
Nicolas Cage: papá no sabe nada
En "Los tramposos", que se estrenará el jueves, compone a un estafador cuya vida trastoca una inesperada hija de 14 años
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NUEVA YORK.- Los inquietos ojos celestes de Nicolas Cage no dejan de moverse ni un segundo; examinan todo. Mientras responde a las preguntas, Cage observa con atención los movimientos del entrevistador, lo que escribe en su block de notas y hasta cómo gira la cinta del grabador. Parece como que no quiere perderse detalle, como que busca registrar cada elemento en su memoria para luego recrear la situación lo más exactamente posible.
Es así, de hecho, que trabaja para construir sus personajes más memorables, como el alcohólico de "Adiós a Las Vegas" -por el que ganó un Oscar en 1995-, el guionista conflictuado de "El ladrón de orquídeas" -por el que este año estuvo nominado a otra estatuilla- o el estafador de "Los tramposos", que se estrenará el jueves en la Argentina. Dirigido por Ridley Scott, Cage interpreta ahora a Roy Waller, un experto en estafas, que junto a un socio más joven, Frank (Sam Rockwell), no tiene ningún tipo de escrúpulos en robar a la gente. Pero Waller es presa de otras trampas cotidianas de la vida: tiene un desorden obsesivo-compulsivo y sufre de agorafobia, lo que no le permite estar mucho tiempo en lugares abiertos. Su existencia, sin embargo, se vuelve realmente complicada cuando aparece Angela (la brillante Alison Lohman), su hija de 14 años a la que nunca había conocido.
"Fue justamente la relación entre el padre y la hija lo que me atrajo a esta película. Este es un hombre que no tiene ninguna experiencia en ser un padre y de repente se encuentra con una hija de 14 años a la que nunca había visto. A mí esa situación me parecía fantástica para unas buenas escenas cómicas frustrantes", contó Cage a LA NACION durante una entrevista en el hotel Drake, sobre Park Avenue.
Vestido íntegramente de negro, con campera y pantalones de cuero ajustados, remera y botas con tachas plateadas, el actor de 39 años no da la impresión tampoco de tener mucha experiencia de padre, aunque tiene un hijo adolescente, Weston, fruto de su relación con la modelo Kristina Fulton. Sobrino del director Francis Ford Coppola, Cage es más reconocido por sus romances con varias estrellas de Hollywood, entre ellas Sarah Jessica Parker, Uma Thurman, Kristen Zang y Patricia Arquette, con quien estuvo casado desde 1995 hasta el 2001. Luego volvió a dar el sí, esta vez con la cantante Lisa Marie Presley, hija de Elvis Presley, de la que se acaba de divorciar.
"Estamos en pleno proceso", murmura Cage, mientras juega con un amenazante anillo de ámbar con una calavera tallada.
-Para preparar tu personaje en "Los tramposos", ¿estuviste con estafadores o personas con desórdenes mentales como los que tiene Roy Waller?
-No estuve con estafadores, pero sí pasé mucho tiempo con un amigo que tiene desorden obsesivo-compulsivo, que está lleno de tics. Lo estuve observando mucho, le hacía preguntas y tomaba notas todo el tiempo, así podía coreografiar los movimientos de mi personaje y hacerlo lo más realista posible. Tuve que tener mucho cuidado porque no quería que la gente lo interpretara como que me estoy burlando de esta gente, quería en cambio que el público viera más allá de los tics y se interesara por esa persona.
-¿Alguna vez te estafaron, como estafás vos en la película?
-Sí, es un tema delicado porque estuvo involucrado un amigo al que yo quería mucho. Jamás pensé que me robaría, pero lo hizo.
-¿Y cuáles son las obsesiones en tu vida?
-Uy, me he obsesionado por amor y por trabajo, principalmente. Y todavía sigo obsesionado por el trabajo. Por amor he aprendido a no obsesionarme más, no es saludable ni para mí ni para mi pareja.
-Tengo entendido también que sos un fanático de los cómics y que tenías muchas ganas de participar en films sobre "Superman" y "El hombre araña".
-Sí, era muy fanático de los cómics, pero ya no los colecciono más; los vendí todos. De hecho, eso fue parte del engaño que te conté antes.
-¿Cuánto de tu actuación se debe al guión y a tu improvisación en películas clave de tu carrera como en "Adiós a Las Vegas" o "El ladrón de orquídeas"?
-Hmmm... en "Adiós a Las Vegas" la mayor parte fue improvisación, trabajamos mucho sobre la marcha. En "El ladrón de orquídeas", en cambio, no hubo nada de improvisación. Siempre trato de entender cuán valiosas son las palabras del guión para el escritor, y en el caso de Charlie Kaufman busqué ser muy respetuoso de sus diálogos. Otras veces, los directores alientan la improvisación, están interesados en qué trae el actor en el momento, en lo espontáneo. Depende de la relación entre el director y el guionista y qué me dejan hacer; pero cuando me piden improvisar, me dejo llevar. Creo que la imaginación es la herramienta más importante que un actor tiene, el creer que uno es esa persona.
-Sos uno de los pocos actores que puede hacer películas de acción, comedias y dramas y siempre resultar creíble. ¿Cuál es tu secreto?
-Uso mucho mi imaginación y me suelto en el papel, realmente me lo creo y trato de llegar a la verdad del personaje, a la realidad que está atravesando esta persona. Los personajes son todos como mis hijos, son yo a través de un filtro. Son seres que me interesan, a los que entiendo y que me importan. Si se trata de una película de acción, una comedia o de personajes dramáticos, conflictuados, todas me parecen expresiones sinceras de la actuación. A mí me gusta explorar todo tipo de géneros y no que me cataloguen como actor de películas de acción o actor dramático. No he hecho films de fantasía ni de ciencia ficción y también me encantaría hacerlos, eso sería un nuevo desafío, algo interesante.
- ¿No hacés films de acción, que están mejores pagos, para después poder dedicarte tranquilo a las películas menos comerciales, más introspectivas?
-No, los personajes en las películas de acción me divierten mucho, disfruto hacerlos. Y yo creo que los roles de acción están mejores pagos porque hay una gigantesca parafernalia que gira en torno de la producción y la venta, la promoción de la película. Te pagan más porque sos más responsable de que a una inversión grande le vaya bien, y eso me parece justo.




