
Cinco razones para amar/odiar a Sean Penn
Este jueves se estrena Poder que mata, la nueva película de Doug Liman protagonizada por el actor; aquí repasamos tres buenas y dos malas decisiones de su extensa carrera; por Milagros Amondaray
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<b> 3 BUENAS: </b>
<b> * 1. <i> MIENTRAS ESTÉS CONMIGO: </i></b>

Mucho tiempo antes de que ambos actores colisionaran en el universo de Clint Eastwood en Río Místico, Tim Robbins y Sean Penn se fusionaron uno en la silla de director y otro como protagonista de una historia de redención. En medio de ambos, la fuerza de esa gran actriz que es Susan Sarandon, cuya interpretación ganadora del Oscar, que resulta susurrante, sutil, está a la altura de otro tipo de fuerza, aportada por Penn. Cuando un actor entra en escena y no podés quitarle los ojos de encima, está claro que tiene un valor agregado que excede cualquier tipo de manual dramático. Para encontrar a Sean Penn actuando sin que su esfuerzo se note, tenemos esta película de Tim Robbins.
<b> * 2. COMO DIRECTOR: <i> THE PLEDGE: </i></b>

En algún punto, el Sean Penn director me interesa más que el actor. Desde Indian Runner en adelante que se puede observar que tiene mucho más para decir sobre el mundo (y sobre el cine) cuando lo mira a través del lente y deja que otro intérprete haga el trabajo sucio. Más allá de la posterior (pero más errática, quizás con sentido) Hacia rutas salvajes, lo más alto de realizador está acá, no solo porque mete las manos en el lodo sin ningún tipo de contemplación (religión, promesas, pérdidas, todo cabe en este film) sino porque además muestra ese desenlace con honestidad brutal. Y lo que hace Jack Nicholson con su personaje es simplemente extraordinario.
<b> * 3. <i> DULCE Y MELANCÓLICO: </i></b>

Lo mejor de la etapa noventosa de Woody Allen - ya sobre el final de la década - se encuentra dentro de esta biopic apócrifa sobre un guitarrista de jazz borracho y verborrágico llamado Emmet Ray. Evocando constantemente a Django Reinhardt, el film de Allen es delicia pura, flluye con una simpatía y ritmo encantadores y lo tiene a Penn en una de sus interpretaciones más precisas (la forma en la que dispara las frases de Woody es brillante). Como si esto fuera poco, a su lado está Samantha Morton, aportando ese carisma que la define y la vuelve irresistible. Una película sin pretensiones que llega lejos, como la actuación del hombre que nos ocupa hoy.
<b> 2 MALAS: </b>
<b> * 1. <i> MI NOMBRE ES SAM: </i></b>

¿Tengo el chaleco antibalas puesto para defender esta decisión? Sí, lo tengo. A riesgo de ganarme comentarios detractores, Mi nombre es Sam no solo es una película llena de golpes bajos sino que además tiene una sola buena actuación: la de Dakota Fanning (y eso que Michelle Pfeiffer me gusta, pero acá resulta esforzada). Sean Penn hace todo lo opuesto a dos de los films mencionados más arriba y sobreactúa con ganas de que le den el Oscar. Claro que esto no sucedió porque...¿vieron el monólogo de Kirk Lazarus en Una guerra de película? Bueno, ese brillante momento del film de Ben Stiller lo dice todo. Ah, y tampoco necesitábamos un subtexto beatle tan literal y ominpresente.
<b> * 2. <i> LA INTÉRPRETE: </i></b>

No hay nada peor que las películas que no te dejan absolutamente nada, películas cuya opinión sobre determinados temas "sensibles" (aquí léase "políticos") no solo no es comprometida sino que además carece de una veta novedosa. La última película del fallecido Sydney Pollack es todo eso, pero además marca las actuaciones y la puesta en escena con la misma vara. Todo es excesivamente calculado, prolijo y sin pasión y los idas y vueltas entre Nicole Kidman y Sean Penn resultan tan artificiales y monótonos como los de Kristin Scott Thomas y Harrison Ford en otra película del director: Random Hearts.
<b> Participación. </b>
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