Dibujitos de otros tiempos
Se presentó una nueva versión de "Anteojito y Antifaz"
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El tiempo cambia costumbres, gustos y pensamientos. En el cine infantil, lo que fue sorpresa y poesía hace treinta años, hoy es apenas un recuerdo nostálgico para esos espectadores mayores que, evidentemente, crecieron en torno de personajes y situaciones insertados en una época que todavía no conocía los adelantos tecnológicos y se amparaba en la más pura inocencia.
Cuando en 1972, y con 90 minutos de duración, se estrenó "Mil intentos y un invento", el primer largometraje argentino de dibujos animados, Manuel García Ferré, su creador, ya había logrado la consagración absoluta a través de la historieta de los tan entrañables personajes de Anteojito, Antifaz, la bruja Cachavacha y todo ese mundo de criaturas dibujadas con trazos armónicos e insertadas en anécdotas donde la simplicidad y la moraleja edificante eran sus principales sostenes.
Desde la pantalla grande, Anteojito y Antifaz acrecentaron su popularidad y la película fue un sensacional éxito de público y, además, ganó varios premios internacionales. En 1984, esos personajes todavía no estaban definitivamente agotados, y García Ferré decidió reponer, esta vez con 95 minutos de duración, "Mil intentos y un invento". El suceso de público fue menor que en el momento de su estreno, pero todavía existía una generación que se había emocionado con las aventuras y desventuras de sus protagonistas.
Como los períodos de vacaciones escolares de invierno son muy apropiados para el lanzamiento cinematográfico de películas para niños y jóvenes, el dibujante, esta vez asociado con la distribuidora norteamericana Buena Vista International, desempolvó otra vez "Mil intentos y un invento", le antepuso al título los nombres de Anteojito y Antifaz y la repuso con 80 minutos de duración, aunque, según se aclara, la banda sonora fue renovada y cuenta con sonido Dolby.
Quedarse en el pasado
Tanto en el momento de su estreno, a principios de la década del setenta, como ahora, "Anteojito y Antifaz. Mil intentos y un invento" es un dibujo animado destinado exclusivamente a los muy pequeños. Pero los chiquilines de aquellos años se asombraban con facilidad frente a ese inventor bastante tozudo al que su sobrino siempre amparaba y creía en sus dotes para descubrir una fórmula que podía volver invisibles a los hombres. Reían también ante la bruja Cachavacha, símbolo del mal dentro de una historia que, al fin y al cabo, lanzaba con simplicidad unos dardos que daban en el blanco de la bondad y de la honestidad total.
En realidad, "Anteojito y Antifaz. Mil intentos y un invento" no ha cambiado. Cambió, sin embargo, el público, que hoy, para mejor o para peor, tiene fuertes ligazones con otros elementos audiovisuales. El film de García Ferré, pues, ya perdió su lugar dentro de una filmografía para los espectadores menudos. El creador de Anteojito y Antifaz deseó reflotar con sus criaturas arqueológicas y su historia sensiblera un film que no resiste el paso del tiempo. El actualizarse en materia cinematográfica es una obligación de los creadores de películas para niños. Y, sobre todo, de García Ferré, que posee el talento de las almas sensibles y la mirada diáfana de quienes creen que la niñez es perdurable.
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