
Comedias románticas: un género difícil
Con algunos grandes ejemplos y otros películas y vergonzosos desastres, las películas dedicadas al amor son un verdadero desafío para la industria del cine actual
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Por cada Cuando Harry conoció a Sally hay veinte El cazar recompensas , La novia fugitiva, Dicen por ahí y No me robes a mi novio . Por cada Mujer bonita hay muchas, demasiadas, comedias románticas que no saben cómo contar una historia de amor creíble, graciosa y con la justa medida de fantasía. Después de todo, ¿qué otro género tiene a la historia de una prostituta y un empresario despiadado como su Santo Ggrial o pudo hacer un galán de Billy Cristal un galán?
Aun en mayor medida que la comedia en general, su derivado romántico suele cargar con el desdén de muchos por la supuesta simplicidad de sus guiones. Lo cierto es todo lo contrario: el hecho de que haya más comedias románticas fallidas que aciertos habla de la complejidad que inherente a sus relatos.
"Es difícil hacer una buena película, y por eso es que hay apenas un puñado de films de verdad muy buenos de cualquier género", dice Woody Allen en una nota recientemente publicada en la revista Entertainment Weekly. Allí, el director de Dos extraños amantes –título poco inspirado con el que se estrenó la gran Annie Hall en la Argentina– , y otros exponentes de la comedia norteamericana con tendencia a contar historias de amor reflexionan sobre el difícil arte de hacer una buena comedia romántica.
Para Denise Di Novi, prestigiosa productora de Hollywood (durante mucho tiempo fue la mano derecha de Tim Burton) que trabajó en Loco y estúupido amor, la comedia romántica es como un soufflé. "Si aunque sea un elemento de la preparación sale mal se te cae todo en un segundo y queda horrible, arruinado.".
En el caso de Amigos con beneficios, la solución fue asumir todos los lugares comunes del género, repensarlos para poder reírse de ellos sin por eso subestimar al público que los adora. Se trató de aceptar y ponerles nombre y apellido a esas películas que los espectadores consumieron –la primera escena ocurre en parte frente a un cine que está reestrenando Mujer bonita– y formaron su gusto por la comedia romántica y el romance en general. Para dejar en claro que la clave aquí se acerca a lo metadiscursivo, la heroína de la historia, interpretada por Mila Kunis, descarga la bronca de haber sido abandonada por su novio, culpando a la actriz Katherine Heigl de su último fracaso amoroso. Supuesta candidata mejor posicionada para heredar el trono de Julia Roberts y Sandra Bullock como reina de la comedia romántica, Heigl es aquí el símbolo de un género que para sobrevivir necesita hacerse cargo de sus obviedades y repeticiones para ser mejor.
"Así como la primera entrega de Scream le dio al cine de terror un sacudón al presentar de manera autorreferencial a personajes que conocían todos los sangrientos detalles del género –y eran sádicamente expuestos a ellos en primera persona–, Amigos con beneficios supone que sus personajes y usted, están cansados de los clichés de la comedia romántica que secretamente, o no tanto, adoran", escribía Manohla Dargis en su crítica de Thel New York Times.
Claro que no sólo la autoconciencia puede salvar a una comedia romántica de convertirse en una película floja y en un fracaso de taquilla que va transformando al género en un rareza hasta para el cine industrial que tanto ganó con él. Una de las respuestas más efectivas para el dilema de las películas "de amor" parece ser cambiar el objeto del afecto de las protagonistas. O al menos expandirlo un poco hasta que alcance cierto realismo consistente con las mujeres del siglo XXI21.
Según Aline Brosh McKenna, responsable de los guiones de El diablo viste a la moda, Un despertar glorioso y ¿Cómo lo hace? –que se estrenará en la Argentina el 6 de noviembre–, se trata de que los personajes femeninos tengan metas que no se limiten a lo romántico. Así, aunque la productora de televisión que interpreta Rachel McAdams en Un despertar glorioso tiene un interés amoroso en unel colega (Patricick Wilson), su momento de mayor emoción y realización ocurre con cada nuevo logro profesional y la aprobación de su enemigo mentor profesional. Algo similar podría decirse de Andy (Anne Hathaway) en El diablo viste a la moda. Más allá de que en el final la chica se reconcilie con el novio del que se había distanciado, el gran paso, el cambio que muestra el film, tiene que ver con su relación con Miranda Priestly (Meryl Streep) y un crecimiento laboral.
"Trabajar la idea de gente flaca que quiere enamorarse y sus problemas respecto deal amor no se traducen en impulsos demasiado dinámicos para una historia. Claro que con la sensación de que «tengo que soportar este año para luego conseguir un ascenso» o «si no consigoue que suban los ratings nos van a levantar el programa», ahí síi siento que el relato se mueve con cierta urgencia hacia adelante", explicaba McKenna en una entrevista . Esa forma de ver y trabajar el género la convirtió en una de las escritoras más respetadas del género, que en su caso ya no respeta la fórmula "chica conoce a chico, se enamora y algo pasa que les impide estar juntos hasta el final" –que suele transcurrir en un aeropuerto cuando alguno de los dos está a punto de irse para siempre–, sino que imagina la posibilidad de que la última escena ocurra en un lugar de trabajo doónde la heroína se da cuenta de que sí puede tenerlo todo: el trabajo y el hombre de sus sueños. El concepto no es nuevo –no se olviden de la maravillosa Secretaria ejecutiva–, pero generalmente se lo deja de lado por guiones doónde el enamoramiento anula cualquier posibilildad de realización personal más allá de él.
En estos tiempos en que Hollywood decide –más que nunca antes–, qué películas hacer con la planilla de recaudación en la mano, el futuro de la comedia romántica está en riesgo. A menos que aquellos que las hacen comiencen a arriesgarse para salvarlas.



