Cuarentena con paladar negro: recomendados cinéfilos de Mubi
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Hace poco más de un año, Mubise hizo popular entre la cinefilia argentina porque liberó su servicio durante 2019 para dar a conocer su programación. Cine de autor, clásicos en óptimo HD, películas secretas y lo mejor de los festivales del mundo aparece día a día en esta plataforma que organiza ciclos on line, con una notable curaduría, pensada tanto para el ávido espectador que siempre busca lo distinto, como para aquel que aspira a conocer lo mejor del cine mundial (los films duran treinta días en la plataforma, reemplazados a su término por una nueva selección). Entre la programación disponible en estas semanas de reclusión hogareña por el coronavirus,que ofrece como su rival Qubit y muchas otras plataformas, una promoción para estos momentos de pandemia–se puede suscribir en estos días por tres meses a cien pesos; su valor habitual es 219 pesos por mes– elegimos diez títulos atractivos para entrar al universo de Mubi.

El sirviente (The Servant, Joseph Losey, 1963)
En el marco del ciclo "Autor proscripto: Joseph Losey", se presenta una de las obras más importantes de este director norteamericano exiliado en Londres luego del macartismo. El sirviente, notable adaptación del dramaturgo Harold Pinter de la novela de Robin Maugham (sobrino del célebre W. Somerset Maugham), explora los complejos vínculos sociales e íntimos entre el rico y mimado Tony (James Fox) y su sirviente Barrett (Dirk Bogarde). Nutrido de la impronta oscura y barroca del cine negro, Losey retuerce la lógica de sumisión y dependencia entre los personajes en un espiral de atracción y locura que define el tenso ambiente de aquella Inglaterra todavía desconcertada luego de la posguerra. Atrevida, audaz y con aires góticos, El sirviente marcó una de las cumbres del arte de Losey en Europa y la fascinante comprobación de la riqueza de su universo. Dentro de este ciclo dedicado a Losey también se encuentra disponible Eva (1962), basada en la novela de James Hadley Chase, con Jeanne Moreau.
Guilty Bystander (Joseph Lerner, 1950)
El film noir ha sido una inmejorable caja de resonancia de los miedos y ansiedades de Estados Unidos luego de la guerra. Los contraluces estéticos y los ambientes urbanos de las grandes ciudades se convirtieron en el eco de las oscuridades morales que marcaron la bisagra del siglo XX. Pero junto a las grandes obras maestras de directores de renombre, muchos emigrados a Hollywood para sobrevivir ante la llegada del nazismo, aparecieron infinitas películas de bajo presupuesto y modestas aspiraciones, algunas gemas secretas perdidas en los dobles programas y rescatadas con el tiempo por la avidez de la cinefilia. Tal es el caso de Guilty Bystender, la historia de un ex policía alcohólico que peregrina en una ciudad ominosa y esquiva para encontrar a su pequeño hijo secuestrado. Bajo esa fábula de detectives y criminales, se forma una extraña y fascinante exploración del alma humana, como lo fue también la modesta Detour de Edgar Ullmer, filmada cinco años antes, con la que comparte la bruma de las carreteras y la ambigüedad moral de todos sus personajes.
Ascensor para el cadalso (Ascenseur pour l'échafaud, Louis Malle, 1958)
La ópera prima de ficción de Louis Malle no solo presentó a Jeanne Moreau caminando por las calles de París con la inolvidable melodía de Miles Davis de fondo, sino que anticipó los cambios que vendrían en el cine francés con la inminente llegada de la nouvelle vague. Película de culto, de recuerdos de cinemateca, de renovación de los tópicos del policial y de indirecto retrato de la ascendente juventud que definiría a los 60, este desembarco triunfal de Malle en la cima del cine francés de posguerra cuenta la historia del joven Julien (Maurice Ronet), ambicioso y criminal, confinado al encierro de un ascensor como única expresión de esa inquietante alienación que da paso a la irónica burla de un destino impensado. Dentro del ciclo de Malle también se pueden ver Zazie en el metro (1960) y El fuego fatuo (1963).
El pan nuestro de cada día (Our Daily Bread, King Vidor, 1934)
La carrera de King Vidor fue el mejor ejemplo de compromiso y negociación entre las ambiciones personales y las exigencias del sistema de Estudios que dejó la era de oro de Hollywood. "Una para mí, una para ustedes", parece ser que decía Vidor en su toma y daca con los altos productores de la industria. Y si con ese sistema logró películas imponentes y ambiciosas como Y el mundo marcha (1928) a cambio de solventes e inolvidables melodramas como Stella Dallas (1938), si tuvo que salvar una producción como El mago de Oz (1939) filmando todas las escenas de Kansas, y luego fue despedido del rodaje de Duelo al sol (1946) por no atenerse a los caprichos de David O. Selznick, también consiguió contrabandear sus ideas sociales en una notable oda al comunitarismo como El pan nuestro de cada día. Uno de los grandes retratos humanos de los tiempos de la Gran Depresión es también una historia de solidaridad y sacrificio en tiempos de crisis, una mirada cálida sobre sus personajes, ataviados con emociones únicas, vistas desde un prisma de conciencia y reflexión del que solo el cine de Vidor fue capaz de darnos.

India Song (Marguerite Duras, 1975)
Una de las raras y maravillosas películas dirigidas por Marguerite Duras en los 70, inspirada en sus memorias de la India y en aquel pasado evocado de manera única en su literatura. Ambientada en los años 30, India Song cuenta la historia de Anne-Marie (extraordinaria Delphine Seyrig), la esposa de un diplomático francés que divide sus días entre los amores pasajeros y el agobiante hastío que no la deja en libertad. Como un lejano eco de la Emma Bovary de Flaubert, el personaje de Duras modula las constantes obsesiones de su autora en ese mágico alter ego, consumido por el aburrimiento existencial y el pecaminoso colonialismo que marca y define su existencia. Más cercana a la poesía que a la narrativa, India Song es una película de excepción, incluso dentro de la misma filmografía de Duras, centrada en un pulso femenino inusual, desbordante de pasiones secretas y existencias anómalas.
Darling (John Schlesinger, 1965)
Dentro de un ciclo que recorre las obras tempranas de John Schlesinger, director conocido en Hollywood por Perdidos en la noche (1969) y Maratón de la muerte (1975), Darling asoma como una mirada audaz sobre el nacimiento del Swinging London un año antes de la emblemática Blow Up de Antonioni. Diana Scott (Julie Christie) es una modelo que asciende sin restricciones ni escrúpulos en el mundo de la moda y los altos negocios, seduciendo hombres y jugando su atractivo y sensualidad como una pieza de cambio. Ya la pionera Un lugar en la cumbre (1959) de Jack Clayton, basada en una novela del 'angry young man' John Braine, había mostrado los estragos del anhelo de ascenso social en esa joven Inglaterra, pero Schlesinger desnuda una sensibilidad femenina atípica, vista más allá de los tópicos de la icónica femme fatale, encarnada por la magistral Julie Christie, en las puertas de su consagración.
El diario de un cura de campaña (Journal d'un curé de campagne, Robert Bresson, 1951)
La película que funciona como bisagra en el cine de Robert Bresson es una de las mejores puertas para entrar a su obra. En los años 40, tanto Los ángeles del pecado (1943) como Las damas del bosque de Boulogne (1945), funcionaron como presentación de un director atípico, dueño de una poética visual estilizada y ajena al realismo imperante, que trabajaba en condiciones de independencia en el marco de unos estudios todavía ceñidos a los tiempos de la Ocupación. El diario de un cura de campaña, adaptación de la novela de Georges Bernanos, fue para Bresson la excusa perfecta para la formalización de su estilo, concentrado en la palabra y en tensión con las imágenes, marcado por un camino interior que asoma en ese calvario celebrado. Es la historia de un cura enfermo y aterido por las dudas de su servicio y su vocación, que intenta formar parte de una pequeña comunidad rural que le revela sus angustiados y hostiles rostros. Es allí donde Bresson consigue deslumbrarnos con una pasión que no tiene nada de melodramática, que se afirma en el pulso único de su representación.
Three Idiots (Rajkumar Hirani, 2009)
Dentro de la variedad de películas más contemporáneas que ofrece la plataforma, hay un interesante y variado recorrido por el cine indio. En esta extraña comedia, con algo de drama y bastante de ironía, el director Rajkumar Hirani sigue el recorrido de dos amigos que compartieron la carrera de ingeniería y ahora intentan encontrar al tercer compinche de estudios, quien les enseñó el valor de la reflexión y el poder de la imaginación. Epopeya espiritual y geográfica que adquiere visos de camino imposible, que por momentos recuerda el derrotero absurdo de los tres presidiarios de los hermanos Coen en ¿Dónde estás, hermano? (2000), y en otros una amarga reflexión sobre el peso del conformismo que demanda una estricta jerarquía social, Three idiots se convirtió en un inesperado éxito de Bollywood en todo el mundo, con sus musicales locos y sus coreografías audaces, demostración única de que el cine indio puede cambiar de tono, probar géneros, ser conmovedor, y encima sorprendernos.
El despertar de las hormigas (Antonella Sudasassi, 2019)
El debut de la costarricense Antonella Sudasassi es una de las películas que conforma la muestra sobre el Festival de Berlín del año pasado. En su vocación de abrir el cine de festivales a los públicos del streaming, Mubi no solo presenta películas de amplio recorrido internacional, sino algunas obras más secretas, ejemplos de la renovación de los cines latinoamericanos o de la aparición de algunas voces hasta ahora sin visibilidad. Tal es el caso de la historia de Sudasassi sobre una joven madre de dos hijos, confinada a una estructura familiar opresiva, a quien vemos preparar un cumpleaños en medio del caos hogareño. La cámara, fija sobre su restringido universo, se abre lentamente a ese trabajo mecánico que define su existencia, regido por mandatos y obediencia como el imperante en el mundo de las hormigas. Ganadora del Premio del Jurado en el Festival de Seattle y celebrada en la Berlinale, El despertar de las hormigas es un retrato preciso y austero de un universo conocido pero visto desde sus ecos culturales con la fuerza de un estilo audaz.
El ganador (The Fighter, David O. Russell, 2010)
Una de las mejores películas del scorsesiano David O. Russell, a menudo opacada por otras más vistosas como El lado luminoso de la vida (2012) o Escándalo americano (2013), es también una inquietante mirada sobre los lazos familiares en el seno de la vida norteamericana. Inspirada en la historia de Micky Ward, quien intentó forjar una carrera en el boxeo escapando a la compleja relación con su hermano mayor, guía y pesada sombra en su profesión y sus afectos, es también una aguda exploración sobre esos círculos marginales que transitan los boxeadores, sus complejos entornos familiares, sus ambiciones y sus miedos. Con notables actuaciones de Christian Bale (que, como de costumbre, bajó de peso y transformó su fisonomía), Mark Wahlberg y Amy Adams, demuestra el pulso de Russell en la dirección cuando un tema lo seduce y se decide a sortear sus propias limitaciones.
Además de las películas elegidas, se puede disfrutar de un notable ciclo de películas de Yûzô Kawashima, uno de los directores claves del Japón de posguerra, no tan conocido como muchos de sus pares de la talla de Akira Kurosawa o Yasujiro Ozu, pero al que se puede descubrir en los mejores títulos de su carrera disponibles en Mubi.
El costo del servicio es de $219 por mes y en este momento hay una promoción en $100 durante tres meses.
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