Bohemian Rhapsody: por qué debería ganar el Oscar a mejor película

Una escena de Bohemian Rhapsody
Una escena de Bohemian Rhapsody
Silvina Ajmat
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25 de enero de 2019  • 11:13

En algún lugar del universo, Freddie Mercury debe estar alzando su puño bien alto por el presente de Queen. Que su banda estuviera en la cima del mundo del rock no era sólo un objetivo. Era su vida. "No seré una estrella de rock, seré una leyenda", vaticinó para sí mismo. Que alguien se anime a decir que no se hizo realidad.

Por eso, el primer mérito de Bohemian Rhapsody: la historia de Freddie Mercury para alzar el Oscar a la mejor película del año, tiene que ver con la hazaña de haber logrado recuperar la epopeya de la banda, sus canciones, sus hitos, y relanzar como nunca antes su música. No fueron pocos los intentos de los sobrevivientes de Queen -Brian May y Roger Taylor; John Deacon, el bajista, decidió apartarse de la luz pública en 1997-, por mantener la llama viva de sus canciones desde la muerte de Freddie, en 1991, hasta la actualidad: colaboraciones con la boy band Five, con Robbie Williams, con Paul Rodgers, un musical en el West End con repercusión solo entre los fanáticos, y una gira de redención de la mano del nuevo talento estadounidense Adam Lambert, fogonearon con un éxito fluctuante la memoria de ese cancionero universal que es la discografía de la banda. Pero nunca con la repercusión que logró la película, que se convirtió además en un fenómeno viral que no para de crecer: las frases y diálogos se multiplican en las redes sociales así como los videos de nuevas versiones de los temas, que sorprenden hasta al mismísimo Brian May (el guitar hero es un fenómeno de las redes en sí mismo). La taquilla gritó "somos los campeones" con números inéditos: más de 600 millones de dólares de recaudación la convierten en la biopic musical más vista de la historia.

Pero más allá del veredicto del público, repasemos algunas razones que la podrían colocar en el podio de los Oscar.

Trailer de Bohemian Rhapsody - Fuente: YouTube

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El elenco liderado por Rami Malek. Uno de los grandes desafíos de embarcarse en una película biográfica es la recreación de una época particular y, sobre todo, la caracterización de personajes icónicos. No son pocos los actores que accedieron a un Oscar por convertirse en personajes de la historia: Marion Cotillard por ponerse en la piel de Edith Piaf, Daniel Day-Lewis por convertirse en Abraham Lincoln, Eddie Redmayne por encarnar a un joven Stephen Hawkins... y la lista sigue y es suficientemente larga. ¿Será el turno de Rami Malek? Quien antes era conocido por su personaje en la serie Mr. Robot será para siempre recordado por este personaje, de eso ni él mismo duda: "Me dispuse a ser actor hace, no sé, hace más de una década. Tuve la aspiración de vivir mi sueño. Y tengo la oportunidad de hacer eso en este preciso momento".

El trabajo para convertirse en el músico no solo involucró la caracterización sino todo un aprendizaje sobre sus movimientos tanto dentro como fuera del escenario. Pero la composición interpretativa de Malek es superior a lo físico. Creó un Freddie Mercury sensible y arrogante, divertido y tímido, brillante al mismo tiempo que ingenuo. Más frágil en apariencia que el original. Menos gracioso. Posiblemente más soberbio, más confrontativo. Menos hábil con las palabras. Más transparente en su mirada. Menos misterioso. Descarnado en su debilidad. Rotundamente conmovedor y extrañamente realista.

Rami Malek convenció al interpretar a Freddie Mercury
Rami Malek convenció al interpretar a Freddie Mercury Fuente: Archivo

Luego, los demás: Gwylim Lee hace una extraordinaria interpretación de Brian May -corre con la ventaja de haberlo conocido y haber podido compartir mucho tiempo con él-; Ben Hardy hizo una personalísima versión de Roger Taylor que cosecha suspiros entre los seguidores; Joseph Mazello se pone en el cuerpo del hombre del bajo y del bajo perfil, John Deacon, con la enorme dificultad de reproducir su acento de Leicester, siendo originario de los Estados Unidos, escollo que saltea con elegancia. Lucy Boynton merece una mención por la dulcísima encarnación de la mítica Mary Austin, la mujer a quien Freddie Mercury le dedicó la canción que es un himno al amor: "Love of my life". No es raro que la película aspire a llevarse un premio del Sindicato de Actores al mejor reparto.

Lucy Boynton como Mary Austin, la novia de Freddie
Lucy Boynton como Mary Austin, la novia de Freddie

La producción musical. La experiencia de ver Bohemian Rhapsody en el cine no sería igual de no ser por la extraordinaria producción musical que invade al espectador desde el primer momento. Diseñado para rockear, el sonido parece recorrer los pies y rodear las butacas para poner a los cines a moverse al ritmo de la música, y que nadie pueda evitar ensayar un "stomp, stomp, clap", al ritmo de "We will rock you". No es casual que cuente con dos nominaciones en este rubro: mejor sonido y mejor edición de sonido. Queen supo sacarle provecho a canciones que son un clásico, una vez más, 27 años después de la muerte de su legendario frontman. Y mientras acompaña el relato de su propia historia, propone algunas "novedades" para quienes quieren coleccionar el soundtrack: una versión nueva de la que posiblemente sea la canción más antigua de la banda, "Doing all Right", de autoría de Smile, la banda que fue una Queen primigenia; un registro único de un recital en París -Francia siempre fue un mercado difícil, pero el grito de los fans dice todo sobre la efectividad de Queen para derribar los obstáculos-; una grabación inédita del explosivo recital de Rock in Rio; una versión exclusiva para el film de "We will rock you"; la totalidad del show de Live Aid, y una revisita a "Don't stop me now", porque acaso la canción más reinterpretada de Queen puede volver a versionarse. Por último, la fanfarria de 20th Century Fox. Una perlita. Un guiño muy típico de Queen. Así como uno puede "simpsonizar" casi cualquier imagen, May y Taylor demuestran que una melodía tan reconocida como la fanfarria que antecede a las películas de Fox, puede ser "queenificada" con la batería y el canto inconfundible de la Red Special de May.

La sorpresa de la temporada de premios. Mientras las candidaturas para Rami Malek eran esperadas con ansias por todo el que haya visto el film, el derrotero de Bohemian Rhapsody en otros rubros ya la convierte en la gran revelación, si tenemos en cuenta que en general, los críticos no fueron demasiado amables. Tras llevarse el Globo de Oro al mejor drama del año, batiendo a la favorita, Nace una estrella, con un galardón también para Rami Malek -quien probablemente acumule otras estatuillas más-. Además, consiguió cinco nominaciones para los Oscar, que incluyen película, sonido, edición de sonido, montaje y mejor actor para Malek; siete para los Bafta y dos para los SAG.

Bohemian Rhapsody, mejor drama
Bohemian Rhapsody, mejor drama Crédito: AFP

El guion que divide aguas. Uno de los principales cuestionamientos hacia la película está dirigido al libro. Ante la vida de un personaje famoso por haber estado en lo más alto de la música, una voz que es considerada una deidad en sí misma, y que murió prematuramente a causa del sida, había una gran expectativa por una historia que hable de la condición humana y sus tironeos con la vida, que camine sobre los delicados territorios de la mente humana, que proponga una discusión acerca de los motivos detrás de ese desafío a todos los límites, lo más oscuro, lo más conmovedor de esos motivos. Pero Queen eligió contar un cuento no exento de moralina y con todo su sesgo: la banda escribió y cinematografió su propia epopeya. Bohemian Rhapsody es el relato del héroe que abandona a su "familia", la banda, para cometer excesos en un viaje iniciático que ofician de pecado de Hybris como en toda tragedia clásica y lo llevan a ver de cerca a la muerte, para luego volver "a casa" en busca de la redención final. Aunque el protagonista sea Freddie Mercury, también se expuso la historia de la banda: que quede claro que fueron varios los genios que crearon esas canciones que todo el mundo canta. Y lograron relanzar su música a 27 años de su precipitado fin -con la muerte de Freddie Mercury, en 1991-, hasta cautivar al siempre díscolo público millennial.

Lo cierto es que en ese punto el guion acierta: una historia entretenida de principio a fin, con todos los condimentos para que el espectador quiera ver más, y para que los fans de ayer y hoy se conmuevan hasta las lágrimas. Provoca. Rockea. Y en el clímax está su mayor virtud: la recreación de Live Aid tiene como atributo extra -además de un trabajo de montaje de sonido meticuloso y unas imágenes impactantes-, haber logrado poner en escena un recital de casi 20 minutos (hay dos canciones menos que en el original), sin aburrir. La dramatización de ese momento está tan bien construida que obliga a olvidar, aunque sea por esos 20 minutos, que Freddie no está más en el mundo de los vivos, y celebrar con Queen la épica.

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