
Las mil y una formas de ver películas hoy
La tecnología digital, que está cambiando por completo el concepto tradicional de "ir al cine" haciendo énfasis en la visión hogareña, anticipa muchos más cambios
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A pesar de tener poco más que un siglo de vida, el cine empieza a ser parte de una leyenda. Se dice que algo empieza a ser definido así cuando su pasado termina pareciendo parte de un universo fantástico antes que de uno verdadero. Es que la idea del cine tal como se lo conoció hasta alcanzar su punto culminante al promediar la década del 70, empieza a ser historia. Y quizá deba buscarse las razones de tal cambio en las formas de ver cine.
En los vagones del subterráneo porteño se venden DVD piratas "Uno a cuatro, tres por diez" -como vocea el vendedor- de muchas de las películas que están actualmente en cartel. Cualquiera puede ver esas películas en su casa, en una pantalla LCD o plasma, con un proyector y un home theater , como en un microcine. Sólo a un puñado de entusiastas del cine que rechaza lo pirata o, en todo caso está equipado con la última tecnología, le importa realmente la mejor calidad "cinematográfica" de la proyección. Al resto sólo le preocupa ver una determinada película en cualquier condición, esas mismas que los manteros venden por docenas en toda la ciudad.
Quizá por ello, en cualquier lugar donde haya una conexión de banda ancha, el mismo 1º de enero, día del estreno de Soy leyenda , se podía bajar una copia pirata en el mismo tiempo que se tarda en hacer la cola para sacar una entrada en cualquier complejo. Muchos piensan, entonces ¿para qué ir al cine o a esperar varios meses para verla en DVD? Así, en España, la cadena de videoclubes Blockbuster bajó la persiana y, en la Argentina, sus locales se reciclan para vender más golosinas, gasesosas y helados que antes. Pero no es la piratería la que modifica los hábitos, que sin embargo acelera los procesos de cambio que se vienen dando hace casi una década.
El futuro del entretenimiento
Entre lo ofertado en videoclubes y las colecciones en venta en quioscos, entre lo visto en los cada día más numerosos canales del cable y lo que puede bajarse desde Internet, entre el costo de una entrada de cine y la discutible calidad de mucho de lo que se estrena, la forma de ver películas muta día a día. También se transforma el concepto de qué es mejor o peor en relación directa con la exigencia del consumidor. Por años, la TV ha acostumbrado al espectador a un lenguaje elemental, cosa de capturar a más y más público igualando hacia abajo.
En 2007, la recaudación producto de la venta de videogames en los Estados Unidos superó a la del cine (8 mil millones de dólares). El promedio de edad del consumidor de juegos es de 33 años, y aumenta a medida que pasan los años. Dicen que los juegos en red permiten ser parte de un sistema y, en sus respectivos universos, tener poder ¿Cómo ven cine los adictos a los videogames?
Los integrantes de la conocida como generación X tienen una nueva forma de concebir el espectáculo, muy diferente a la que conocieron sus padres: no imaginan siquiera cómo era el mundo antes de que existieran las PC, la Web o el Messenger. Algo parecido ocurre con los amantes de los celulares y los reproductores de video portátiles. También ellos comienzan a ver imágenes en movimiento, películas completas incluso, que pueden guardar en sus bolsillos como hasta hace poco sólo se podía hacer con la música.
Los que tienen más de 40 y vivieron estos cambios tardíamente se resisten al paso que las generaciones siguientes están dispuestas a dar sin culpa alguna. Es cierto: todavía existen las salas cinematográficas y los éxitos de taquilla. Transformers , la película más pirateada de 2007 según el sitio BitTorrent, recaudó 700 millones de dólares en entradas en todo el mundo.
Pero el boom que se vivió hace casi dos décadas con el descubrimiento de las multipantallas retrocede a merced del video, el cable, el DVD y finalmente Internet. Estos nuevos canales de distribución del películas, más allá de la piratería, están devorando el concepto de comercialización que Hollywood mismo perfeccionó en todo el siglo XX. Tras la Segunda Guerra Mundial, el cine del resto del mundo se vio forzado por esa misma voracidad a ponerse bajo el ala de las políticas de protección y a limitar su comercialización a circuitos cada vez más pequeños. En nuestro país, por caso, existían en 1970 alrededor de 2000 salas de cine de un tamaño considerable: cuatro décadas después sólo quedan la mitad, y mucho más pequeñas. Algunas, incluso, amenazan con cerrar sus puertas este año.
A causa de estos cambios ya no hubo más programas dobles o triples en los cines, o los cantantes de éxito haciendo sus discos con formatos de películas. Ya no hubo superproducciones capaces de sostenerse un año en cartel en salas de dos mil plateas y volver a los cinco años en "copia nueva". Ahora, el golpe se da en los dos o tres primeros fines de semana y se achican las ventanas entre formas de comercialización.
El siglo XXI comienza con el cine dividido en dos grupos: por un lado, el espectáculo de feria que los hermanos Lumière vaticinaron allá por 1898, el único que puede ser considerado como un negocio; por el otro el cine "de arte" que intentó ser industria gracias a algunos creadores, pero que parece condenado a ser finalmente para unos pocos que pueden verlo en exiguos circuitos de exhibición. Puertas afuera, sólo sobrevivirá el del "gran espectáculo", mientras que ese otro, que artistas populares en su momento pensaron podía ser para todos, será, cada vez más de elite.
Al promediar el siglo XX, el detective Dick Tracy usaba su reloj como teléfono, cámara y televisor al mismo tiempo y parecía descabellado. Hoy, aquella historieta es observada con cariño y respeto, por haberse anticipado tanto a lo que finalmente se convertiría en algo común y corriente. ¿Cuál entre las actuales obras de ciencia ficción será la que mejor se aproxime a lo que se verá en el resto de este siglo XXI? ¿Quedará algo del cine que conocimos, aquel que ya estamos viendo y consumiendo de otra manera?
1000 salas de cine hay en la Argentina. En 1970 había 2000. Es posible que este año cierren algunas más.
3000 son los videoclubes en actividad. En 1990 existían cerca de 8000.
5 millones de reproductores de DVD se han vendido en nuestro país. La llegada de esta tecnología marcó una nueva etapa en la forma de vender y comprar cine.
80% es el porcentaje que ocupa la piratería en el negocio del DVD. En la Argentina, la edición ilegal de DVD mueve 200 millones de dólares al año, casi lo mismo que la legal.



