
Esteban Larraín: "Más que hacer cine político creo que mi cine es político"
El director de La pasión de Michelangelo es parte de la nueva ola de cineastas que han convertido a Chile en la estrella del circuito festivalero
1 minuto de lectura'
Esteban Larraín forma parte de la nueva ola de directores de la cinematografía chilena (aunque no tiene parentesco con Pablo Larraín, compatriota cuyo film No fue nominado al Oscar este año). Tras realizar estudios de periodismo, se volcó a la pantalla grande y en 1997 realizó Patio 29 , su primer documental, al que siguieron Ralco y El velo de Berta y, en 2008, rodó Alicia en el país , su primer largometraje de ficción al que siguió, tres años más tarde, La pasión de Michelangelo , que Primer Plano Film Group estrenará mañana en nuestro país. "La trama -explica durante un diálogo telefónico- se basa en la historia de un adolescente que protagonizó en un pequeño pueblo un fenómeno de religiosidad popular. La idea surgió en 2007 cuando vi por televisión un programa que repasaba los casos más recordados de los años 80 relativos a esa temática. Fue la primera vez que me di cuenta de lo fascinante que sería hacer una película sobre un vidente que conmocionó a todo un pueblo. Aquí estaban los milagros, las multitudes, el fanatismo, la arista política y la historia de Miguel Ángel como la gran metáfora de la atávica búsqueda de la identidad nacional. Me imaginaba un film perfecto que nunca se podría hacer por lo costoso y complejo que significaría producirlo, sobre todo en Chile, donde los costos promedio de una película independiente no bajan de los 200.000 dólares."
-¿De qué manera lo concretaste?
-Escribí un tratamiento de la historia y se la presenté a José Román, guionista con quien yo ya había trabajado, y decidimos enviar el libreto al atelier del Festival de Amiens, en el que conocí a Georges Goldenstern, de Cinefondation, y tuvimos mucha suerte porque a él le interesó el proyecto y aportó parte del capital para filmar la película.
-Tu preocupación por la temática de la pobreza y el desamparo se repite desde tu primera película...
-No manejo esos elementos en forma discursiva para, por ejemplo, pasar un mensaje de denuncia o algo por el estilo. Alicia en el país y La pasión de Michelangelo son parte del paisaje social. El primero forma parte de los pastores de llamas, y en La pasión la pobreza es una característica de casi toda América latina en los años de la crisis del petróleo, entre 1982 y 1983. Creo que más que hacer cine político puedo decir que mi cine "es" político. Por ejemplo, Alicia en el país es una película que tiene tanto de política como de onírica. En La pasión de Michelangelo la política forma parte del contexto histórico, del escenario social, pero es una película cuyo tema tiene que ver más con lo religioso. Está aquí el conflicto de la fe y lo frágil, compleja y difícil que es de sostener y cuán fácil puede ser manipulada.
-¿Qué te motivó a darle a Patricio Contreras el papel central?
-El actor que representara el papel del padre Ruiz-Tagle era fundamental por dos razones: por una parte, sobre él pesaba la responsabilidad de ser los ojos de los espectadores y, por otra, debía mostrar un proceso interior muy sutil. Y la verdad es que nunca tuve en mente otro actor que no fuera Patricio, ya que su "densidad actoral" es muy difícil de igualar.



