
Cecilia Roth, actriz full time
Dice que está trabajando mucho, "como nunca"; pasado mañana se estrenará "Vidas privadas", el film dirigido por su marido, Fito Páez, que la tiene como protagonista
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Volvió de una estada de tres meses en México con acento y el rastro en el cabello del personaje de la novela "La hija del caníbal" después de sus cuatro transformaciones. Antes había estado en España filmando una película de espías nazis con Leonardo Sbaraglia, en la que tuvo que hablar en alemán. Hizo un cameo para la última de Pedro Almodóvar, "Hable con ella". Y ahora está promocionando "Vidas privadas", el primer largometraje de su marido, Fito Páez, que se estrena pasado mañana en la Argentina. Y en un mes comenzará a rodar junto a Ricardo Darín "Kamchatka", una película de Marcelo Piñeyro sobre una familia argentina que durante la última dictadura en el país pasa a la clandestinidad.
"Estoy trabajando como no he trabajado nunca en mi vida: mucho", dice Cecilia Roth entre la felicidad, el cansancio y un asomo de culpa. La actriz de "Todo sobre mi madre" lo reconoce como un privilegio en la Argentina del corralito financiero, la incertidumbre económica, el descrédito político y la desesperanza social. "Pero tampoco el panorama laboral es muy alentador en el exterior, eh, porque este año, por ejemplo en España, se iban a filmar 140 películas y sólo se harán 40." Pero, sin vergüenza, insiste en que "nunca" quiso trabajar tanto porque siempre ha querido preservar su vida personal. "Pero siento que, afortunadamente, ahora está todo como más junto." Y esta unidad de la que habla la actriz incluye a su hijo Martín (que ya cumplió tres años y la acompaña a todos sus rodajes) y al hecho de que Fito haya podido concretar, después de siete años de idas y venidas, su debut como director de un largometraje. A su hijo intenta mostrarle con naturalidad que su trabajo de actriz es como el de cualquier otra persona. Pero también dice que cada película la expone a una nueva experiencia de vida. "Y, en este momento, mi exploración personal tiene que ver con saber por dónde pasa la vida, con descubrir cuáles son los recovecos que me llevan a encontrarme con los personajes que me toca interpretar."
Dos exilios
En este sentido, sus últimos personajes no le han dado demasiada tregua. Roth advierte que para el de Carmen, en la claustrofóbica "Vidas privadas", trabajó con material propio: las vivencias de su propio exilio, en 1976, cuando tenía 17 años y se fue a España detrás de sus padres y su hermano, y volvió nueve años más tarde escapando de una "dolorosa" historia de amor.
En realidad, la mujer de la ficción que vuelve a la Argentina se castiga con el rito de la distancia emocional después de haber sobrevivido en los años setenta a un centro clandestino de detención, a la desaparición de su marido, a un hijo perdido. Pero de regreso a la aristocrática casa familiar debe enfrentar las vueltas de un destino nuevamente no deseado.
-Fito y vos estaban en Italia cuando se les presentó la historia de "Vidas privadas"...
-Sí, leímos un periódico argentino sobre el tema de los mellizos Miara Tolosa que nos impresionó mucho porque hablaba de una nueva patología: cómo se convive con gente a la que se le ha robado el destino. Esos chicos, al decidir quedarse con sus padres de crianza, habían decidido no retornar al destino robado, como si hubieran nacido nuevamente. Esa nueva patología no tiene nombre, no se conoce y empieza con este tipo de situaciones, como el síndrome de Estocolmo con el amor entre la víctima y victimario.
-Fito presenta una nueva patología: una madre con su hijo....
-Sí, una historia entre una mujer y un chico con esa necesidad de encontrarse. Una búsqueda que seguramente han hecho a lo largo de sus vidas. Pero en el momento de encontrarse reaparece una nueva historia que los sobrepasa.
-Cuando te exiliaste tenías 17 y Fito 13, ¿qué recuerdos surgieron de esa época al hacer la película?
-Pertenecíamos a familias muy diferentes. La de Fito era antiperonista; de hecho, su papá tenía una foto de Isaac Rojas colgada sobre la pared. Eran de la clase media que decía "por algo será". Pero Fito no. El era consciente y tenía una enorme sensibilidad. Me contó que en esa época hubo un tiroteo toda la noche alrededor de una casa en su manzana, y que eso lo había impresionado mucho a los trece años. Yo también recordé ese miedo que entraba por la ventana, el ruido de las sirenas, la música de fondo de la dictadura que me parecía increíble no oír en España. Pero mi familia, si bien no era militante, tenía vínculos con la izquierda. Papá trabajaba en La Opinión con Timerman, mamá cantaba canciones de protesta. Y yo iba al Liceo 1 y participaba en el centro de estudiantes. Muchos amigos de mi edad hoy están desaparecidos.
-¿Cuándo, por qué y cómo volviste del exilio?
-Fue en 1985, pero de vacaciones. No tenía muchas ganas de venir. Tenía una gran negación porque era tanto el dolor ante la ausencia que en España había tenido que arraigarme inventándome una historia, un poco como el personaje de Carmen. Me inventé una española y volví después de una dolorosa historia de amor por sólo 20 días. De repente el perfume de la infancia me embriagó y me devolvió a mí. Recuerdo que el 17 estaba muy angustiada porque no quería volver, ¿pero qué iba yo a hacer acá si tenía todo allá? Como una bendición, María Herminia Avellaneda (que era muy amiga de mis padres) me ofreció trabajo, lo que me permitió reconstruirme. Luego se fue todo acomodando.
- Carmen es una mujer que no puede permitirse sentir. ¿Cómo construiste ese personaje desde tu propia experiencia?
-Es una mujer cuya característica es fabricarse la armadura más poderosa para no tener acceso a la emoción. Ella se masturba como forma de ceremonia de castigo, una experiencia que no es para nada erótica, ni sensual. Es una reproducción del dolor de la celda.Yo partí de todo lo que tenía que ver con lo sensorial. Estar todo el tiempo atenta a que pueda venir un golpe de algún lado.
-¿Cómo fue la dirección de Fito frente a esas escenas?
-El fue muy delicado con todo eso. Ensayamos mucho. Hubo muy buena relación con Gael (García Bernal, el actor mexicano de "Amores perros" y "Y tu mamá también"), que es un genio, estuvo sólo un mes en Buenos Aires y enseguida perdió el acento mexicano. Fito me quitó mucha sensualidad. Quería una absoluta sequedad en el personaje, cero voluptuosidad, cero placer. Porque las escenas pasaban por llegar a un orgasmo doloroso, de castigo, sucio, desagradable. Lo que le pasa a Carmen es muy desagradable de ver. Y para mí como actriz era muy duro llegar a ese momento. Para eso Fito trabajó mucho con Balthus, hay mucho de sus colores, de sus mujeres, de los divanes de Balthus. Pero no me gusta contar el trabajo de laboratorio de mi trabajo.
-¿Desde el inicio del proyecto te propuso el personaje de Carmen?
-No, ese papel iba a hacerlo Marisa Paredes, y el de Gael, Juan Diego Botto. Porque yo era chica en ese momento, era forzado que hiciera de madre de un chico de 22 años. Entonces yo iba a hacer el personaje de la hermana menor, que en realidad mucho no me gustaba porque me iba a resultar mucho más difícil por lo vacío que está de conocimiento de toda esta historia. Luego Marisa tuvo proyectos y no se pudo concretar. Y después me encantó que él me lo propusiera. En realidad, los dos teníamos miedo de trabajar juntos. No fue fácil.
-La película tuvo siete años de demoras. ¿Cómo fue el proceso de sobrellevar tantas dificultades en la búsqueda de productor, con la densidad de la trama, el debut de Fito, y el tener que dormir juntos todas las noches?
-Realmente la película se hizo gracias a Fito, que tuvo siempre la constancia tipo Piñón Fijo. Yo pensé que en algún momento él iba a abandonar el proyecto con tantas dificultades que se presentaron con la financiación, tantos productores. Pero para él era necesario contar esta historia. Creo que no se dio cuenta mientras escribía. Pero cuando vio la película terminada se dio cuenta de que tenía que ver con su propia vida, con la búsqueda de su propia madre. Pero esto, tal vez tendría que decirlo él.
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