
George Hilton, el uruguayo del spaghetti western
Las insólitas andanzas del actor que se fue de la Argentina para huir de un amor difícil y terminó consolidando su carrera en el cine italiano, en films de pistoleros y del giallo; planea filmar a las órdenes de Tarantino junto a otras recordadas estrellas del género
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PUNTA DEL ESTE.- Sentado en los cómodos sillones del lobby bar del hotel Conrad resulta difícil imaginarlo como un pistolero del Lejano Oeste o como el protagonista de un alucinado mundo de terror. Mucho menos intuir que detrás de ese elegante porte de señor acomodado se esconde en realidad el perfil de un actor uruguayo que cinceló su fama en el cine europeo de la mano del spaghetti western y del giallo, aquel cine de terror italiano tan singular como indescriptible. Con sus vitales e insospechados 81 años, la trayectoria de George Hilton no se detiene: "Si todo va bien, voy a filmar con producción de Tarantino", dice, luego de recibir un homenaje por su trayectoria en el 19° Festival Internacional de Cine de Punta del Este. Para el actor participar del clásico encuentro esteño significa una doble gratificación porque le permitió retornar a su tierra natal luego de años de ausencia.
–¿Cómo llega un actor uruguayo a brillar en la pantalla europea? ¿Cuánto de planificación o de suerte hubo en esa historia?
–Nunca lo pensé; creo en el destino como un libro que está escrito y te dice lo que vas a hacer en la vida. Trabajaba en el cine argentino, hacía fotonovelas y también teatro, pero me tuve que escapar por una situación sentimental que era muy pesada, con una mujer que me tenía harto y con la cual no podía convivir. Hice lo de los famosos maridos que dicen: "Voy a comprar cigarrillos y vuelvo", pero me fui a Ezeiza y pregunté por el primer vuelo a un destino lejano. Me respondieron que en unas horas salía un vuelo a Milán. "Deme ese", dije. Saqué ida sola. Llegué a Milán el 16 de julio, el día de mi cumpleaños, vestido de invierno, y hacía un calor imposible. Me recomendaron irme a la Riviera Ligure, que por lo menos tenía mar. Cuando llegué, se me acercó una rubia espléndida que después supe que era una pianista muy famosa, y me dijo: "Yo a vos te conocí, te vi en Mendoza haciendo teatro. ¿Qué haces acá?". Le conté y llamó a su madre. Pasé a vivir en un piso con ellos.
–¿Fue una rápida solución?
–No lo fue tanto, porque si bien vivíamos en pisos separados, comencé a tener una relación sentimental con ella y los abuelos eran muy avaros y me acusaban todo el tiempo de comerme la mermelada. Vi que la situación se estaba poniendo fea y que debía irme de nuevo. Le hice un cuento de que tenía que ir a Cannes, que venía mi familia; me llevé todo y desaparecí. Me fui a Roma. Me sentía un pajuerano en la Via Veneto hasta que desde un café me reconocieron porque estaba peinado a la gomina. En el grupo estaba Lea Massari, una actriz famosísima de entonces, y uno de ese grupo me dijo: "Me tengo que ir a hacer una película a Yugoslavia, te dejo mi departamento y un cuaderno con teléfonos". Así conseguí a mi representante y mi primera audición en la Titanus.
–¿Recuerda cómo le fue en esa audición?
–Lo recuerdo como si hubiese sido hoy. El film era El hombre enmascarado contra los piratas. ¡Mirá que título! El director era Vertunnio De Angelis, que me vio y dijo: "No, éste es un flaquito, yo quiero un musculoso". En ese momento se abrió una puerta y salió el productor, Pino Addario, y dijo: "Éste es fantástico para ser el protagonista". Me preguntó si sabía esgrima, tirar y andar a caballo. Le dije a todo que sí aunque no era verdad. Me llamó a los pocos días y me dio el protagónico. De inmediato hice una segunda película y luego tuve un éxito tremendo en publicidad, que me hizo ganar mucho dinero.
–Ya había trabajado en varios films argentinos. ¿Fue un cambio muy grande?
–Sí, había hecho Alto Paraná; El bote, el río y la gente, y había empezado como extra en Los tallos amargos. Era muy distinto porque había una organización mejor, trabajabas y ganabas muy bien. Cuando llegabas a ser la estrella de la película te mimaban. A los que no eran nada hasta les pegaban. Yo he visto que le pegaran un cachetazo a un actor, que le gritaran que se pusiera en tal sitio. El cine de entonces era diferente, pero hoy el cine argentino está muy bien.
–¿En ese lapso marcado por la publicidad abandonó el cine?
–No, por insistencia de mi mujer de entonces busqué un representante nuevo y fue una buena decisión porque me consiguió una audición para una película que fue fundamental para mí: Tiempo de masacre, con Franco Nero. De la audición para ese papel participaron 300 actores. ¡Y quedé!
–¿Y dentro de aquel cine italiano, cómo era filmar un spaghetti western?
–Depende cual. La Euro International escribía las películas para mí y decían: "Hacemos la película con George Hilton". Tuve directores excelentes, como Lucio Fulci o Giorgio Capitani, con quien hice Los cuatro despiadados, con Van Heflin y Klaus Kinski.
–¿Hay algún proyecto que no haya podido hacer?
–Con Sergio Leone no pude filmar; teníamos un proyecto pero él murió antes. Otra vez me pasó con Michelangelo Antonioni. Me invitó a cenar a su casa con Mónica Vitti y me ofreció un proyecto que quería hacer conmigo. Los norteamericanos lo presionaron y el protagonista fue Jack Nicholson; la película, claro, era El pasajero.
–De Lucio Fulci era Tiempo de masacre, donde hizo de hermano de Franco Nero.
–Fue un rodaje muy duro porque con Fulci no estaba muy de acuerdo, pero reconozco que le debo todo. El rodaje era en inglés y Fulci era muy severo, se enojaba y tiraba el guión. Con Franco Nero el rodaje fue muy bien pero cuando salió la película y todas las buenas críticas fueron para mí a él no le gustó, tanto fue así que no quiso trabajar conmigo nunca más. Ahora tendría que hacer una con él, vamos a ver qué pasa.
–¿Cuál es ese proyecto?
–Lo apadrina Quentin Tarantino y lo dirigirá Enzo G. Castellari, los capitales son alemanes y Tarantino dice que será un éxito. Es una película con los viejos del spaghetti western: Franco Nero, Bud Spencer, Tomas Milian, Gianni Garko, Fabio Testi y yo. Para recrear aquel universo, cada uno de nosotros representa el personaje con el que más éxito ha tenido.
–¿Qué necesita un actor para hacer de cowboy?
–Tener un físico acorde, saber andar a caballo, dar puñetazos yo hice boxeo de chico, tener resistencia y soportar la mugre, el polvo y los tiros... pero siempre preferí las comedias como las que hacía Cary Grant. Debo confesar que a mí el western no me gustó nunca.
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