
Sugestivo relato de Pirandello
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"La nodriza" ("La balia", Italia, 1998). Dirección de Marco Bellocchio. Con Fabrizio Bentivoglio, Valeria Bruni Tedeschi, Maya Sansa. Sobre un relato de Luigi Pirandello. Guión: Daniela Ceselli y Marco Bellochio. Fotografía: Giuseppe Lanci. Vestuario: Sergio Ballo. Producida por Pier Giorgio Bellocchio. Presentada por Primer Plano. Duración: 100 minutos. Para mayores de 13 años.
Nuestra opinión: buena.
"La nodriza" es la fotografía de un mundo en el momento de estallar. El relato de Luigi Pirandello transcurre en la Roma de comienzos del siglo XX, sacudida por el descontento y la agitación. En ese fondo de ruptura, el notable dramaturgo y narrador italiano desarrolla por medio de sus criaturas sus temas principales: la diferencia entre lo que es y lo que parece ser, la locura, la falta de conexión entre la razón y los sentimientos más profundos y menos explicables del hombre.
Sutil, pasible de ser leída desde ángulos diversos, la literatura pirandelliana es la protagonista absoluta de este sugestivo film, pero su director, Marco Bellocchio, se enfrenta en él con un viejo problema: hasta dónde la ilustración respetuosa de un gran texto alcanza para configurar, a la vez, una gran película si ella no construye su propia altura por medio de su propio lenguaje cinematográfico.
En este terreno, Bellocchio sale sólo a medias airoso del desafío. La sensación de que ya ha visto antes la película y de que preferiría más bien estar frente al libro no abandona al espectador, aun cuando no deje de reconocer que las imágenes son bellas, que los actores están muy bien y que la escenografía y el vestuario revelan la intervención de artesanos sensibles.
La fuente de vida
Con refinamiento, pero sin tanta concentración ni tanta fuerza, Bellocchio nos muestra al profesor Ennio, un médico psiquiatra que tiene su vida bajo control. Que no es para nada así y lo demuestra, por ejemplo, el hecho de haberse casado con Vittoria, una mujer inestable que en los momentos de dificultad se quejará de que la trata no como esposa sino como paciente. Ella no puede alimentar a su bebe, y la llegada de la nodriza derrumbará el castillo de naipes que es la vida del matrimonio. Contra el consejo de quienes lo rodean y contra lo que recomendaría su propia razón, el doctor elige como nodriza entre muchas matronas robustas a la aparentemente más frágil -pero más atractiva- Annetta. Ella está en el polo opuesto al de la pareja burguesa: su esposo es un terrorista preso y ella es analfabeta, pero así y todo tiene en el pecho la vida que le falta a su ama para saciar el hambre de leche de su hijo y, tal vez, el hambre de amor de su marido.
Quedan algunos cabos sueltos: ¿quién es y por qué aparece ese misterioso paciente de Ennio encarnado por el notable, y desaprovechado, Michelle Placido? ¿Por qué no evoluciona en el film de ninguna manera el personaje de la subversiva muda que llega herida al hospital y a la que el profesor protege de la policía? Tal vez con ellos Bellocchio se proponga sólo introducir pinceladas reveladoras de la inestabilidad de una época, pero no añaden sino confusión. La misma que producen los fuertes contraluces que dejan muchas veces en sombras los rostros de los actores que están en primer plano, al punto de que por momentos cuesta identificarlos.
Hay, por cierto, tres muy buenos actores en los papeles protagónicos, especialmente en el caso de Valeria Bruni Tedeschi (Vittoria) y de Maya Sansa, la sugestiva nodriza, aunque también Fabrizio Bentivoglio aporta los matices apropiados a ese especialista en desórdenes mentales ajenos que se niega a confesarse sus propios deseos y que de pronto ve cómo todo en su torno comienza a crujir: su país, su ciencia y su vida.




