
Fallido pase de la TV a la pantalla grande
1 minuto de lectura'
"Soy tu aventura" (Argentina/2003). Dirección: Néstor Montalbano. Con Luis Luque, Diego Capusotto, Luis Aguilé, Jorge Marrale, Verónica Llinás, Laura Fidalgo, María Fiorentino y Fabio Alberti. Guión: Néstor Montalbano y Guillermo Hough. Fotografía: Mariano Cúneo y Ada Frontini. Música: Emilio Valle. Edición: Miguel Schverdfinger. Dirección de arte: Federico Mayol. Producción de Barakacine presentada por Distribution Company. Duración: 110 minutos. Apta para todo público.
Nuestra opinión: regular
Néstor Montalbano alcanzó cierta notoriedad por su tarea como director de tres ciclos televisivos que exaltaron al humor absurdo y disparatado como "De la cabeza", "Cha, cha, cha" y "Todo x dos pesos" y -si bien en el medio había concretado una discreta incursión en el cine "serio" con "Cómplices"- se lo veía como el realizador ideal para plasmar en la pantalla grande un largometraje con el estilo desprejuiciado y satírico de aquellas creaciones que consagraron a cómicos como Alfredo Casero, Diego Capusotto, Fabio Alberti o Mex Urtizberea.
Extensos 110 minutos
Sin embargo, los extensos 110 minutos de "Soy tu aventura" sólo funcionan de manera muy intermitente, con algunos chispazos de inspiración en algún diálogo, en alguna muestra de humor físico o en ciertas observaciones impiadosas en medio de una trama insulsa y, por momentos, rutinaria. Lo que en televisión puede pasar por una idea poco lograda -que en el vértigo de la sucesión de sketches puede dejar lugar segundos más tarde a otra idea más eficaz- aquí queda aprisionada en un sendero sin salida: es que el secuestro de un cantante como Luis Aguilé por parte de dos patéticos primos en la ruina (Luis Luque y Capusotto) en un pueblo perdido de la provincia de Buenos Aires mantiene el interés durante algún tiempo, pero luego ni siquiera el juego de guiños y complicidades que propone Montalbano y su equipo alcanza a sostenerlo.
La gacetilla de prensa habla de presuntos homenajes a "El show de Benny Hill" y al western-spaghetti que Sergio Leone llevó a su máxima expresión, aunque en lo concreto "Soy tu aventura" se acerca más al espíritu de esos musicales que se produjeron entre fines de los años 60 y principios de los 80 para lucimiento de estrellas de la canción devenidas actores como Sandro, Palito Ortega, Cacho Castaña o Leonardo Favio bajo la batuta de directores como Enrique Carreras o Emilio Vieyra. Aquí, la excusa es perfecta para que Aguilé cante (en playback) media docena de sus temas.
Montalbano no se luce (ni tampoco pretende hacerlo) con una puesta en escena y hasta con una apuesta visual que remiten precisamente a ese cine setentista con una profusa utilización del zoom, diálogos risibles en su ampulosidad y una mirada paternalista sobre las desventuras de la gente de pueblo.
Capusotto, único sobreviviente de aquella apuntada escuela televisiva (Alberti tiene aquí apenas un cameo como representante de Aguilé), es quien mejor sintoniza con la dinámica física y el ritmo verbal que este tipo de humor requiere. Jorge Marrale, en cambio, tiene que lidiar como puede con los estereotipos de ese pastor evangelista mezcla de chanta y oportunista que resulta una mala copia de las populares creaciones de Alberto Olmedo, y peor aún les fue a otros intérpretes como María Fiorentino, cuyo personaje de una fanática de Aguilé aparece y desaparece sin la más mínima justificación ni evolución.
Queda claro que a una película de las características de "Soy tu aventura" no puede pedírsele demasiado rigor ni coherencia, pero el hecho de apostar al humor delirante no significa minimizar o incluso despreciar la capacidad crítica del espectador. Tomarse en solfa las miserias existenciales puede ser un buen punto de partida para la comedia, pero no es un reaseguro de impunidad artística. Así, es muy probable que la búsqueda de "Soy tu aventura" tenga unos cuantos adeptos entre las huestes que encumbraron a "Cha, cha, cha" y "Todo x 2 pesos" a la categoría de programas de culto, pero será muy difícil que encuentre defensores con similar entusiasmo a la hora de rescatar sus méritos estrictamente cinematográficos.



