
2012: La profecía del fin de los tiempos
Llega el jueves otra apuesta fuerte por el cine catástrofe, inspirada en una leyenda maya
1 minuto de lectura'

LOS ANGELES.- Lo que se muestra en pantalla con preciso detallismo no deja espacio a las dudas. Las imágenes panorámicas resultan familiares de inmediato para quienes hayan pasado al menos una vez por aquí: las anchas avenidas próximas al aeropuerto, la recta cinta asfáltica de Sunset Boulevard rodeada de palmeras, los rascacielos de Century City... Hasta que una tras otra comienzan a ser tragadas por la tierra, sucumbiendo a los efectos de un terremoto devastador, definitivo. En el confort de un cine situado en la misma ciudad que vemos destruirse en pocos segundos, nuestros ojos experimentan la sensación única de la llegada del fin de los tiempos.
¿Cómo definir semejante experiencia? ¿Desde el puro masoquismo, el espíritu de resignación ante lo inevitable o el entretenimiento estilo Hollywood, representado aquí en su máxima expresión? En la calma sonrisa de Roland Emmerich puede adivinarse la respuesta.
"Entretener ha sido siempre mi primer objetivo. Y si después puede deslizarse algún mensaje, bienvenido sea", dice el director de Godzilla , Día de la independencia , El día después de mañana y 10.000 a. C . mientras charla mano a mano con LA NACION en la suite de un elegante hotel de Beverly Hills. No muy lejos de allí, se levanta la reproducción en escala de una pirámide maya, preparada por Columbia -el estudio de Hollywood que posibilitó este encuentro- para ambientar la presentación de 2012 ante la prensa internacional.
El nuevo film de Emmerich, cuyo estreno en la Argentina se anuncia para el próximo jueves, parte de una leyenda precolombina -el calendario maya culmina el 22 de diciembre de 2012- y culmina con la hecatombe planetaria tras una alteración del campo magnético y el calentamiento irrefrenable del centro de la Tierra.
A partir de allí, no sólo Los Angeles desaparece. Inundaciones, movimientos telúricos y catástrofes meteorológicas de todo tipo despojan a nuestro planeta de toda expresión visible de existencia y civilización sobre la superficie. Por debajo, las autoridades de Oriente y Occidente -representadas por Estados Unidos y China- dejan en claro que estaban prevenidas y preparan el renacer de la humanidad con la actualización de la clásica imagen bíblica del arca de Noé. Entre quienes procuran sobrevivir aparece Jackson Curtis (John Cusack), un escritor frustrado que procura salvar a su familia y termina involucrado con la estrategia de los líderes mundiales. Danny Glover, Amanda Peet, Woody Harrelson, Thandie Newton y Oliver Platt son los otros nombres conocidos del elenco.
"Tuvimos mucha suerte -justifica Emmerich-. Conseguimos a todos los actores que quisimos. Ninguno dijo que no. Queríamos sorprender con la historia y también con el reparto.
-No es nuevo que John Cusack interprete a una especie de héroe accidental, pero sí que participe en un proyecto de este tipo.
-Más que a las estrellas, valoro a los actores inteligentes. Y en la franja de edad a la que pertenece John no hay muchos. Es confiable, creíble y, además, me resolvió un problema. Tenía a alguien en mente, pero no en forma clara. John me hizo acordar de Negocios entrañables , y por eso pude contar con Chiwetel.
-Es una constante en sus películas encontrarse con personas normales transformadas en héroes.
-A mí no me gustan ni los superhéroes ni los superespías, porque, a mi juicio, no son creíbles. En general, en una película como ésta, lo más atrayente es ver cómo un tipo común se transforma en héroe. También me atraen las historias de conspiraciones. Es algo que está en mi naturaleza. Mostrar sólo gente que trata de sobrevivir es fuerte, pero no tan atrayente como cuando se juntan los que quieren salvarse por sus propias fuerzas y los que conspiran alrededor de esa situación.
-¿Le hubiese gustado filmar esta película en 3D?
-En absoluto. No me gusta nada el 3D y me alegré mucho cuando el estudio decidió no usarlo. Ese sistema deja en el público una impresión muy poco realista. El espectador está más pendiente del efecto visual que de lo que realmente ocurre. Se dispersa y deja de seguir a los actores. Además, como se usan esos anteojos especiales, es imposible interactuar con el que se sienta al lado. Compartir miradas es algo esencial e insustituible en el cine.
-Usted vuelve a pisar un terreno que le es muy familiar.
-Sí, pero al principio no tenía la idea de volver al cine catástrofe. Pero mientras hacía 10.000 a.C. y pensaba con mi productor Harald Kloser en los próximos proyectos, llegué a la conclusión de que seguía fascinado con esta idea de narrar el final de las cosas. Fíjese en la Biblia, que narra la historia en forma plana, pero su fascinación está ligada a la idea del fin de los tiempos. Cada cultura tiene su propia visión al respecto. Y en estos tiempos, las teorías y las profecías sobre el fin de los tiempos calan hondo entre la gente. Creer en ellas es empezar a creer también en las películas que hablan del tema.
- ¿Y qué ocurre en su caso?
-Me había dicho a mí mismo que no quería hacer más películas de este tipo, pero la historia me atrajo cada vez más. Hace diez años yo era mucho más optimista en relación con el futuro de la humanidad. Hoy tengo un enorme pesimismo y la convicción de que hacemos mucho para destruirnos a nosotros mismos como planeta. De cualquier manera, esta película cierra una etapa de mi carrera. Siento que me cuesta mucho aportar cosas nuevas sobre el fin del mundo. Todo está dicho en 2012 .




