Netflix: El lado siniestro de la luna es una rutinaria mezcla de policial y ciencia ficción

Boyd Holbrook y Michael C Hall en el policial de Netflix El lado siniestro de la luna
Boyd Holbrook y Michael C Hall en el policial de Netflix El lado siniestro de la luna Crédito: Netflix
Marcelo Stiletano
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4 de octubre de 2019  • 20:26

El lado siniestro de la luna (In the Shadow of the Moon, Estados Unidos/2019). Dirección: Jim Mickle. Guion: Gregory Weidman y Geoffrey Tock. Fotografía: Davbid Lanzenberg. Edición: Michael Berenbaum. Música: Jeff Grace. Elenco: Boyd Holbrook, Michael C. Hall, Cleopatra Coleman, Bokeem Woodbine, Rudi Dharmalingam, Sarah Dugdale, Quincy Kirkwood. Duración: 115 minutos. Disponible en: Netflix. Nuestra opinión: regular

Todo empieza en 1988, cuando un inquieto oficial de policía empieza a investigar una trama simultánea de misteriosas muertes con el mismo denominador común. Cuando los hechos parecen resolverse a un costo elevadísimo para el propio uniformado todo reaparece nueve años después con las mismas características y los mismos efectos. Este escenario dispara con pereza y escaso vuelo el cruce entre una investigación criminal conectada a teorías conspirativas y la aparición de varios elementos de ciencia ficción, entre ellos la idea fuerza de un posible viaje en el tiempo.

Así se van mezclando ostensibles alusiones a la trama original de Terminator con visibles convenciones en el terreno de la trama policial. Boyd Holbrook, que supo elegir en el pasado reciente con más fortuna sus apariciones (Logan, El depredador) repite rutinariamente las fórmulas más conocidas (y endebles) sobre el policía obsesionado de por vida con un caso que parece afectar más de la cuenta su propia vida y la de su familia. A su lado, Michael C. Hall parece añorar los buenos tiempos de Six Feet Under mientras se limita a aparecer con cara de preocupación después de que los hechos más trascendentes ocurrieran.

El lujoso envoltorio visual de esta aventura que tiene varias etapas en su evolución temporal es apenas una máscara para llamar la atención. Así y todo consigue sostener por algún momento el interés. Pero cuando todo depende nada más que del diseño de producción, el agotamiento llega rápido. Detrás de esos escenarios que parecen tan bien presentados no hay otra cosa que una chata sucesión de episodios en los que cada personaje simula estar descolocado, hasta que alguna oportuna vuelta de tuerca le ilumina la mente y le permite entender todo. En tales instancias (excesivas hasta para las interminables dos horas de este relato) ya casi no quedan argumentos para sostener la atención. Y mucho menos cuando de la nada aparece una supuesta motivación para cumplir con los planes más cruentos ligada al supremacismo blanco, junto con un exótico científico que de la nada pasa a ser el mentor de un poderoso conglomerado de investigaciones. La idea conspirativa llevada al máximo de la intrascendencia.

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