
Las lecciones del horror
Llega "La profesora de piano", del admirado y controvertido director alemán Michael Haneke
1 minuto de lectura'
La más deseada ambición del realizador alemán Michael Haneke en su juventud era ser músico. Como no pudo serlo (por motivos que él prefiere no revelar), tras hacer crítica de cine, dirigir teatro y adaptar obras literarias para la TV alemana y austríaca, Haneke se decidió a ejecutar sus historias en el cine.
Lo primero que quiso filmar fue la insufrible vida de una rigurosa profesora de piano, de cuarenta años, soltera. Una descripción cruel de la relación con su madre, con quien vivía en la misma casa, la despersonalización en nombre de la música de esta mujer frustrada que, fuera de los ámbitos académicos, mutilaba su sexualidad y visitaba pornoshows, hasta que un alumno intentó seducirla.
Pero esa historia tampoco pudo concretarse de inmediato: en los años ochenta la propia autora de "La pianista", la prestigiosa escritora austríaca Elfriede Jelinek, se negó a cederle los derechos por lo que significaría llevar al cine su propio pasado.
Así, Haneke inició su camino fílmico de seis películas con una "Trilogía sobre la glaciación emocional" integrada por "El séptimo continente" (la calculada autodestrucción de una familia de la clase alta vienesa), "Benny´s video" (un adolescente solitario y consentido por sus padres que ve la vida a través de una cámara y filma el asesinato de una amiga para ver qué pasa) y "71 fragmentos de una cronología del azar" (un hombre que aniquila a un grupo de personas en un banco en el día de una Nochebuena). Estas películas, junto a "Funny games" (editada en video como "Horas de terror", una ácida crítica que parodia al cine norteamericano de suspenso) y "Código desconocido" (protagonizada por Juliette Binoche, donde distintos cuentos sobre la verdad del cine y la TV y el desarraigo de los inmigrantes ocupan un lugar predominante ) conforman así las partículas elementales del señor Haneke. Todo un enigma para el público argentino que sólo pudo develarse en una importante retrospectiva en el Festival de Cine Independiente de Buenos Aires.
Con este currículum, el discurso de Michael Haneke se ganó el rechazo de mucha gente, y por muy diversos motivos. A algunos les resultó incomprensible lo anticonvencional de las estructuras narrativas de sus primeras películas, su modo de fragmentar las historias, lo que deja fuera de cuadro, el tiempo que él se toma y el que le ofrece al espectador, sus silencios, sus fondos oscuros. Otros se han ahogado con el vacío existencial primermundista al que él da forma en cada película siempre que puede. También generó rechazo su impiedad para atacar la violencia y la manipulación de los medios y del cine de acción. Y también se discutió su discurso frente a sus artilugios, ya que a su vez ha utilizado las mismas armas mortales del adversario: para el morbo del consumidor y la incomodidad del espectador ha llegado a rebobinar una película hasta el hartazgo con las imágenes de la aniquilación de un cerdo, por ejemplo. O ha dejado rodando -como al descuido- una cámara de video con las voces cómplices de los padres de Benny en donde cuentan cómo se desligarán del cuerpo de la víctima de su hijo. Pero también por todo esto Haneke despierta admiración. Un realizador que no persigue fórmulas conocidas, que explora, y sin mensajes deja lugar a posibles reflexiones.
Finalmente, la historia de la atribulada pianista austríaca llegó al cine, protagonizada por la majestuosa Isabelle Huppert, el joven Beno”t Magimel y Annie Girardot. Tras presentarse recientemente en el Festival de Cannes, esta "parodia de una novela clásica" más convencional en su narración que las anteriores ganó el Gran Premio del Jurado y dejó así fuera del palmarés a directores como Jacques Rivette, Jean-Luc Godard, Shohei Imamura y Manoel de Oliveira. Y los protagonistas de su película, Huppert y Magimel, también resultaron premiados. Con el nombre "La profesora de piano", será el primer estreno comercial de Michael Haneke en la Argentina.
En su casa de Viena, en un alto de la escritura de lo que será su próximo film, Haneke habló con LA NACION. Aunque se lo proponga durante la charla, su amabilidad no logra derretir su tono gélido. "Para mí es chocante vivir en este país rico -comenta-. Y la glaciación es el problema cardinal de estos países, la frialdad emocional, las relaciones sociales. Nosotros, obviamente, no tenemos los problemas de los países tercermundistas. Por eso me ha interesado tanto este tema. Pero, en realidad, yo pienso que la pregunta que está en todas mis películas es qué es la realidad en el cine, o qué entendemos por realidad", dice este gran representador cinematográfico del mundo de las apariencias.
-Usted ha sido muy atacado en su país...
-Es que al público vienés no le gustan mucho mis películas. Hay mucha gente que se siente afectada, porque en Austria no se está muy habituado a poner cosas desagradables sobre la pantalla. Pero es natural que los intelectuales o los artistas que se sienten obligados a hablar de la verdad no sean muy queridos, porque hablan de los defectos de su sociedad, aunque en muchos casos también se trate de situaciones universales.
-También se lo considera una especie de activista político en contra de la violencia mediática y del cine norteamericano. ¿La única manera de atacar la violencia es mostrándola?
-En general, la violencia para el cine es un placer. No sé si hay otra manera. Yo quise siempre oponerme a esa manera porque me parece peligroso. Un chico que crece con este tipo de cine y de televisión puede tener la impresión de que ser violento no lastima a nadie, de que es un juego. Por eso traté de encontrar otros modos estéticos para mostrar la violencia en estas películas o la violencia falsa, consumible.
-¿Cree que los medios subestiman la violencia?
-El cine y los medios satisfacen normalmente el deseo sobre la ilusión. Y las cosas que son peligrosas y dan miedo son tratadas normalmente de una manera consumible para asegurarle al espectador que no son tan terribles. Y ese deseo existirá hasta el último día de la humanidad.
-¿Está de acuerdo con la edición pasteurizada de la CNN de las imágenes de los atentados?
-En ese sentido, me parece justo. Detesto la manera televisiva de mostrar las peores cosas, el sufrimiento de alguien con el pretexto de que se debe mostrar la realidad. Si se tiene necesidad de una foto para comprender de qué se trata un episodio, si no se comprende por sí mismo qué es lo que pasó, es inútil mirar fotos chocantes.
-Y usted, ¿no siente un gusto por maltratar al espectador? Por ejemplo, al volver incesantemente sobre determinadas imágenes o al dejar otras fuera de cuadro...
-Sé que en mis películas hay bofetadas al espectador que ama ver las películas violentas. Pero durante las funciones de las películas de la "Trilogía de la glaciación" no todo el mundo se queda hasta el final (ríe). En realidad, yo creo que los espectadores de las películas mainstream son violados porque no pueden pensar y reaccionan sin tener conciencia de qué se trata. Pero yo trabajo siempre contra esa manipulación. La violencia que me parece obscena la dejo fuera de cuadro. En un momento, en "Funny games" la escena de la mujer que dispara al asesino de su familia me sirvió para demostrar cómo se nos manipula. En ese momento, en la premiére en Cannes la gente aplaudió. Pero un segundo más tarde hubo un silencio absoluto porque se dieron cuenta de que habían caído en la trampa de la ficción, que se dejaron manipular y habían aplaudido a un asesino.
-¿No se considera un gran manipulador?
-Sí. Es que naturalmente el cine es una manipulación porque no es la realidad, sino una interpretación. Pero el tema es qué se hace con esa manipulación. En general, en el cine norteamericano la manipulación no está descubierta, no se le muestra al espectador. Yo sí lo hago. Yo manipulo al espectador, pero me siento obligado a hacerlo consciente de que él es mi víctima, en lugar de lo que hace el cine mainstream , que directamente lo hace víctima y lo manipula en sus sentimientos. Los films del nazismo han hecho una manipulación política extraordinaria de los medios. Si se toma el cine como una obra de arte se tiene una responsabilidad con el espectador. No se lo puede manipular para sacarle plata del bolsillo.
-Angustia un fragmento de "Código desconocido" cuando al personaje de Juliette Binoche se le pide en un casting que muestre su verdadera cara, no un truco, porque va a morir....
-Esa escena es ambigua porque en ese momento del film no se sabe dónde está: ¿es un casting o ese tipo que le habla está loco y la va a matar? Claro que es chocante. Lo mismo sucede con la escena de la piscina, cuando la pareja se distrae y el hijo está a punto de caerse del edificio: se trata de una escena real, pero es un film en el film. La mentira, y todo el mundo está de acuerdo, quiere significar la realidad, pero no es la realidad. Pero se puede hacer creer al espectador que es una realidad.
-"La pianista" es la más convencional de sus películas...
-Porque es una novela que tiene una estructura tradicional. Es mi primera adaptación y la pensé como una parodia de una novela clásica porque se da aires de ser una novela psicológica, pero hace una cosa totalmente diferente: no da explicaciones como lo hacían las novelas del siglo XIX. Es una parodia de un melodrama porque generalmente al final todo se restituye y está en orden. Pero al final de este film, nada está en orden. El elemento paródico es el rechazo a las explicaciones y a los consuelos.
-¿Los actores le tienen miedo? ¿Es cierto que Isabelle Huppert no se animó a hacer "Funny games"?
-Sí, porque tenía miedo. No me conocía. Pero cuando vio la película lo lamentó. Ahora me tiene más confianza. Seguramente, yo soy muy exigente, pero nunca he tenido problemas con ellos. Porque un buen actor quiere que se le pidan cosas difíciles y si es un verdadero actor quiere mostrar que puede.
-Después de las imágenes que se suelen ver en el cine y la TV, ¿por qué cree que "La profesora de piano" generó tanto escándalo?
- Por el deseo feminista de la novela. En la sociedad masculina, la mujer es alguien que es mirada. Y Erika con su voyeurismo es la que mira. Es un rol que no es normal en nuestra sociedad, con el que no se está muy de acuerdo. Y por eso el escándalo. La película se estrenará en noviembre en mi país porque tenemos que hacer una versión doblada. Pero ya se vendió a 40 países y se vio en Francia, Suiza, Bélgica y en los Países Bajos. Yo pienso que si las mismas cosas que hace Erika en "La profesora de piano" hubieran sido hechas por un hombre habrían sido menos chocantes para la gente.



