Cómo nacen los totalitarismos
La película del cineasta alemán Dennis Gansel está basada en un experimento hecho en un colegio real
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Alemania, hoy. Un profesor de un colegio secundario pone en marcha un experimento que está seguro de que permitirá explicar a sus alumnos cuál es el funcionamiento de los gobiernos totalitarios. Lo que comienza como un juego en relación con la disciplina y la idea de comunidad se convierte en un movimiento llamado Die Welle (es decir, La ola). Al tercer día, los alumnos comienzan a aislarse y amenazarse entre sí. Cuando se desata la violencia durante un partido de waterpolo, el profesor decide terminar el experimento, pero ya es demasiado tarde, porque La ola es demasiado grande. El grupo se ha descontrolado.
Este hecho, inspirado en un experimento llevado a cabo en 1967 en un colegio norteamericano, es el punto de partida de La o la, la película del alemán Dennis Gansel (ya conocido por NaPolA , acerca de una forma de enseñanza de elite implementada en la Alemania nazi), con Jürgen Vogel, Frederik Lau y Jennifer Ulrich que pasado mañana estrenará Impacto. A su paso por Buenos Aires en 2008, Gansel habló con LA NACION sobre la película y el resurgimiento mundial de la ultraderecha.
-¿Por qué este tema?
-La pregunta que siempre me hago es cómo sería esto hoy en día. ¿Puede ser que nuestra generación se sienta atraída por un ideal así? ¿Qué postura tendría yo en caso de que sucediera?
-Es una realidad en aumento desde la caída del Muro de Berlín..
-Está relacionada. Detecté esta tendencia en 1992, cuando por primera vez la economía alemana empezó a caer y los porcentajes de votos que recibían los partidos muy conservadores o de derecha empezaron a crecer, principalmente en Alemania oriental, como una gran reacción contra la inmigración. Empecé a preguntarme si esto estaba realmente lejos de nuestra generación. Está escrito: cuando hay una pequeña recesión económica y enseguida la derecha reacciona, consigue nuevos adeptos.
-¿Tiene algo que ver con alguna experiencia personal?
-Sí; cuando tenía quince años, me uní a un grupo de skaters. Sus fundadores tenían tres o cuatro años más que yo y eran de extrema derecha... Ya en aquellos tiempos hablaban pestes de los extranjeros. Sin embargo, lo único que yo pretendía era patinar. En realidad, debería haber reaccionado, pero no quería quedar excluido.
-¿El resultado se repite?
-Es muy difícil decir que eso ocurra siempre, pero hemos observado en varios experimentos, sea la separación de niños de acuerdo con su color de ojos, azules o marrones, los chicos que nacieron en verano o invierno, incluso este experimento que se hizo en Texas, en el que se dividió a la población según judíos y derechistas extremos, y se les fue de las manos. Esto demuestra que este tipo de experimentos funciona. El autor del proyecto original declaró que la experiencia fue horrible y que nunca la repetiría. Todo esto demuestra que algo así puede suceder en cualquier momento y lugar.
-¿Cómo tomó la ultraderecha de su país la película?
-Un diario de ultraderecha nos propuso una entrevista sin ver la película. Después de verla, la cancelaron. Nos gustaría saber qué opinan del film los jóvenes que se reconocen como de ultraderecha, y comprobar si se puede convocar a un debate sobre el tema. También me gustaría saber cómo la recibirá el público de la Argentina.
-¿Va a insistir en el tema?
-No creo. Ya estuve investigando el pasado y el presente; ya me contesté todas las preguntas que me había hecho. Hice una investigación sobre mi familia y también sobre mí. Tengo ganas de trabajar en asuntos nuevos y en otros géneros; por ejemplo, una historia de ficción en un entorno actual, acerca del terrorismo de Estado y de cómo este utilizan la fuerza y la violencia para imponer sus ideas.
-Entonces, volverá a la reflexión política?
-Sí, porque me apasiona.





