La muerte de Stalin: como 1984 pero protagonizada por Los Tres Chiflados

Adrian McLoughlin como Josef Stalin, en el film de Armando Iannucci
Adrian McLoughlin como Josef Stalin, en el film de Armando Iannucci Crédito: Amazon Prime Video
Hernán Ferreirós
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12 de abril de 2019  • 11:54

La muerte de Stalin (Francia-Reino Unido-Estados Unidos/2017). Dirigida por Armando Iannucci. Guion: Armando Iannucci, David Schneider, Ian Martin, basado en el cómic La mort de Staline de Fabien Nury y Thierry Robin. Elenco: Steve Buscemi, Simon Russell Beale, Jeffrey Tambor, Michael Palin y Paddy Considine. Duración: 107 minutos. Disponible en: Amazon Prime Video. Nuestra opinión: muy buena.

El mito dice que, en cada discurso, Josef Stalin recibía aplausos interminables de su audiencia, pero no como un reconocimiento a su capacidad de oratoria, sino porque nadie quería ser el primero en dejar de aplaudir. Una mezcla similar de tragedia, patetismo, horror y comedia subyace en cada situación de este nuevo film de Armando Iannucci (creador de las extraordinarias series The Thick of It y Veep) que transcurre durante los días finales del terror estalinista.

Algunos historiadores calculan que, entre la hambruna provocada por la colectivización de la agricultura de comienzos de los años 30 y los asesinatos de los llamados "enemigos del pueblo", ya sea en ejecuciones judiciales o tras años de padecimiento en un gulag, Stalin fue responsable directo de la muerte de más de veinte millones de personas en sus tres décadas en el poder. Esta comedia muy negra no hace gags específicos sobre un tema tan difícil, sino que enfatiza el absurdo de un régimen sostenido por el miedo y la obediencia ciega a un tirano paranoico: puede ser vista como una adaptación de 1984 pero protagonizada por Los Tres Chiflados inmersos en una lucha desatada por el poder.

Los chiflados en este caso son Georgy Malenkov (Jeffrey Tambor), el segundo de Stalin; Nikita Kruschev (Steve Buscemi), el reformista que finalmente triunfaría, y Lavrenti Beria (Simon Russell Beale), el temible jefe de la policía secreta soviética y brazo ejecutor (literalmente) del líder, cuya propensión a violar a menores de edad, además de históricamente documentada, es mostrada en el film. Lo dicho: no son los temas más sencillos para hacer humor y el resultado es más inquietante que catártico. El reparto de conspiradores también incluye al comandante del Ejército Rojo Georgy Zhukov (Jason Isaacs) y a Viacheslav Molotov (Michael Palin, quien además aporta un eco de Brazil, la otra gran parodia del estalinismo).

Iannucci eligió que su película, ambientada en Moscú, no solo esté íntegramente hablada en inglés, sino también prefirió conservar los distintos acentos de sus actores. Así, el Kruschev de Buscemi habla como un neoyorquino y el Stalin de Adrian McLoughlin, en cockney británico. Esto acorta la distancia de los personajes con el grueso de los espectadores del film y sugiere que los acontecimientos que se muestran allí no son resultado específico de un lugar o momento enloquecido de la historia. Si bien la película no se refiere oblicuamente a Trump (se empezó a rodar en 2016, cuando era el más improbable de los candidatos a la presidencia de su país) La muerte de Stalin ganó una capa adicional de sentido, aunque no solo se aplica a los Estados Unidos, dado que la locura del populismo autoritario acecha por todas partes.

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