Cinco películas maltratadas o destrozadas por la crítica que merecen una segunda oportunidad
Hay varios films que pese a haber sido destrozados por la crítica o ignorados por el público deberían ser tomados en cuenta a la hora de decidir qué ver
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Quizás alguna vez se pregunten cómo puede ser que esa película que les gustó tanto no haya sido un éxito o esa otra, que todo el mundo conoce (porque a cualquier persona con la que hablan le resulta conocida), haya sido un fracaso notorio. También es posible que nos odien a nosotros, pobres y simples críticos de cine, por ajusticiar lo que tanto les ha gustado. Pues bien, sí: somos humanos y cambiamos de opinión con el paso del tiempo, tanto para mejor como para peor. Y cabe la posibilidad —casi diríamos la certeza— de que aquello que fue un fracaso notable o algo que pasó inadvertido, con el tiempo, se convierta en parte del canon, encuentre su público, pueda verse como debería haberse apreciado en su estreno. No siempre las obras de arte (y una película incluso mala lo es) están hechas para el momento en el que se estrenan. Es posible que se adelanten o que, por razones totalmente accidentales, no sincronicen con la audiencia de su época.
Ejemplo de esos fracasos increíbles es una película de 1939 que se construyó específicamente para ser un megaéxito universal. Pero hundió tanto a su productora que, si no fuera porque había prestado una estrella y un director a otro estudio (justo el mismo director de la película que fracasó), habría desaparecido de la faz de la Tierra. El fracasón fue El Mago de Oz, el estudio, MGM, y la película que le permitió salvarse (porque a cambio de “prestar” a Victor Fleming y Clark Gable se quedó con su distribución internacional) fue Lo que el viento se llevó. Es una de las historias más asombrosas de Hollywood y la historia del cine toda, y sirve para ilustrar que una cosa son las modas y otra, lo que el arte, con el paso del tiempo, hace. Decía algo así Jean Cocteau, que la moda hacía cosas bellas que el tiempo volvía feas y el arte, cosas feas que el tiempo volvía bellas. Un exagerado, pero se lo disculpa porque era un poeta. Sigue pasando hoy y por eso vamos a mejorarle el promedio con films que merecen una segunda chance.
Meteoro
Una obsesión personal del autor de esta nota es Meteoro (HBO Max). Lanzada en 2008 con todo el marketing encima y firmada por los entonces hermanos Wachowski (hoy hermanas), responsable de Matrix (el film inaugural de este siglo, sin dudas), fue destrozada en millones de pedazos por la crítica y generó un fracaso de taquilla monumental. No solo no lo merecía, sino que hoy requiere reevaluación. Desde sus primeros momentos, celebra el arte de la animación con citas a técnicas y formas que recuerdan el animé original que cautivó imaginaciones a fines de los sesenta y principios de los setenta. Es una película sobre la felicidad de jugar, sobre cómo un niño ve el mundo con sus males y sus alegrías. Los actores reproducen con una fidelidad perfecta los diseños de la serie animada, pero eso no es nada al lado de la seriedad que le ponen al juego. Más allá de que, como sabemos, cualquier film que incluya en su reparto a John Goodman sube cinco puntos (y cualquiera con Christina Ricci, por lo menos dos), la película combina de manera muy equilibrada la diversión gráfica con personajes absolutamente humanos. Hay algo más e importante: las secuencias de acción, tecnológicamente pioneras -la película es anterior a Avatar, es algo a tener en cuenta- no sólo se entienden (gran mal del género: que el desastre visual genere ruido antes que comprensión) sino que están perfectamente ligadas a la trama, el tono y el desarrollo de los personajes. Básicamente es como pasar en limpio la infancia. Pero también, en un hermoso momento de diálogo entre Mom (Susan Sarandon) y Meteoro (Emile Hirsch), se explica cómo algo único y bello, así sea en una carrera de autos o una película, emociona por su novedad, por ser arte. La película también tiene esa profundidad (más allá de mucha crítica a un sistema y sus perversiones) que no pasa inadvertida porque es básica para su disfrute. Obviamente se puede ver (disfrutar) con chicos.
Jack
También sobre la infancia, pero mucho más adulta en su planteo (aunque por supuesto que puede verse con chicos) es una de las mejores y más dejadas de lado de las películas de Francis Ford Coppola, Jack (Disney+), protagonizada por Robin Williams, Diane Lane, Brian Kerwin, Fran Drescher, Jennifer Lopez y un montón de chicos adorables. La premisa es que Jack (Williams) nace con una condición que lo hace crecer demasiado rápido. Así, a los 10 años tiene el aspecto de un hombre de 40. Lane y Kerwin son sus padres, Lopez, la maestra, y Drescher, la mamá de un compañerito que lo ve como un adulto. Pero si bien la película parece tener elementos de la obra maestra Quisiera ser grande (apuren si quieren verla porque aún está en Netflix) o parecía haberse pensado como vehículo para la “ternura” de Williams, es otra cosa: una meditación sobre el paso del tiempo, sobre cómo se experimenta, sobre la familia. Es la historia de alguien que pide salir al mundo a pesar de todo y enfrentarse a sus dolores y, también, a sus alegrías. Coppola usa algunos elementos como el acelerado (que ya había usado en La ley de la calle, otra de esas películas “menores y despreciadas” a la hora de su estreno) para mostrar cómo registra Jack el universo que lo rodea, pero el film no es ni busca ser lacrimoso, sino un rotundo “por qué” debemos disfrutar de cada momento feliz y acapararlo en la memoria. Es, también, de las grandes películas infantiles en el sentido de mostrar —de recordarnos— cómo se ve el Universo cuando uno es chico.
Showgirls
En las antípodas completas de estas dos producciones que podemos definir como familiares, vamos a recomendarle en copia perfecta y con absolutamente todo lo que siempre tuvo que tener uno de los films más odiados, despreciados, insultados y destazados cruelmente por la crítica incluso mucho antes de su estreno. También es otro ejemplo de cómo el tiempo pone las cosas en su lugar, algo que a los varios que aplaudimos en su estreno Showgirls (Mubi), de Paul Verhoeven, nos devuelve algo de fe en la humanidad. La película es la historia de una chica que llega a Las Vegas para triunfar como corista en los espectáculos de los casinos. Pero no sería para nada descabellado decir que el ritmo no es ni el de un musical “de bambalinas” (como los clásicos de la MGM en los 40), ni el del melodrama artístico (no, no es Nace una estrella, claro que no) sino el de una película de acción, un western con tacones en el que el sexo es un arma muchas veces de doble filo. Donde las bailarinas optan por cualquier truco, incluso sangriento, para reventar a la competencia. Y donde, poco a poco, afloran toda clase de psicopatías incluso en la supuesta “heroína” que interpreta Elizabeth Berkley (a la que la crítica básicamente le arruinó la carrera sin ninguna justificación por esta película). Como todo Verhoeven, es una sátira provocadora y sin prejuicios de la lustrosa imagen del mundo estadounidense, una manera de decir que detrás del glamour se esconde la perversión reprimida. Es, además, salvajemente divertida y sexy.
Hudson Hawk: el halcón está suelto
Una que también fue destrozada desde el inicio fue la comedia del especialista en el género Michael Lehman (responsable de Heathers, Cabezas Huecas y La verdad sobre perros y gatos, las tres enormes películas), Hudson Hawk: el halcón está suelto (AppleTV, suele ir y volver de Netflix y Disney), protagonizada por Bruce Willis. Costó muchísimo dinero y fue un fracaso comercial absoluto que los críticos hicieron puré casi desde que se sentaron en las butacas. Quizás porque no esperaban una película de dibujos animados con actores, quizás por su costo exagerado o quizás porque la veían como un ego trip de Willis, que venía de cambiar su carrera de comediante con Duro de matar. Pero en Hudson... sigue siendo comediante: la historia de un ladrón que sale de la cárcel y tiene que volver a robar para salvar la vida de su mejor amigo (Danny Aiello, nunca más gracioso que aquí) y que realiza golpes sofisticados cronometrando la acción con clásicos del American Songbook. O que tiene como interés romántico a una espía del Vaticano que es monja (Andie McDowell), o que debe enfrentar a un torpe villano militar interpretado por James Coburn o un par de locos desquiciados (Richard E. Grant y Sandra Bernhard) y su caniche mortal. La cantidad de gags, exageraciones, efectos de sonido cartoonescos, inconsistencias, rupturas de la cuarta pared y alegría que tiene es quizás el motivo por el que nadie se tomó en serio un film que es, sobre todo, celebración del propio cine y su magia. El momento en el que el Papa golpea con su báculo un televisor pequeño que no capta la señal de la antena alcanza para entender el tono y la intención de esta comedia. De paso, es un gran film para escuchar la banda de sonido de Michael Kamen, Robert Kraft y el tema central a cargo de Dr. John (más Willis y Aiello cantando “Swingin’ on a Star”).
Profesión peligro
Y terminemos con un fracaso incomprensible de 2024, una de esas películas que uno ve y se pregunta cómo puede ser que no haya reventado salas desde el día cero. Incluso tuvo buenas críticas y una campaña de marketing acorde. Pero no, nada, se está volviendo (eso es justo, aunque triste que pase así) de culto gracias a las plataformas. La película en cuestión tenía protagonistas estelares (Ryan Gosling, Emily Blunt, Aaron Taylor-Johnson) y una cantidad de ingenio poco usual en Hollywood, además de que Hollywood es su tema: Profesión peligro (Prime Video), que cuenta cómo un doble de riesgo feliz y enamorado falla un truco (ese momento, al comienzo del film, es uno de los mejores planos secuencia que dio el cine en décadas, para quienes quieren virtuosismo técnico-narrativo), desaparece de todas partes —obviamente plantando a su novia— y vuelve porque hay una estrella desaparecida con bastantes problemas de conducta. Es la historia de los que están detrás de las cámaras, de los que se matan —a veces de modo literal— por hacernos creer una fantasía (¿no es esa la justificación primera del cine?) y también de quienes aprovechan el noble arte de hacer feliz al público para llenarse los bolsillos de modo non sancto. Lo de Gosling, que es uno de los mejores comediantes de las últimas dos décadas, es fenomenal: un duro ingenuo, personaje muy difícil de lograr y mucho más cercano a Buster Keaton (casi un homenaje al rey del stunt cinematográfico, no admitimos que se diga otra cosa) que a Clint Eastwood (otro “homenajeador” de los dobles de riesgo).
Finalmente, todas estas películas resultan felices y son -esto las une más allá de la disparidad de intenciones, temas y tonos- generosas con el espectador y desprejuiciadas. Quizás eso las pone un poco aparte del cine industrial “común” y por eso, en su momento, quedaron relegadas sea en taquilla o en crítica (o en ambos). Pero les aseguramos que hay mucho más para ver de lo que se dijo en sus respectivos estrenos, y generan felicidad y recuerdos.
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