
"Los cineastas somos un poco masoquistas"
Apichatpong Weerasethakul habla del lugar del cine de autor y la importancia de los premios
1 minuto de lectura'
Con apenas 40 años, el tailandés Apichatpong Weerasethakul es uno de los artistas más importantes no sólo del cine sino también de las artes visuales (sus videoinstalaciones marcan tendencia en las galerías y museos más importantes de arte contemporáneo).
Con largometrajes como Blissfully Yours , Tropical Malady y Syndromes and a Century , se convirtió en uno de los directores más aclamados del circuito de festivales internacionales (el Bafici fue uno de ellos), pero su consagración llegó en mayo último, cuando el jurado presidido por Tim Burton le otorgó la Palma de Oro de Cannes por El hombre que podía recordar sus vidas pasadas , película que ayer fue lanzada en cinco salas porteñas (es el primer estreno comercial que su cine alcanza en nuestro país).
Pero esta dificultad para acceder a los mercados no se restringe a la Argentina, sino que -por diferentes motivos- también alcanza a su propio país. "Mis películas han sido prohibidas por la dictadura monárquica que hay en Tailandia. Además, al no trabajar dentro del sistema de estudios que impera allí para hacer acción y comedia y optar en cambio por un cine de autor muy radical, se me cierran también las puertas del negocio. Pero cuando gané la Palma de Oro los políticos y los medios lo festejaron como un Mundial, me recibieron como a un héroe y este último film sí se pudo ver en salas. Yo no la veo como una victoria personal sino como un aliciente para muchos realizadores más jóvenes que yo que están bastante desanimados y que, quizás, ahora pueden retomar el impulso al ver que algunas puertas se abren", dice en su inglés susurrante este director que dialogó con La Nacion en el Malba, durante su visita a Buenos Aires en noviembre último.
Formado en el ámbito de la arquitectura y el multimedia (incursionó también en puestas para shows musicales, en videoclips y hasta en la programación de festivales de cine), Weerasethakul (Joe es el apodo con el que se lo conoce entre los cinéfilos) admite que su vida cambió mucho desde que recibió la Palma de Oro en Cannes: "No paré de viajar por festivales y de dar charlas, he recibido todo tipo de encargos de museos, pero aunque me interese mucho el híbrido entre el cine, el video arte y las nuevas tecnologías, para mí el mayor placer sigue siendo la experiencia casi sagrada de ver una película en la sala oscura. No reniego de las plataformas online ni de las comunidades cinéfilas en Internet, pero para mí esa sensación es irreemplazable", explica este realizador, que ubica entre sus principales influencias a Hou Hsiao-hsien, Tsai Ming-liang y Abbas Kiarostami, y que manifiesta una profunda admiración por sus colegas "del otro punto del planeta" como los argentinos Lisandro Alonso y Lucrecia Martel.
El hombre que podía recordar sus vidas pasadas -una bella historia con elementos tomados del budismo sobre espíritus que regresan de la muerte para reconciliarse con sus seres queridos- no representa, para su director, la cumbre de su carrera: "La Palma de Oro me llegó joven y no puede ser un pico. Es un gran reconocimiento, pero quiero seguir experimentando. La carrera de alguien ligado al cine de autor, sobre todo en países periféricos, es inestable. Somos un poco masoquistas, pero también muy perseverantes. Hemos pasado por todos los problemas, políticos y financieros, así que lo que nos impulsa a seguir creando es un inmenso y genuino amor por el cine".




