
Scarface vuelve a las salas
La película de Brian De Palma, ahora en versión digital, permite redescubrirla
1 minuto de lectura'

Hay películas que se ven en el cine y que nos recuerdan por qué nos gusta el cine. Las vemos y sabemos que quedarán en la memoria, juntas, la película y la experiencia cinematográfica. Para los que por cuestiones de edad sólo habíamos podido ver Scarface de Brian De Palma en VHS o sucedáneos mejorados de cine hogareño, el reestreno del próximo jueves es un acontecimiento. Y para los que la vieron en cine y no la ven hace mucho, también. Y para los que nunca la vieron, más aún.
Scarface comienza y ya estamos en clima. La música de Giorgio Moroder, Fidel Castro, cubanos en botes hacia Miami, la información de que Castro había aprovechado para enviar a Miami no sólo a gente que buscaba reunirse con sus familiares sino también a delincuentes comunes. O extraordinarios: porque Tony Montana es alguien extraordinario. Extraordinariamente intenso, extraordinariamente necio, extraordinariamente emprendedor. Un capitalista despojado de roce, de tacto, de diques emocionales, de superyó. Un animal con el deseo de la posesión: busca el dinero, busca a la chica rubia, busca guardar a su hermana (no resguardar sino guardar, obturar). Tony Montana define el capitalismo con fruición, y critica al comunismo de forma cabalmente capitalista: siempre lo hace para ganar algo.
Tony Montana es Al Pacino, en una de las actuaciones más desbordadas y a la vez más coherentes de su carrera. Coherencia interna: su personaje es expansivo, ígneo. Coherencia total: Scarface es Brian De Palma a pleno, es decir, a pleno exceso. Muertes, sangre, planos secuencia, grúas, lenguaje, drogas, intensidad operística, ambiciones: todo es más grande que la vida. O igual de grande que un invento sublime en su ascenso y terrorífico en su caída como el sueño americano.
Claro, el sueño americano de Scarface es un sueño podrido, terminal. Una legendaria y trágica montaña de cocaína.
Scarface de De Palma fue nominada a la siguiente cantidad de premios Oscar: cero. Y recibió unas cuantas críticas muy negativas. Por si esto fuera poco, De Palma fue nominado como "peor director" en esos premios llamados Razzie. La película ganadora del Oscar ese año fue La fuerza del cariño . Este dato es para los que creen que sólo en estos últimos años los Oscar han caído en el disparate.
Otro dato: el guión es de Oliver Stone, mucho antes de que en Comandante (2003) se fascinara hasta lo indecoroso entrevistando de forma acrítica a Fidel Castro. Y otro: en Scarface vemos uno de los primeros papeles importantes de Michelle Pfeiffer, que venía de protagonizar la inefable Grease 2.
Y otro: De Palma dedica su película a Howard Hawks y al guionista Ben Hecht. ¿En qué medida Scarface cosecha De Palma 1983 es una remake de la Scarface cosecha Howard Hawks 1932? Si no vieron la de Hawks/Hecht, es imperioso que la busquen. Por un lado porque también es magistral, y por otro para ver que la de De Palma está bien lejos de ser una remake. Más bien se trata de encarnaciones estéticamente (muy) distintas del sueño del poder (veloz) en cada época.
Hay mucho más para decir de Scarface , una película grande, prodigiosa, expansiva, perdurable. Pero no sigamos el camino del exceso de Tony Montana. Agreguemos que la película se reestrena en más de veinte cines con copias digitales de alta definición. Y algo más: a diferencia del reciente reestreno de El padrino , cuya versión digital mostraba algunas imperfecciones en cuanto a la nitidez de varias secuencias, la copia digital de Scarface es excelente y ayuda al impacto. Al impacto intelectual, emocional y físico propio de un De Palma desencadenado.Ver Scarface hoy es ver a De Palma en la cima de sus facultades artísticas, un genio barroco que bien podría hacer suya la frase de Tony Montana: "Siempre digo la verdad, incluso cuando miento".



