
Subiela y lo escondido en el fondo del corazón
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No mires para abajo (Argentina-Francia/2008). Dirección y guión: Eliseo Subiela. Con Antonella Costa, Leandro Stivelman, Hugo Arana, Mónica Galán, María Elina Ruas, Marzenka Nowak, Octavio Borro y otros. Fotografía: Sol Lopatín. Música: Pedro Aznar. Presentada por Primer Plano Film Group. Hablada en español. Duración: 85 minutos. Calificación: apta para mayores de 16 años.
Nuestra opinión: buena
Para Eloy, de 19 años, su existencia transita por una mediocre cotidianidad de la que desea escapar. Su monótono trabajo consiste en repartir ángeles, lápidas y figuras ornamentales en las sepulturas del negocio que heredó de su padre muerto. Al desaparecer éste de su vida, el muchacho ve acelerar el tiempo que lo llevará a la adultez en un mundo hostil y ajeno, y entonces conoce a Elvira, que mediante el aprendizaje de ciertas prácticas sexuales le permitirá acceder a zonas desconocidas de su espíritu y de la realidad.
Así, en ese nuevo micromundo que le ofrece Elvira, la conciencia de Eloy va tomando otros rumbos en medio de la fantasmal figura de su padre, que parece indicarle desde el más allá el nuevo camino de su vida. Todo para él es distinto y fascinante cuando la mujer lo transforma en un ser que se entrega al fuego del sexo sin ningún tipo de prejuicios, y su anterior monotonía quedará inserta en el pasado que él desea olvidar. La historia transita por elementos eróticos y recala en la necesidad de hallar la felicidad en compañía de alguien.
El director Eliseo Subiela, que siempre apostó a un lenguaje propio en el que se reciclan lo ridículo y lo obvio como instrumentos estéticos de sus narraciones, recorre en éste, su nuevo film, la necesidad de todo ser humano de cambiar su modo de dar una vuelta de tuerca a todo aquello que lo lleva a la desdicha y a la amargura. Eloy es la figura que necesita de comprensión y de calidez, y ello lo encuentra en esos momentos de amor fogoso en compañía de alguien que, como Elvira, le ofrece no sólo su cuerpo, sino también su alma. Posiblemente Subiela exageró en las escenas eróticas, pero logró, en cambio, una pintura sincera de sus protagonistas, que, cada uno a su modo, procuran cambiar su presente y mirar con optimismo su futuro.
Como siempre en todas sus producciones, el director eligió un equipo técnico de indudable calidad –la fotografía es de impecable textura y la música juega un papel importante en cada una de sus secuencias–, y así el relato logra imponerse con una fuerza arrolladora hasta un final inesperado. Los trabajos de Antonella Costa y Leandro Stivelman apoyan con sinceridad a esa pareja inmersa en sus íntimos conflictos, en tanto que el resto del elenco logra, en breves apariciones, dar credibilidad a sus respectivas partes. Quizás el film pueda escandalizar a cierto público, pero más allá de ello Subiela volvió a demostrar ser un hábil realizador para tratar temáticas que hablan de lo más escondido en el corazón de sus protagonistas.




