
Denso y cautivante film brasileño
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"A la izquierda del padre" ("Lavoura arcaica", Brasil/2001). Dirección, guión y edición: Luiz Fernando Carvalho. Con Selton Mello, Raúl Cortez, Leonardo Medeiros y Juliana Carneiro de Cunha. Basado en la novela homónima de Raduan Nassar. Fotografía: Walter Carvalho. Música: Marco Antônio Guimarães. Dirección de arte: Yurika Yamasaki. Presentada por Artkino Pictures en los cines Village Recoleta y Village Galerías Pacífico. Duración: 171 minutos.
Nuestra opinión: muy buena.
Premiada en los festivales de Montreal, La Habana, Biarritz, Cartagena, San Pablo y Buenos Aires, donde acaba de obtener cuatro distinciones (incluida la del público), "A la izquierda del padre" es mucho más que lo que aparenta ser: una bella, pausada y hermética película brasileña de casi tres horas destinada apenas a una restringida cofradía de cinéfilos iniciados.
Si el espectador está dispuesto a invertir su tiempo y paciencia, a disponer de sus sentidos y sensibilidad de la forma más amplia y participativa posible, es muy probable que la opera prima de Luiz Fernando Carvalho lo termine cautivando, como ocurrió en cuanto lugar el film se exhibió.
Basada en la novela maldita del escritor paulista Raduan Nassar, esta épica sobre una familia rural de origen libanés-cristiano alcanza una profundidad psicológica y una perfección formal inéditas no sólo en el cine brasileño sino en buena parte de la producción latinoamericana reciente.
Este joven director formado en la rica producción televisiva de su país alcanza una madurez infrecuente para un debutante a la hora de sostener durante 171 minutos una suerte de tragedia griega recorrida por jóvenes torturados por padres tiránicos y posesivos, complejas relaciones entre hermanos, el tema del incesto, deseos sexuales reprimidos con inevitables implicancias psíquicas, ataques epilépticos, las consecuencias de un conservadurismo religioso extremo y la vigencia de viejas tradiciones sociales.
Carvalho dobla la apuesta al trabajar su melodrama con diálogos de inconfundible origen y estructura teatrales, pero esta decisión -lejos de distanciar o incomodar al espectador- sirve para hacer aún más seductora la experiencia, a partir de la fuerte carga poética de los textos y de la entrega visceral que hacen los actores.
Riqueza visual
Ya sea a través de primeros planos que registran de manera descarnada la tragedia íntima de cada personaje o de tomas panorámicas donde se aprecia la amenazante presencia de la naturaleza, Carvalho construye un universo de una enorme riqueza y sujeto a múltiples lecturas.
A la hora de diseñar encuadres de una gran carga lírica y expresiva, el realizador encontró en el notable director de fotografía Walter Carvalho a un colaborador de lujo para trabajar la iluminación de cada toma con una sutileza y una riqueza visual que por momentos remite al cine del ruso Alexander Sokurov ("Madre e hijo").
Es probable que cierto sector del público no habituado a este tipo de propuestas bastante más exigentes que el cine convencional se pueda sentir abrumado por un film propenso a caer en algún exceso, pero esta exploración sobre el placer, el pecado, el castigo y la familia alcanza algunos de los momentos más conmovedores y fascinantes que el nuevo cine brasileño haya entregado en los últimos años. Así, las tres horas terminan siendo cortas y hasta puede ser que el espectador se quede con ganas de un poco más de este cine de tanta jerarquía artística.



