
Harrison Ford: "Sin espectadores no somos nada"
Cobró 20 millones de dólares por su trabajo en "K-19", que se estrenará aquí el jueves, y no descarta volver a ser Indiana Jones
1 minuto de lectura'
NUEVA YORK.- Harrison Ford odia las entrevistas y lo hace notar. Es el héroe favorito de Hollywood y en la pantalla da la imagen de un hombre abierto, accesible, confiable. Pero a la hora de promocionar sus películas y lidiar con la prensa Ford, que acaba de cumplir 60 años, se muestra desconfiado, frío e impenetrable... eso hasta que se toca el tema de su nuevo y sonado romance con la joven actriz Calista Flockhart, la protagonista de la serie "Ally McBeal". Sólo cuando se pronuncia su nombre Ford se abre y deja ver algo de sí.
Vestido con jeans gastados y una camisa azul, Ford hace su entrada en la habitación del hotel Essex House, donde se realizará la entrevista sin mayores saludos; quiere terminar cuanto antes. Empieza a contestar las preguntas antes de que se le terminen de hacer y sus inquietos ojos verdes miran el reloj todo el tiempo, a veces perdiéndose en la espectacular vista al Central Park que se aprecia desde la ventana, como si pensara en agarrar su Cessna y volar hasta su rancho en Wyoming, como suele hacer los fines de semana. Sus arrugas y abundantes canas no hacen juego con el aro brillante que lleva en la oreja izquierda; parece un viejo hippie y cuesta imaginarlo como el hombre que le dio vida a Indiana Jones y a Han Solo. Sin embargo, allí está su característica cicatriz en la quijada para recordarlo, esa que ha convertido su rostro en el arquetipo del héroe americano.
En su nueva película, el drama "K-19", dirigida por Kathryn Bigelow, Ford interpreta, sin embargo, a un héroe ruso, Alexei Vostrikov, un ficticio capitán de submarino basado en el comandante real Nikolai Zatayev, que en 1961, en el primer viaje del submarino nuclear K-19, sufrió un gravísimo desperfecto en uno de sus reactores que podría haber desatado la Tercera Guerra Mundial. En plena Guerra Fría la nave soviética se encontraba en una misión secreta y a tan sólo unos 100 kilómetros de una base militar de Estados Unidos en el Artico cuando el sistema de enfriamiento del reactor principal se averió. El capitán debió elegir entre reparar el reactor exponiendo a él y a sus hombres a la letal radiación o salvarse ellos y dejar que el reactor explote, lo que seguramente sería interpretado por los norteamericanos como un ataque. En esas circunstancias críticas, Vostrikov debe, además, enfrentar a su segundo, Mikhail Polenin (Liam Neeson), más popular entre una tripulación que se debate entre cumplir las órdenes casi suicidas de su superior o amotinarse y salvar su vida.
–En casi todas sus películas le tocan papeles heroicos, ¿cuál es para usted la característica principal de un héroe?
–Doctores, abogados, policías, bomberos, antropólogos, políticos, la gente común puede convertirse en héroe si en determinadas circunstancias actúa con humanismo a favor de otro sin tenerse en cuenta a sí mismo. Uno no nace héroe, las situaciones lo vuelven a uno un héroe. Sólo se requiere de un instante, dar una mano en el momento correcto, y esa pequeña acción puede cambiarle la vida a otra persona, y a uno mismo.
–¿Qué fue lo que lo atrajo a hacer el papel del capitán Vostrikov, que a diferencia de otros personajes suyos no cuenta con la simpatía del público?
–Me atrajo su sentido del deber, de responsabilidad. Me llamó la atención el coraje de su convicción, que va atado al nacionalismo, al orgullo y el honor de servir a Rusia hasta el final. Vostrikov se convierte en un personaje diferente en el transcurso de la película. Al principio es autoritario, arrogante, poco comprensivo, pero luego sufre unos cambios, para mí, admirables. Lamentablemente, muchas veces esta gente, marinos y soldados, con un gran sentido del deber y del sacrificio terminan siendo meros instrumentos de los políticos cobardes. Estoy seguro de que si los políticos fueran los encargados de tener que apretar el gatillo habría muchas menos guerras. Es muy fácil que otro mate por uno, pero muy difícil convencerse uno de hacerlo.
–¿Qué responde frente a las críticas que dicen que su acento ruso es muy poco convincente?
–Mire, creo que es un elemento útil para que la audiencia recuerde que se trata de hechos que sucedieron en Rusia. Igual, no se trata de una historia puramente rusa; lo importante es que éste es un medio para contar una historia de humanidad. Yo me reuní con los sobrevivientes y estudié el acento ruso, pero nunca quise hacer un documental sobre el K-19; si ésa hubiese sido mi intención habría ido a Discovery Channel. Quería hacer una película de suspenso, de entretenimiento.
“Entretenimiento”, ésa es la palabra clave para este ex carpintero, padre de cuatro hijos –dos adultos, dos adolescentes, de dos largos matrimonios– y con un nieto de nueve años. “Las películas tienen que ser entretenidas para que funcionen con el público. Y éste es un negocio que necesita de la complicidad del espectador, si no, no somos nada”, afirma Ford, que habría recibido más de 20 millones de dólares por su participación en “K-19”; una cifra muy alta, pero acorde con el retorno en la taquilla que él genera. Desde que se volvió una cara conocida con “La guerra de las galaxias”, en 1977, sus películas en conjunto han recaudado más de 3000 millones de dólares, sólo en Estados Unidos.
–¿Qué piensa de los nuevos episodios de “La guerra de las galaxias”?
–Creo que se trata de películas diferentes para generaciones totalmente diferentes. No he visto “El ataque de los clones”, pero sí “La amenaza fantasma”, y me gustó.
–¿Cuál ha sido para usted el mejor beneficio de ser un actor tan famoso?
–La ventaja de poder elegir entre muchos papeles que se te ofrecen. Para la mayoría de los actores, elegir una película no es como elegir en un menú abierto. La mayoría de las veces se trata de un menú fijo, como de avión: pollo o carne, eso es todo.
Entre los varios papeles que le ofrecen, uno es recurrente: el de volver a interpretar al aventurero Indiana Jones. Steven Spielberg y George Lucas ya están discutiendo la cuarta entrega de la saga, y se dice que Ford exigió que su nueva novia, Calista Flockhart, de 38 años, forme parte de la eventual película. Se han vuelto inseparables desde que el año pasado se conocieron durante la entrega de los Globos de Oro. En ese momento él se acababa de separar de la guionista Mary Marquardt (“E.T. El extraterrestre”), con quien estuvo casado 18 años.
“Todavía no hay un guión terminado. Estamos teniendo reuniones para discutir la historia –cuenta Ford sobre el proyecto–. Si me gusta el guión, me encantaría volver a hacer de Indiana Jones nuevamente; nunca lo rechacé.”
–El estar enamorado, ¿cree que lo ayudaría a retomar un personaje tan activo, lleno de energía?
–Creo que sí, estoy reviviendo mis yos internos de una manera explosiva. Me he acordado de lo que era ser un joven intenso, pleno.
–¿Le molesta que se hable tanto de la diferencia de edad entre usted y Flockhart?
–Me molesta el morbo que genera la relación de amor entre dos personas ciertamente públicas. Y si piensan que estoy viejo para ella, me importa un bledo.




