Se estrena "La Cruz del Sur"
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Las experiencias de Pablo Reyero en el periodismo gráfico y televisivo habrían de convertirse en el anticipo del testimonio documental que, ya como cineasta, le serviría para retratar postales poco felices de la vida en los márgenes. "La Cruz del Sur", que se estrena mañana, es su primer largometraje argumental, una mirada neorrealista sobre personajes y circunstancias que son parte de los tiempos que corren.
En 1992 Reyero presentó "Vivir", documental sobre portadores de HIV y sus familiares, trabajo por el que recibió una docena de premios en todo el mundo, y entre 1993 y 1994 se dedicó a buscar historias y personajes para el ciclo televisivo "El otro lado", conducido por Fabián Polosecki.
Su primer largo, "Dársena Sur", tocó el tema de la juventud, la marginación y la violencia, a partir de historias sobre personajes que viven en los alrededores del polo petroquímico del Dock Sud, considerado el lugar más contaminado de la Argentina. Se estrenó en la TV alemana y aquí primero en el Instituto Goethe y más tarde en cines. Esta vez la repercusión fue mayor y la respuesta del público más intensa. Fue el trabajo que interesó nuevamente a la producción para TV, y así entre 1997 y 1998 formó parte del equipo, detrás de cámara, de Magdalena Ruiz Guiñazú y Joaquín Morales Solá, en sus ciclos por Canal 9. En 1998, una beca del Fondo Nacional de las Artes le dio la posibilidad de escribir el guión de "La Cruz del Sur", película que presentó en la muestra paralela del Festival de Cannes, donde recibió el premio reservado a director joven.
Reyero vuelve a la orilla, ahora del mar, con la trágica aventura de un puñado de perdedores: Nora, su novio Javier y Wendy, hermano de éste y travesti, interpretados por Leticia Lestido, Luciano Suardi y Humberto Tortonese, marginales que intentan vender un cargamento de droga, robada a traficantes y policías, a bordo de una ambulancia. Así recorren la costa atlántica, que esconde terribles secretos del pasado. Los tres terminarán escondidos en una tapera, acorralados por fantasmas propios y ajenos, a la espera de un final que está escrito.
Reyero, que nació y vivió toda su infancia en Villa Gesell, ubicó la acción de su película en esos paisajes que llegan a la zona de Miramar, narrando la historia con un lenguaje crudo. El cineasta pone énfasis en la relación de los personajes con su entorno natural. Será por esa misma razón que prefirió una banda de sonido sin otra música que la del agua, el viento y los pájaros.
-¿Cuándo nació la idea de "La Cruz del Sur"?
-Cuando empecé a trabajar como meritorio en cine, en 1990. La vida me fue llevando por caminos diferentes, como estudiar comunicación o hacer documentales, incluso los del primer año de "Puntodoc", al mismo tiempo que iba creciendo de técnico a asistente en cine. En 1997, antes de terminar "Dársena Sur", ya tenía la idea, pero me llevó cinco años hacerla.
-¿Cuántas veces cambió?
-Hubo 18 borradores antes de llegar al guión definitivo, incluso a medida que armaba el casting y elegía los lugares donde iba a filmar seguía modificando cosas. Reconozco que es mucho tiempo, pero es la única forma que tenemos los que hacemos cine independiente en la Argentina de hacer lo que queremos. Además, en el medio tuve el final de la convertibilidad y el corralito. De golpe, el sesenta por ciento del presupuesto se triplicó.
-¿Cómo encuadrarías el film?
-Es inclasificable, y eso me gusta. Hay un cruce de géneros, varios niveles. Hay un policial negro, drama, road movie, pero también cierto nivel de película fantástica.
-¿Cómo son esos niveles?
-Es una tragedia acotada a pocos personajes, ubicados en una franja entre campo y mar, con mucha gente de esos mismo lugares. Buscábamos verdaderos habitantes de esa zona. Hice un trabajo documental previo en cómo jugar la cámara para que sea un personaje más, porque filmé un noventa por ciento cámara en mano. Creo que por eso navega a media agua entre el documental y la ficción.
-¿Y la naturaleza...?
-Me parecía fundamental reflejar cómo la naturaleza transforma los caracteres de los personajes: hay mucha tensión, pero en muy pocos momentos la violencia se hace explícita.
-¿Hay una tendencia en el último cine argentino a sacar a los personajes del paisaje urbano?
-Si ambienté la historia en esos lugares es porque yo pertenezco a esa zona. Fue meterme con mis propios fantasmas, mi pasado y mi entorno. Actúa gente que vive allí, que se crió y creció conmigo
-¿Te sentís influido por ese tipo de films que se agrupan con la definición de cine independiente?
-Siento cierto parentesco con películas como "Pizza, birra, faso" o "Bolivia", pero no creo estar condicionado por eso, pensando en hacer algo dentro de una estética determinada. Miro mucho cine, pero no me interesa hacer un cóctel con todo eso. Estoy en busca de un estilo propio.


