
Pasajeros de una experiencia fallida
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"Hotel Hotel" (Argentina, 2002). Dirección: Ofelia Escasany. Con Rosario Bléfari, Juan Hernando, Celeste Harvey, Hugo Cosiansi, Josello Bella, Matías Quinn, María Alejandra Riva, Néstor Sánchez, Ana Sosa Cordero, Pablo Limarci, Lisandro Carret, Nelly Vaira. Guión: Ofelia Escasany y Juan Hernando. Fotografía: Mariano Cúneo. Presentada por Primer Plano Film Group. Hablada en español. Duración: 90 minutos. Para mayores de 13 años.
Clara es una niña de clase alta que participa de un acto de la academia en la que estudia piano. En un momento culminante de su concierto duda. Sin embargo, sigue adelante y es aplaudida. Muchos años después recibe una llamada de uno de sus viejos compañeros, que la invita a una fiesta que promete revivir sus experiencias comunes. El joven, que va en busca de su amiga para oficiar de chaperon, llega a la solitaria mansión algo excitado y de buenas a primeras intenta violarla, aunque no lo consigue. Algunos años más tarde, Clara, casada pero arrepentida de su elección, echa a su marido borracho y mal hablado porque quiere cambiar de vida. Es que ahora se unió al grupo comandado por Nikolai, un gurú de la autoestima que tiene una buena respuesta para resolver toda frustración, fobia o resistencia a ser feliz. Así, convierte su lujosa mansión ribereña en un hotel-spa en el que Nikolai organiza sus reuniones para gente que quiere ser feliz. Algo así como un "pare de sufrir" elitista, refinado y sin religión alguna de por medio.
Hasta aquí el argumento, o lo que se deduce que quiso transmitir la debutante Ofelia Escasany en esta película, producida con capitales propios y estrenada a dos años de su rodaje.
En realidad la autora es artista plástica. Sus experiencias audiovisuales se remiten a algunos trabajos documentales, pero nunca antes a una experiencia argumental. En "Hotel Hotel" parece intentar recrear, una tras otra, las reuniones de un grupo de reflexión (da la impresión de que la película está contada en primera persona) y de las personalidades de cada uno de sus integrantes. Sin embargo, no se entiende por qué recurrió a diálogos que parecen imposibles, absurdos y hasta ridículos. En esa misma línea, cada uno de los actores elegidos, comenzando por Rosario Bléfari, hace frente a textos farragosos, no por complicados, sino porque parecen una evolución, sin sentido (esto es importante subrayarlo) de los más increíbles escuchados en la historia de las telenovelas locales y en los programas humorísticos que acostumbran a satirizarlas.
Es difícil, si no imposible, tratar de encontrarle un sentido a todo este dislate, tanto como es sorprendente que ninguno de sus responsables haya descubierto, a tiempo, tantas puntadas sin hilo, ahora inexorablemente expuestas con un estreno.






