Clotilde Courau, la princesa que actúa
Casada con el príncipe Manuel Filiberto de Saboya, la actriz francesa visitó Buenos Aires para acompañar el estreno de A la sombra de las mujeres, de Philippe Garrel, actualmente en las salas porteñas
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Clotilde Courau es actriz pero también princesa. Su vida transcurrió exclusivamente en escena y ante las cámaras hasta que conoció al príncipe Manuel Filiberto de Saboya. A él se unió en matrimonio en 2003 y desde entonces no sólo se dedica a componer personajes para directores como Jacques Doillon, Vincent Ward, Bertrand Tavernier, Jean Becker, Patrice Leconte, Michel Deville u Olivier Dahan, sino también a atender sus obligaciones como princesa de Venecia y Piamonte.
Sin embargo, no desea detallar su vida como princesa de Saboya en el diálogo que mantuvo a solas con LA NACION en su paso por Buenos Aires, adonde vino para acompañar la proyección en el festival de cine francés Les Avant-Premieres de A la sombra de las mujeres, de Philippe Garrel (film que le brindó el premio a la Mejor Actriz en el Festival de Sevilla, actualmente en cartel).
Courau compone a Marion, que con su pareja Pierre sobrevive realizando cine documental de bajo presupuesto y con empleos temporarios, pero todo cambiará cuando la pasión prohibida ingrese a sus vidas. "No sé", se limitará a responder cuando se le pregunta sobre cómo compatibiliza su labor como actriz con el reinado de cortesía de los Saboya. Empero, su mirada se enciende al reconocerse como activista y defensora de los derechos de la mujer.
-Existe un imaginario sobre la nobleza y uno muy distinto sobre el mundo del arte y del cine, más relacionado con la bohemia que también refleja la película. ¿Es realmente así?
-En tanto activista y mujer, hoy en el siglo XXI es importante defender la idea de que puede ser tan independiente como se lo desee y no ser la sombra del marido. Comencé a los 17 años en el teatro, tengo formación clásica y es así como logré ser lo que soy. Esta profesión es absolutamente extraordinaria, particularmente hoy cuando el mundo se hizo tremendamente violento y la cultura es uno de los últimos lugares de resistencia de los valores humanos que existen.
-Se ha dicho que la inclusión de Jean-Claude Carrière, histórico guionista de Buñuel, permitió moldear una historia menos sombría y con un dejo de ironía característico del cine del inolvidable director español.
-Le agradezco. Garrel estaría muy contento de cualquier paralelo con Buñuel. Su ironía, su nostalgia, su idealismo, su poesía. La idea de hablar de un triángulo amoroso, de la Resistencia, del coraje y del sentido del sacrificio, hacen un film totalmente delicado, complejo y maravilloso.
- Hay un ejercicio del tiempo, el espacio y la memoria vividos mediante los sentimientos. ¿El amor puede sobrevivir a la dicha?
-Es verdad que existe un deslumbramiento. Philippe Garrel ama filmar este tipo de personajes que están fuera de la burguesía. Y en eso es exactamente lo contrario a Buñuel aunque en cierto sentido coexisten. Garrel no sé si cree o piensa que el amor puede sobrevivir a la felicidad porque parece ser complicado. Pero si me permite mi opinión la vida es una tragedia y esta no ocurre sin desdicha y para llegar a la verdadera felicidad es complicado no pasar por la tragedia.
-Usted intervino en La vie en Rose y luego nuevamente se adentró en el universo de Edith Piaf en teatro ¿Que le atrae tanto del personaje?
-Me atrae por su autenticidad, porque pasó por todas las grandes tragedias de la vida y siguió hablando de amor. Estando totalmente destruida nunca se convirtió en una persona cínica y conservó la luz de su mirada, supo electrizar al público y ser, aún hoy, una de las mujeres más famosas del mundo.

-Asimismo compuso a Giovanna di Saboya….
-Hace mucho. Creo que no hay que mezclar la Historia y la oportunidad como intérprete. Fue en ocasión posterior a mi casamiento cuando pude participar en una miniserie sobre Mafalda de Saboya, que es un personaje muy importante de la familia, que murió en un campo de concentración, y su historia se desconoce. En tanto Clotilde Courau era importante para mí como artista. Hay que entender la complejidad de la situación en la que estoy porque no es fácil para una intérprete, entonces hay que dejar tiempo al tiempo.
-En A la sombra de las mujeres se plantea una reflexión sobre el tiempo pero casi no se brindan coordenadas sobre la época en la que transcurre la acción. Puede decirse que es una película de la época de la Nouvelle Vague por su estética y en la historia.
-Es verdad, porque hasta que no aparece un teléfono móvil uno no se da cuenta que está en esta época. Una de las particularidades del cine de Garrel es que está volviendo al sentido común de los valores humanos y la solidaridad. Es importante reiniciar la idea del largo plazo para comprender el mundo en el que estamos. Hay que recordar también que Philippe Garrel es de la época de la Nouvelle Vague, en Cannes cuando se presentó A la sombra de las mujeres en la Quincena de Realizadores se incluyó su cortometraje Actua 1 rodado en plena efervescencia de 1968. Y ahí se ve la fuerza de su cine porque no transgredió sus reglas.




