Adiós al compositor Luciano Berio

El músico italiano, figura central de la vanguardia, falleció ayer, a los 77 años
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28 de mayo de 2003  

ROMA.- El italiano Luciano Berio, uno de los más grandes compositores de la segunda mitad del siglo XX, falleció ayer, a los 77 años, en el Policlínico Gemelli de Roma.

La Academia de Música de Santa Cecilia confirmó que la muerte del que era su presidente y director artístico ocurrió como consecuencia de complicaciones surgidas tras una intervención en la espina dorsal que sufrió el mes último.

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Junto con sus colegas de edades similares, el francés Pierre Boulez, el alemán Karlheinz Stockhausen y el húngaro György Ligeti (que hoy cumple ochenta años), Berio conformaba el pináculo de la generación de compositores que animaron la vanguardia musical europea posterior a la Segunda Guerra Mundial y que todavía hoy continúa en plena actividad creativa.

Berio fue un compositor italiano hasta la médula: supo combinar las diferentes técnicas de composición de avanzada, como el dodecafonismo y el serialismo integral y ser pionero en el campo de la música electroacústica, sin renunciar a un cierto lirismo propio de su país.

Y también fue un artista culto en el sentido amplio del término, no sólo por su música sino por su interés en la investigación y la teoría musical y el cruce de la música con otros campos del arte y la ciencia.

Joyce, Shakespeare, Neruda, Eco y Calvino fueron fuentes de inspiración para Berio, que deja como legado más de un centenar de obras para instrumentos solos, de cámara, electroacústicas, sinfónicas y líricas.

Nacido en 1925 en Oneglia, Berio se inició en el estudio musical con su padre y luego continuó en el Conservatorio Giuseppe Verdi de Milán. Completó su formación en los Estados Unidos, donde tomó clases con su compatriota Luigi Dallapiccola.

En 1955, junto con Bruno Maderna fundó el Estudio de Fonología de la RAI, en Milán el primero de su tipo en Italia, que dirigió hasta 1959. En ese laboratorio compuso "Thema: Omaggio a Joyce", que le sirvió como punto de partida para la exploración de las posibilidades de la voz humana desde su raíz: allí, el "Ulises" de Joyce es fragmentado hasta llegar a sus fonemas, para construir con ellos una obra electrónica que hoy es un clásico del género.

Durante las décadas del 60 y el 70 Berio recibió el reconocimiento internacional mientras trabajó alternativamente en los Estados Unidos, Alemania y Francia. Dos décadas más tarde, se radicó definitivamente en Italia, al tiempo que inició una carrera activa como director orquestal.

Constantes

En la obra de Berio se pueden encontrar otras constantes que lo caracterizan. Una de ellas es la exploración de nuevas formas de utilización de los instrumentos musicales y la voz. Se trata de un proyecto conocido como las "Sequenze", que llegó a la quincena de piezas para diferentes instrumentos solos, en cuatro décadas de labor.

Berio también mantuvo un diálogo permanente con la historia de la música. Así fue que hizo nuevas orquestaciones de obras de Monteverdi, Mahler o Schubert ("Rendering") y escribió un nuevo final para el "Turandot" de Puccini, estrenado el año último. La obra paradigmática de este vínculo se encuentra en la "Sinfonía" de 1968, para ocho voces y orquesta, cuyo tercer movimiento es un gigantesco collage construido sobre las bases de un Scherzo de Mahler, con citas textuales de diversos compositores del siglo XX.

Berio exploró las posibilidades de la voz humana desde principios de los años 50, con su primera mujer, la versátil soprano Kathy Berberian, para quien escribió numerosas obras como la "Sequenza" para voz, "Circles", o las bellas "Folk songs".

Luego, con tres décadas de trabajo a cuestas, los 80 marcaron la esperada llegada de Berio a la ópera, con "Un Re in Ascolto", y la Vera Storia" sobre libretos de Italo Calvino y más recientemente "Opera" y "Outis".

Además de las obras mencionadas, Berio deja varias composiciones que van camino a ser clásicos de la segunda mitad del siglo XX: un homenaje a Martin Luther King, "O King" (1968); "Laberintos II" (1965); "La Ritirata Notturna di Madrid" (1975); "Corale" (1981) o "Requies" (1983), entre otras. Su última creación fue "Alternatim", un doble concierto para clarinete y viola que data de 1997.

Desde la Academia de Santa Cecilia había promovido la construcción del Auditorium de Roma de su compatriota Renzo Piano, inaugurado el año pasado.

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