
Nicholson, Freeman y la demagogia sentimental
Personajes a medida que se vuelven predecibles
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Antes de partir (The Bucket List, EE.UU./2007, color; hablada en inglés). Dirección: Rob Reiner. Con Jack Nicholson, Morgan Freeman, Sean Hayes, Beverly Todd. Guión: Justin Zackham. Fotografía: John Schwartzman. Música: Marc Shaiman. Edición: Robert Leighton. Presentada por Warner. 96 minutos. Sólo apta para mayores de 13 años.
Nuestra opinión: regular
Para algunos, los incondicionales de Jack Nicholson, de Morgan Freeman o de los dos, puede ser suficiente con disfrutar una hora y media de sus presencias y con verlos moverse sin problemas en personajes hechos a su medida. No para quienes esperen de un film algo más que la aplicación de una fórmula remanida y sientan algún rechazo por la demagogia sentimental a la que Hollywood recurre asiduamente con la mirada puesta en la boletería.
Aquí hasta las "sorpresas" que reserva el guión son previsibles. Toda la anécdota -una suerte de Extraña pareja entre enfermos terminales- suena forzada y artificiosa. Está presuntamente destinada a complacer, es decir, a divertir y emocionar de la manera más superficial, pero le falta ingenio para provocar la risa y credibilidad a sus personajes (y a las situaciones que viven) para emocionar. Y si el libreto de Justin Zackham no ayuda mucho con frasecitas como "sé que cuando él murió sus ojos estaban cerrados y su corazón abierto", tampoco se luce Rob Reiner, que ha perdido el brío de los tiempos de Cuando Harry conoció a Sally y se reduce a cumplir burocráticamente con su tarea, tal vez porque confía en que Nicholson y Freeman le sacarán las papas del fuego.
Nada de eso. El histriónico Jack, que aquí es el malhumorado e iconoclasta dueño del hospital víctima de sus propias reglas (todas las habitaciones deben ser compartidas y por eso le toca Freeman de compañero), parece entretenerse haciendo una parodia de su imagen pública. Morgan pone su oficio y su bonhomía para interpretar al mecánico que no pudo estudiar como quería pero puede dar lecciones de vida. Los dos tienen cáncer, a los dos les queda apenas un año, pero -gentileza del libreto- se muestran tan saludables como para que cuando el millonario descubre que su compañero de cuarto ha esbozado una lista de "cosas que hacer antes de morir" y pone su avión, su dinero y su secretario (Sean Hayes, de Will & Grace ) para cumplir con el proyecto, los dos se lancen a la aventura con el entusiasmo (y la resistencia física) de un par de muchachos.
De viaje
La lista es, por supuesto, estilo Hollywood, vale decir que la mayoría de los objetivos son alcanzables si se cuenta con el capital necesario: quieren ver las maravillas de Egipto, tirarse en paracaídas, montar autos de competición y disputar una carrera, subir al Himalaya, conocer el Taj Mahal y la Muralla China, hacer un safari en Africa, cenar en Francia, etc. Y lo hacen, lo que no significa que el film haya contado con un fenomenal presupuesto de producción, sino con las artes más bien rudimentarias de alguna computadora: la escenas en que los dos observan el majestuoso espectáculo de las pirámides, por ejemplo, parecen filmadas delante de un gigantesco póster y traen alguna nostalgia de los viejos projectings . Mientras dura el recorrido, claro, descubren los "verdaderos valores de la vida". Y al fin subrayan el toque sentimental. Como para que a la receta no le falte ningún ingrediente. Cualquier parecido con la realidad es mera coincidencia.
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