
La lupa sobre el Paraguay
1 minuto de lectura'
Hamaca paraguaya (Paraguay-Argentina-Francia-Austria-Holanda-Alemania-España/2006). Guión y dirección: Paz Encina. Con Ramón del Río y Georgina Genes. Fotografía: Willy Behnisch. Edición: Miguel Schverdfinger. Dirección de arte: Carlo Spatuzza. Sonido: Guido Beremblum y Víctor Tendler. Producción de Lita Stantic Producciones (Argentina), New Crowned Hope (Austria), Slot Machine (Francia), Fortuna Films (Holanda), Wanda Films (España), CMW (Alemania) y Silencio Cine (Paraguay) hablada en guaraní con subtítulos en castellano y presentada por Alfa Films en los cines Hoyts de Abasto, Cinemark Palermo y Malba. Duración: 78 minutos. Apto para todo público.
Nuestra opinión: muy buena
Hamaca paraguaya , ópera prima de la joven directora Paz Encina, es una de esas películas a contramano del cine espectacular, impactante y al mismo tiempo efímero y efectista que suele inundar la cartelera.
Minimalista y contemplativa, melancólica y cansina, bella y desgarradora a la vez, esta primera película de la realizadora paraguaya se sustenta en el poder sugestivo de la imagen y del sonido y en la capacidad para crear climas, para transmitir estados de ánimo. Estamos aquí en las antípodas del cine narrativo, convencional y complaciente.
Un complejo entramado de productoras latinoamericanas y europeas, sumado al apoyo de varias fundaciones extranjeras, se debió tejer para financiar una película que, más allá de sus innegables valores y de su jerarquía artística, resultará ardua y hasta desconcertante para la inmensa mayoría de un público no iniciado en una estética visual basada en la ensoñación, un ritmo lento, planos fijos y diálogos en off que son íntegramente dichos en guaraní. Un cine que remite por momentos a la filmografía del iraní Abbas Kiarostami y a los trabajos de directores argentinos como Lucrecia Martel y Lisandro Alonso.
Encina, de 35 años, egresada de la Universidad del Cine porteña, rodó en su país el primer largometraje en 35 milímetros desde que en 1978 se hiciera Cerro Corá , una épica sobre el mariscal Francisco Solano López auspiciada por el régimen de Alfredo Stroessner. Pero los méritos, en este caso, no son sólo estadísticos ni se circunscriben a un mero hito en la escuálida producción guaraní.
Ambientada en junio de 1935 durante las últimas horas de la Guerra del Chaco, entre Paraguay y Bolivia, la película narra la tortuosa espera a lo largo de todo un día por parte de Ramón (Ramón del Río) y de Cándida (Georgina Genes), un matrimonio de campesinos sexagenarios que vive en un pequeño pueblo perdido, para ver si su único hijo vuelve o no del frente de batalla, y sus distintas impresiones y sensaciones respecto de ese eventual regreso.
Ganadora del premio Fipresci de la crítica internacional en la sección oficial Un Certain Regard del último Festival de Cannes, Hamaca paraguaya es una película sobre la ausencia, sobre el dolor, sobre la imposibilidad de aceptar la muerte de un ser querido.
El aporte argentino a la película no sólo tiene que ver con el armado de la intrincada producción por parte de Lita Stantic o la formación de Encina en la FUC, ya que dos rubros esenciales en una propuesta de estas características fueron cubiertos por talentosos profesionales de nuestro país. La forma en que la cámara de Willi Behnisch y el sonido de Guido Beremblum y Víctor Tendler (habituales colaboradores de Martel) captan (y construyen) la inminencia de una tormenta, la sensación de un tiempo casi suspendido, la belleza nunca exagerada ni edulcorada de esos recónditos parajes de Villarrica, así como la tensión, el agobio, la soledad, la incertidumbre, el desmoronamiento emocional, los silencios incómodos entre los dos protagonistas resultan decisivos en el éxito del film. Imagen y sonido: dos aliados incondicionales para este debut de una directora que se suma a la lista de promisorios talentos latinoamericanos.



