
Helena Bonham Carter, un toque de distinción
Al principio parecía que Helena Bonham Carter quedaría encorsetada para siempre en los trajes de época. Culpa de la natural distinción con que sabía llevar ropas de otros tiempos y en parte también de la seguidilla de papeles que le tocaron en suerte cuando, decidida a hacer carrera como actriz, utilizó el dinero que había ganado en un concurso nacional de poesía (obtuvo el segundo premio) para incorporar su foto en una agencia de casting. Alguien advirtió que esa carita menuda en forma de corazón, el pelo oscuro, los ojos vivaces y la belleza delicada bien podía corresponder al de una heroína eduardiana y la contrató para un telefilm, A Pattern Of Roses . Tenía 16 años, y aunque descendía de una familia aristocrática en la que abundaban figuras prominentes (incluidos artistas como el cineasta Anthony Asquith, su tío abuelo, y varios políticos, como su bisabuelo, el primer ministro Herbert Asquith), no había vivido una infancia fácil; a los cinco años, su madre había caído en una prolongada depresión nerviosa; a los 13, su padre, reputado banquero, quedó confinado a una silla de ruedas como consecuencia de una operación. A la vocación, pues, se había sumado la necesidad. Pero tuvo suerte. Su desempeño en el telefilm fue suficiente para llamar la atención de otros artistas de prestigio. Por ejemplo, Trevor Nunn, director de la Royal Shakespeare Company, que en uno de sus escasos films la elevó al efímero trono de Lady Jane, dándole el papel de Jane Grey, la mujer que reinó en Inglaterra por nueve días en 1553. (Más tarde, también la dirigiría en Noche de reyes. ) Casi al mismo tiempo, James Ivory la consideró ideal para el personaje de la inglesita eduardiana que vive experiencias reveladoras durante sus vacaciones en Italia y la hizo famosa a los 19 años. Un amor en Florencia (1985) estableció su imagen en el cine. Una imagen que ella se encargaría de modificar y enriquecer.
Si lo que se propuso fue probar que podía otorgar a sus personajes mucho más que esa rara mezcla de fogosidad, temperamento y clase que mostraba en los films de Ivory (en La mansión Howard , por ejemplo), lo consiguió pronto. Con Woody Allen ( Poderosa Afrodita ), con la sutilmente manipuladora Kate de Las alas de la paloma (Iain Softley), que le dio su primera candidatura al Oscar; con la Ofelia shakespeariana del Hamlet de Zeffirelli; con la joven víctima de una extraña enfermedad neuronal que quiere conocer el amor antes de morir en Vuelo en busca del amor , a las órdenes de Kenneth Branagh, que fue su pareja durante un tiempo y también la dirigió en su Frankenstein .
La etapa más reciente, además de esta Reina Madre sensible, persuasiva y graciosa que seduce a los espectadores de El discurso del rey y bien podría darle un merecido Oscar, está ligada a Tim Burton. Con él comparte trabajo y familia desde que lo conoció en el rodaje de El planeta de los simios (2001). De la bruja de El gran pez a la Reina de Corazones de Alicia en el país de las maravillas , ha participado (a veces prestando apenas su voz) de todos los proyectos de su marido.
Pero no hay que olvidarse que también ha ganado popularidad entre el público más joven gracias a Harry Potter . O mejor: gracias a la malévola Bellatrix Black Lestrange. Ventajas que tienen las villanas.







