Crónica de un duro exilio amoroso
Su director, Diego Martínez Vignatti, recrea un viaje emotivo entre la Argentina y Francia al ritmo del 2x4
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Para Diego Martínez Vignatti, el exilio no sólo es producto de persecuciones políticas, sino también por cuestiones de amor. Ese es el centro de La cantante de tango , su tercer largometraje, una coproducción entre la Argentina, Bélgica, Francia y Holanda, que el jueves estrenará Trivial Media.
En 1997, tras graduarse como abogado en La Plata, el cineasta nacido en Bahía Blanca, en 1971, se fue a vivir a Bélgica, donde estudió cine. Sin embargo, aclara, sigue siendo tan argentino como cuando partió "y seguramente por eso me sigue apasionando el tango", asegura, en diálogo con LA NACION.
Tras su debut con el documental Nosotros , en 2002, Martínez Vignatti fue director de fotografía de Japón y de Batalla en el cielo , las dos películas del mexicano Carlos Reygadas. En 2007 volvió a la carga con La marea , su primera ficción, que participó en el Bafici de aquel año.
Helena, interpretada por Eugenia Ramírez Miori (que es argentina, pero se fue a vivir a Bruselas hace siete años donde actualmente es además profesora de danza), es una talentosa cantante de tango profundamente enamorada de su pareja. Justo en el momento en que su carrera despega, el hombre la deja. Torturada por la pérdida, no puede recuperarse, lo que no le impide probar suerte en otro país. El actor suizo Bruno Todeschini interpreta a un personaje que le cambia la vida a la protagonista.
-¿Por qué el tango como eje?
-Tengo una relación muy especial con un género musical que es mucho más que eso, que es una cultura, un estado de ánimo. Mi primera película fue un documental dedicado a la gente que baila tango. Siempre estuve fantaseando con una película como ésta, que veo como una suma de tangos que componen uno más grande. Los temas que el personaje canta son el hilo conductor. Opto por ahorrarme páginas y páginas de diálogos o monólogos, y pongo en la voz de ella y en la poesía que canta todo lo que va pasando, sus anhelos, sus felicidades: ella canta lo que vive apasionadamente, y el tango se encarna en ella.
-¿Cuál es el tema principal?
-Quería abordar un exilio que existe, pero del que se habla poco: el amoroso. Se insiste mucho en el político y el económico, que está bueno, pero casi nada con el amoroso. Conozco gente que ante el espanto y el dolor de una pérdida definitiva o una relación que los está matando no encuentran otra solución que tomarse un avión e irse lejos de aquello que le hace daño, imaginando que pueden empezar todo de nuevo. El tango, como el dolor y la felicidad están dentro de uno mismo
-La imagen que mostrás de Buenos Aires no es pintoresca?
-No quise filmar en Buenos Aires buscando la postal turística, ni el realismo ni el costumbrismo. Traté de inventar un mundo algo fantástico. Los decorados son un parámetro más de toda una gran construcción cinematográfica. Además, estoy convencido de que el tango no es popular. De hecho un cantante de tango no llena un Luna Park, y si no fuera por las subvenciones de la ciudad, estaría en peligro. Es un fenómeno contracultural, marginal. Estoy en contra de todo tipo de especulación comercial: hago cine quizá de una manera ingenua, solamente lo que me gusta, siendo honesto conmigo mismo, porque es la única forma en que puedo serlo con los demás.
-Es tu segunda película con Eugenia Ramírez Miori...
-Cuando terminé La marea , que me dio muchas satisfacciones, sabía que quería hacer una nueva película con Eugenia para seguir explorando en lo que más me interesa que es la complejidad femenina, una obsesión. Antes incluso de imaginar La cantante? sabía que mi próxima película iba a ser el retrato de una mujer.



