
Ricardo Darín, en un film hecho a medida
El realizador lo escribió pensando en él
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Primero nació el personaje. Después, la historia. Pero Ricardo Darín estaba en los planes de Juan José Campanella mucho antes de ambos nacimientos. “Cuando terminamos de hacer “El mismo amor, la misma lluvia” (1999), la pregunta que nos hacíamos era ‘¿cuál es la película siguiente, cómo será?’ Juan tenía algunas ideas. Pero no sabíamos por dónde seguiría el camino”, recuerda el actor. Cuando se hizo la luz, apareció el guión con la historia de Rafael Belvedere, el protagonista que encarna Darín en “El hijo de la novia”.
Belvedere fue hecho a la medida de Ricardo Darín. Es un personaje escrito para él. “Es una costumbre que tienen Juan y Fernando (Castets, el coguionista). Porque nos llevamos bien, y a esta altura somos fetiches uno del otro”, comenta el actor.
Este dueño de un restaurante que en el comienzo del film sólo tiene ojos para revisar cuentas de proveedores, cheques y viejos capítulos de “El Zorro” –su héroe desde la infancia–, y que vive (in)comunicándose a través del teléfono celular, es un compendio de calamidades. Divorciado, padre de una niña que va creciendo sin que él parezca demasiado enterado, hijo de unos padres a los que dedica tiempo de vez en cuando, en pareja con una joven a la que quiere, pero con la que prefiere no comprometerse... A los 40, a Belvedere le queda apenas un sueño de los muchos que tenía a los 20 años: “Irme a la m...”, dice poco después de despertar en la cama de un sanatorio como consecuencia de un infarto. “Es un tipo parecido a muchos, tristemente común y “célebre” en esta época –apunta Darín sobre Rafael–. Porque es uno de esos tipos en los que esta etapa que nos toca, ha hecho estragos. Después le ocurre algo que lo hace pisar el freno y, por suerte, pega un timonazo para empezar a recuperar su propia vida. Me entusiasma la posibilidad de que una película como ésta, pueda aportar un datito como para que el espectador salga del cine, agarre el teléfono y llame a ese amigo con el que quizá no habla desde hace varios años”.
El actor de “La fuga” y “Nueve Reinas” define el largometraje de Campanella como “una reflexión sobre la aceleración con la que se vive”. “Otra punta que tira el film –agrega Darín– es que no hay que tenerle miedo a nada. Creo que la película ahí aporta mucho sobre la posibilidad de reflexionar y de no temerle a las cosas por mayor título que traigan.” ¿En este momento de la Argentina eso puede ser una utopía? “En una era de reality-shows, de banalidad, de estupidez generalizada, y de mirar a los seres humanos como si fuéramos ratones de laboratorio, hablar del corazón y los afectos es una transgresión –dice Darín, y de paso suelta la ironía: ‘Incluso tengo miedo de que nos metan presos por esto’–. Si se quiere, es algo subversivo. De todos modos, hay que ver cómo le pega a la gente esa postura del film. Personalmente, creo que es una comedia dramática creíble y querible, una historia con situaciones fácilmente reconocibles, porque todos estamos a mil y no vemos lo que realmente importa en nuestras vidas.”






