualquier episodio alguna señal reveladora de la locura común o alguna manifestación de los conflictos íntimos que padece el hombre en su relación con el mundo parecía destinado a encender el fuego expresivo de la intérprete paulista.
Nada estimula más sus mejores dotes comunicativas que este tipo de canción dramática con la que puede construir pequeños esquicios teatrales. Por algo entre sus creadores favoritos está Chico Buarque (Cida fue una de las intérpretes de la puesta inaugural de la "Opera do malandro") y por algo ha dedicado espectáculos y álbumes a Bertolt Brecht, Kurt Weill, la influencia de quienes, nada casualmente, bien puede advertirse en más de una canción de Waits.
A Cida Moreira le molestan las etiquetas: detesta que se la incluya entre las artistas independientes o alternativas, según la terminología en boga. Para ella, todo es más simple: no hay posturas. Alejada de cualquier especulación comercial ("canto para mí y para quien me quiera oír, no ando a la pesca del éxito"), se da el gusto de frecuentar sólo a los autores que enriquecen su espíritu y a aquellos en los que descubre alguna afinidad personal. Por eso, muchas veces da la impresión de estar diciendo sus palabras, confesando sus vivencias (aun en este caso, cuando debe expresarse en una lengua con la que no tiene la familiaridad de la propia).
Seguramente también por eso, cuando formuló este programa -que en una muestra de su bravura acaba de estrenar lejos de casa, en Buenos Aires- no se puso a seleccionar hits para complacer al público ni dio preferencia a los títulos que mejor se acomodaban a las posibilidades de su garganta. Lo que escogió del vasto repertorio de Waits fueron aquellos títulos que sentía más próximos a su propia sensibilidad, segura de poder volcar en ellos la intensidad expresiva y el compromiso visceral que requieren.
Voz personal
La personalidad de Cida Moreira es lo suficientemente vigorosa como para hacerse dueña del material que interpreta: pronto se disipa la duda de la simple relectura. Las canciones teatrales de Waits dan la medida de ese vigoroso temperamento actoral de la artista brasileña, que ya había podido apreciarse en los recitales dedicados a Chico Buarque que ofreció aquí hace cerca de ocho años en el teatro Gloria. Ahora ha ganado en madurez, en seguridad. Administra con más sabiduría el caudal poderoso de su voz y busca por encima de todo transmitir su profundo compromiso expresivo, aunque en ese empeño sacrifique pureza técnica. No es perfección formal lo que exigen las canciones de Waits, sino convicción, vehemencia, tripas, emoción. Cida las tiene, y cuando las pone en juego en aquellos títulos que mejor se ajustan a sus dotes naturales, los resultados conmueven y resultan, a veces, estremecedores. Así sucede, por ejemplo, en la zona central del programa, donde se mezclan obras de Waits de distintas épocas y diverso carácter: "Picture On A Frame", "Tango Till They´re Sore", "Lonely", "Ol´55", y sobre todo la magnífica "Downtown Train". Otros momentos también son dignos de mención, como el más sereno que proporciona el curioso y atractivo ensamble de "Broken Bycicle", de Waits, con "Junk", de Paul McCartney (ocurrencia de Elvis Costello), o el cautivante "Everywhere I Lay My Head", donde Nicolás Capsisky sumó por primera vez en el programa los acentos de su bandoneón.
Inseparable compañero de aventuras musicales, Gil Reyes dibujó elegantes entramados camarísticos que realzan el notable trabajo de la cantante, se lució con el saxo y obtuvo interesantes combinaciones sonoras al unir piano, saxo y bandoneón. Luces y sonido fueron otros factores determinantes del sugestivo clima del espectáculo que hoy podrá verse por última vez.





