En la semana post Pearl Jam, un breve conteo de grupos que compartieron las camisas con Eddie y los suyos, pero no el éxito ni la supervivencia
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Puede que los más chicos no estén al tanto, pero créannos: hubo un tiempo (que sin duda fue hermoso) en el que uno pasaba por MTV y se quedaba un buen rato viendo a la historia del grunge escribiéndose en tiempo real. Épocas en las que Alfredo Lewin movía compulsivamente las manos al ritmo de estos pibes… ¿cómo era que se llamaban? Ah, sí: Nirvana, exitosa banda de Seattle con un cantante un poco inestable. O Pearl Jam, que muchos años después vendría a la Argentina a desatar la psicosis colectiva. Momentos que los treintañeros rememoran con cariño y que, claramente, ya no volverán.
El tema es que, así como hubo una primera línea de grupos que rotaban hasta el hartazgo y aún hoy son recordados ante su sola mención, también hubo una segunda línea (y una tercera, llegado el caso) que solo unos pocos memoriosos podrán evocar, no porque no sonaran tupido (de hecho la mayoría de ellos tuvieron, por lo menos, un mini-hit que pasaba y pasaba por la pantalla de la M), sino simplemente porque no escuchamos hablar de ellos prácticamente desde 1995. Y no estamos refiriéndonos aquí a padres del grunge como los Melvins, Mudhoney, Green River o los poco conocidos Tad, sino a aquellas bandas que hacían fuerza para colarse al pelotón de los grandes pero terminaron extintas (o aún siguen languideciendo) porque... no les dio el cuero. A continuación, cinco ejemplos al azar del grunge que no miramos.
Las Babes in Toyland (un trío de riot grrrls de Minneapolis) tenían tres fuertes conexiones con el grunge más "puro". Una era su amor por las formas del punk. Otra era la coincidencia generacional: se formaron en 1987 y grabaron su último disco en 1995, aunque estiraron su agonía con cambios en la formación hasta 2001. Y la última era... Courtney Love, su primera bajista, que luego desertó para formar Hole. Su disco Fontanelle (1992), producido por Lee Ranaldo de Sonic Youth, es imprescindible.
Paw se formó en 1990 y la venía pegando en el under. Las compañías se mataban por ficharlos: eran los "nuevos Nirvana". Hasta que se quedaron con A&M y sacaron Dragline (1993) y... apenas movieron el amperímetro. Con el segundo (Death to Traitors, 1995) pasó todavía menos, y el sello les devolvió el contrato. Su tercer trabajo Home Is a Strange Place (2000) llegó cuando el grunge ya era un recuerdo y, cómo no, se separaron. Hasta que en 2008 la nostalgia los volvió a unir para hacer unos shows y darle a sus fans lo que querían: más y más "Lolita".
¿Se acuerdan de Candlebox? Haber triunfado con una power ballad ("Far Behind") los convirtió en la pata pop del grunge de Seattle, tanto que muchos terminaron mirándolos de reojo por blanditos. Su historia prácticamente copia la del género que los cobijó: auge en 1993, comienzo del declive con su segundo álbum (Lucy, 1995), un par de años de buscarle la vuelta, ruptura y regreso en 2008 para vampirizar la memoria.
Cuando el apogeo del grunge primigenio ya estaba mermando, surgió una nueva camada de bandas que diluían el concepto de las originales pero todavía coincidían estilísticamente. Everclear fue una de ellas, algo más extrovertida que sus antecesoras pero igualmente amante de las guitarras ásperas. La mayor diferencia con las demás que aparecen en esta lista es que perdieron popularidad y cambiaron de formación, pero nunca dejaron de tocar: hace apenas dos meses editaron Return to Santa Monica, un disco de covers y reversiones de temas propios.
One hit wonders absolutos, The Nixons la pegaron con la archidifundida balada "Sister" y se durmieron en los laureles. Formados en 1990 pero recién editados oficialmente en 1995 (su debut Foma arañó el puesto 77 del chart de Billboard), disfrutaron de las mieles del éxito (¡llegaron a compartir fechas con Kiss y Radiohead!) y luego se fueron apagando lentamente hasta disolverse en 2000. Nos quedará para siempre la angustia juvenil de su único hit.
Por Diego Mancusi
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