
"Pearl Harbor" en Japón
Opiniones críticas ante el estreno de la superproducción
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TOKIO (The New York Times).- El estreno local del film "Pearl Harbor", el jueves último, causó menos revuelo que su premiére mundial, pese a los intentos de provocarlo. Para el público especial que colmó el Tokio Dome -un estadio enorme con techo retráctil-, la productora, Walt Disney Company, montó una pantalla gigante, del tamaño de una cancha de basquetbol, y un sistema de sonido capaz de hacer temblar la tierra.
Disney dio la pauta de las aspiraciones comerciales del film en Japón exhibiendo, entre columnas de humo artificial, a su astro, Ben Affleck; su productor, Jerry Bruckheimer, y su director, Michael Bay, junto con una bandada de celebridades niponas. Pero no bien se apagaron las luces, la incógnita fue cómo reaccionarían esos 30 mil japoneses al ver a sus compatriotas representados, en su mayoría, como malvados sin rostro en el bando perdedor de una historia bélica.
"Desde el punto de vista norteamericano, fue maravilloso -opina la oficinista Keiko Ijima (24)-. En el debate en torno de nuestros libros de texto, oímos decir que han suprimido algunas partes de nuestra historia. Espero que esto despierte en los jóvenes cierto interés por el tema. Pienso que nuestros pilotos tenían familia y una vida privada, ausentes en el film." (Ijima se refiere a la reciente autorización de un manual de historia que resta importancia a las atrocidades cometidas por los japoneses durante la guerra.)
Buena Vista Internacional, la división de Disney que distribuye la película en Japón, no habría escatimado esfuerzos para suavizar "Pearl Harbor" y eludir las polémicas históricas, desde cortes hasta tácticas de venta, teniendo presente el lucrativo mercado nipón. Bajó el tono del monólogo final acerca de la victoria norteamericana. Más aún: en los banderines y folletos publicitarios distribuidos en la noche del estreno, se leía "Pearl Harbor, amor en Tokio".
Un anuncio en Yomiuri Shimbum, el diario japonés de mayor circulación, adoptó el mismo enfoque moderado. Decía: "El mundo entra en movimiento, atrapado en una marea de la historia. Con esperanza en el futuro y amor en sus corazones, los jóvenes héroes luchan contra la oposición de los tiempos".
Un tema todavía candente
No obstante, numerosos asistentes cuestionaron el modo en que pintaba a su país y pusieron en duda su imparcialidad y exactitud histórica. "Es normal que sea vista de manera distinta desde las perspectivas de un japonés y un norteamericano, pero me entristeció que se limitaran a presentar a los japoneses como malvados", confiesa el estudiante Chikako Inomata (19).
Choko Yashiro (74), un ama de casa que hacía cola junto a una amiga, expresó la misma inquietud: "Es un tema candente, pero he oído decir que el film no presenta una imagen muy buena de los japoneses. Aun así, tenía que verlo porque amo el cine". "Está bien que haya romance, pero también necesitamos tener héroes", tercia su amiga, Yoshiko Fujita (67).
Otro espectador, Masao Shiina (42), objeta la idea de hacer versiones a la medida de determinados públicos: "He oído hablar mucho en televisión de cómo cortaron algunas escenas del film porque venía a Japón. No es bueno mostrar versiones diferentes".
En los días previos al estreno, Buena Vista mantuvo la publicidad en un nivel insólitamente discreto, quizá por temor a que se difundiera este tipo de opiniones. Hasta informó a los periodistas extranjeros que en el estadio no habría espacio suficiente para ellos. Y, si bien aflojó en la víspera del estreno, a la noche siguiente su personal de relaciones públicas procuró impedir que los reporteros interrogaran a la gente.
Aun cuando abundaron las críticas, nos sorprendió la actitud de muchos espectadores que no parecieron sentir el peso de la historia. "La muerte de Danny me conmovió hasta las lágrimas", dice Junichi Iwasaki (13), refiriéndose a uno de los principales personajes masculinos. Iwasaki fue a ver el film con sus compañeros de clase. Al preguntarle si le había enseñado algo acerca de Pearl Harbor o de la guerra, prefirió centrarse en la historia de amor: "Aprendí más relaciones humanas que historia". Y acotó que en la escuela aún no les habían hablado de Pearl Harbor.
En numerosas escuelas de Japón se enseña poco sobre sus 15 años de guerra, desde la invasión de China, en 1931, hasta la derrota de 1945. Los maestros suelen iniciar el año hablando de los primeros emperadores nipones y terminarlo sin haber llegado al militarismo del siglo XX.
Akira Yamaoka (17) acompañó a su amiga vistiendo el uniforme escolar. Cuando le preguntamos qué sabía de Pearl Harbor, contestó: "Fue un ataque sorpresivo. Los norteamericanos estaban descifrando nuestros códigos. Es todo lo que sé".
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