Consagradas a la aventura de educar
"1420, la aventura de educar" (Idem, Argentina-EE.UU./2003, color; film de carácter documental hablado en español e inglés). Dirección: Raúl Tosso. Con Joaquín Furriel. Idea original y diseño de animación: Susana Tossi. Investigación histórica: Olga Juzyn. Guión: Raúl Tosso y Olga Juzyn. Fotografía: Sergio Dotta. Música: Juan José Otero. Edición: Augusto Oviedo. Presentada por el Incaa y Rhode Island College. 84 minutos. Apta para todo público.
Lo dice Beverly Weiss, una profesora del Framingham State College, a poco de iniciarse el film: "La historia de las 65 maestras norteamericanas tiene todos los elementos de una gran novela: aventura, peligro, emoción, tragedia, romance, frustración y, finalmente, éxito". Por supuesto, se refiere a las educadoras norteamericanas que con la fundación de escuelas normales y la formación de maestras argentinas hicieron realidad buena parte de la epopeya educativa soñada por Domingo Faustino Sarmiento, en un plan que se desarrolló en las últimas tres décadas del siglo XIX.
Y es cierto: la aventura de estas mujeres que se atrevieron a dejar patria, familia y bienestar para poner su vocación al servicio de la causa educativa en una tierra remota, con otro idioma, otra religión y todavía agitada por las turbulencias de un país en construcción, contiene elementos que invitaban a una recreación novelesca.
Ante la imposibilidad material de concretarla, Raúl Tosso encontró una solución ingeniosa: un documental que apela a distintos procedimientos para proponer una visión de la epopeya de aquellas mujeres y un bosquejo del cuadro social y político de la época, incluidos los obstáculos que tuvieron que enfrentar, nacidos tanto de las arduas condiciones materiales como de la intolerancia o el prejuicio, y pone el acento en la ley de educación común, logro decisivo para la consolidación de la Nación y la conformación de una sociedad integrada e igualitaria.
Dramatización
Así, los autorizados testimonios -de la citada Weiss, Félix Luna, Juan Carlos Tedesco o Beatriz Bosch, entre muchos otros- se alternan con el empleo de la representación, ya para que las propias protagonistas expongan recuerdos y pensamientos extraídos de sus memorias, ya para encontrarlas en medio de escenas que hablan de su dedicación, su convicción y su arrojo, ya para que interactúen con el personaje que guía la narración, un director (personificado por Joaquín Furriel) que está editando el material de su documental.
Asimismo, también se recurre, con buen tino, al dibujo y la animación, como para escapar del clásico formato del documental en el que todo depende de la voz en off.
Tal elección favorece el ritmo y aligera el tono didáctico, aunque en ocasiones la multiplicidad de puntos de vista enmarañe un poco el hilo de la exposición.
La dimensión humana de la epopeya se aprecia mejor cuando la atención se fija en el retrato individual. Así sucede con Serena Frances Wood, que llegó tras su dura experiencia en Virginia, donde había fundado la primera escuela para negros tras la Guerra Civil, y murió durante la epidemia de fiebre amarilla. O con Jennie Howard, merecedora del conmovedor homenaje de sus ex alumnos y cuyas memorias fueron un aporte importante para la elaboración de este film noble y valioso.
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